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Se sabe que los recién nacidos muestran un alto grado de receptividad y respuesta a las acciones de la madre. En esta etapa, el lazo que los une es muy fuerte y el cuidado que se le dé al bebé durante estas primeras etapas definirá en gran medida su desarrollo físico y psicológico en el futuro.

Ahora, una nueva investigación recién publicada en European Journal of Pain también ha relacionado directamente a las interacciones entre las madres y sus bebés con la capacidad cerebral de estos para percibir y procesar el dolor. Los investigadores tras este estudio son Laura Jones, Maria Pureza, Laudiano‐Dray, Kimberley Whitehead, Judith Meek, Maria Fitzgerald, Lorenzo Fabrizi y Rebecca Pillai Riddell –siendo estos últimos dos los coautores principales–.

La investigación se basó en el hecho de que los bebés recién nacidos “muestran fuertes respuestas conductuales, fisiológicas y corticales a los procedimientos que dañan los tejidos”. Es decir, presentan reacciones fuertes cuando su cuerpo percibe dolor. La duda de los investigadores era si la respuestas neurológica podía mitigarse si el bebé estaba en contacto con la madre al recibir el estímulo doloroso. Asimismo, analizaron las diferencias en la reacción dependiendo de si el contacto era piel con piel o a través de la ropa.

Ubicando las diferencias

En esta etapa temprana de sus vidas, los más pequeños deben someterse a un necesario pero doloroso examen de sangre. Por lo que, los investigadores vieron en este evento la oportunidad perfecta para realizar su estudio.

Para poder llevar la investigación a cabo, lo primero que hicieron los investigadores fue dividir a sus sujetos de estudio a través de un análisis topográfico global. En total, contaron con 27 bebés del mismo sexo, de 0 a 96 días de edad. Todos habían nacido prematuramente o a término (solo un poco antes de la fecha estipulada para el nacimiento). Estos se dividieron en 3 grupos equitativos, que se clasificaron según el nivel y tipo de contacto que recibirían.

En primer lugar, estuvo el grupo de infantes que recibiría contacto piel con piel de sus madres mientras se les hacía la prueba. De segundo lugar se presentó el grupo de bebés que estarían en contacto con sus madres, pero el toque estaría mediado por la tela de la ropa. Finalmente, el estuvo el grupo de recién nacidos que no tendrían contacto con sus madres, sino que estarían ubicados en incubadoras.

Cada grupo respondió de forma distinta al dolor

Una vez estuvieron determinados los casos de estudio, se procedió a hacer el análisis de sangre de los bebés y a monitorear sus cerebros en el proceso. Específicamente, se vigiló cómo se desarrollaba la actividad cortical relacionada con efectos nocivos en el organismo.

De entre los tres grupos, los niños que no tuvieron contacto piel con piel presentaron las reacciones más rápidas ante los estímulos dolorosos. Por ende, su actividad cerebral relacionada con ese proceso fue mayor. Igualmente, sus reacciones físicas, como contracción de la cara o los músculos también fueron más notorias.

Por su parte, los bebés que tuvieron contacto directo piel a piel con sus madres estuvieron mucho más tranquilos. La actividad cerebral de estos no fue tan acelerada al momento de recibir el estímulo y, en general, sus manifestaciones físicas de incomodidad fueron menores.

Finalmente, los bebés de incubadora mostraron un nivel de incomodidad menor al que aquellos que fueron cargados con ropa por sus padres. Los investigadores suponen que esto se debe a que, dentro de la incubadora, los bebés ya estaban conectados a distintos viales. Por lo que, realmente no fueron tan perturbados a la hora de que les sacaran la sangre.

Como punto adicional, notaron que la ruta neuronal utilizada por los 2 grupos de bebés que recibieron contacto materno no fue la misma. Como consecuencia, los investigadores pudieron determinar que el tipo de contacto con la madre no solo influye en la intensidad con la que el cerebro procesa los estímulos. De hecho, este puede modificar por completo el proceso a través del cual la actividad cortical procesa el dolor.

¿El contacto piel con piel disminuye la sensación de dolor?

“Si bien no podemos confirmar si el bebé realmente siente menos dolor, nuestros hallazgos refuerzan el importante papel del contacto entre los padres y sus bebés recién nacidos”, explicó Fabrizi.

En otras palabras, los investigadores concluyen que el contacto no necesariamente es capaz de disminuir la sensación de dolor en los bebés. Pero, sí han visto que este puede modificar la forma en la que el dolor se procesa en el cerebro. Como resultado, vemos la importancia del contacto materno y su influencia sobre el desarrollo neuronal de los recién nacidos.

“Este trabajo también ha demostrado que se involucran diferentes mecanismos neuronales según el contexto madre/bebé, lo que sugiere que el contacto materno puede cambiar la forma en que el cerebro de un bebé procesa un estímulo nocivo”, concluyeron en su estudio los investigadores.

Referencias:

The impact of parental contact upon cortical noxious‐related activity in human neonates: https://doi.org/10.1002/ejp.1656