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Los cambios que los humanos hemos generado en nuestro entorno durante años han derivado en el desequilibrio ecológico de todo el planeta. En ocasiones, consecuencias a gran escala como el calentamiento global y el cambio climático terminan por alterar hábitats que los animales han estado usando por décadas. En otros casos, acciones directas como la urbanización excesiva y la caza furtiva acaban con los espacios seguros para que las criaturas prosperen.

Este ha sido el caso del icónico cóndor andino, una de las especies de aves voladoras más grandes del mundo. En promedio, sus alas extendidas pueden tener una envergadura de 3,5 metros y sus potentes músculos le permiten permanecer en el aire por más de 5 horas seguidas.

Su nombre científico es Vultur gryphus y actualmente se trata de una especie “casi amenazada” por la extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En total, debe haber unos 6.700 ejemplares de cóndor andino en todo el mundo, pero los números van disminuyendo.

Toda la situación solo ha empeorado en los últimos años. Pero, ahora un nuevo rayo de esperanza se alza en la reserva natural privada Chakana, en Ecuador.

La regla

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Por lo general, los cóndores andinos son aves de lenta reproducción. Asimismo, son monógamas, por lo que toda su descendencia es producto de una misma pareja durante todo el lapso de sus vidas.

Debido a su largo periodo de vida, no suelen tener crías cada año, sino cada dos o tres. Todo dependiendo de qué tan favorables sean las condiciones de su ambiente.

La excepción – Una prolífica pareja de cóndores andinos

Pero, en esta oportunidad, los científicos han encontrado una excepción a esta tendencia. En la cordillera andina de América del Sur, específicamente en la reserva natural privada Chakana de Ecuador, una pareja de cóndores andinos ha demostrado ser altamente fértil.

Los investigadores pusieron su vista sobre este par en el 2013. Para ese momento, la pareja que hacía vida en las laderas del volcán Antisana ya tenía 7 polluelos, según relató el biólogo Sebastian Kohn, director de la Fundación Cóndores Andinos.

Durante los siguientes 7 años, la pareja ha continuado trayendo descendencia al mundo, mostrando ser particularmente prolífica en comparación con los estándares esperado. Esto ha llenado a los científicos tanto de dudas, sobre el por qué detrás de este comportamiento anómalo, como de esperanza, por el futuro que se hace posible para los cóndores andinos gracias él.

¿Por qué esta pareja ha tenido tanto éxito?

“Este par de cóndores es la pareja más impresionante y prolífica que conocemos para esta especie”, comentó Kohn, quien también colabora con el Ministerio de Medio Ambiente de Ecuador.

Como sabemos, la norma para estas especies es la reproducción lenta y espaciada. Sin embargo, los investigadores han logrado crear algunas hipótesis que sustentan la particularidad de esta pareja de cóndores andinos.

Durante ya 7 años, los biólogos han estado observando a los cóndores andinos a través de binoculares desde una torre de vigilancia en la reserva. Gracias a esto, han podido hacer seguimiento a las costumbres de esta pareja y a las condiciones de vida que los rodean.

Con esta información han podido notar que el acceso a los recursos para el par es particularmente sencillo. En pocas palabras, tienen comida en abundancia con la que mantenerse sanos –y para alimentar a su descendencia–.

Asimismo, dentro de la reserva no deben tener a otros depredadores ni tampoco a las consecuencias de la caza furtiva. Como consecuencia, se han hecho de un espacio seguro y abundante en el cual pueden proliferar con comodidad.

Pero la amenaza sigue

Gracias a esta particular pareja de cóndores andinos, al menos en la reserva Chakana la población de esta especie va en ascenso. Sin embargo, en un censo del 2018, el total de cóndores andinos en todo Ecuador fue de 150. Por este motivo, opinan que ya se debería considerar que la especie está en un “nivel de alerta crítica” con respecto a su posible extinción.

En general, la caza furtiva de estas criaturas no se ha detenido. Además, cada vez más individuos de la especia mueren a causa de carroñas envenenadas destinadas para los depredadores terrestres del ganado. Tan solo en los últimos dos años, “hemos perdido de 15 a 20 individuos, principalmente por intoxicaciones”, declaró Kohn.

Por este motivo, a pesar de que la pareja de cóndores ha brindado un rayo de esperanza, no es motivo para dormirse sobre los laureles. La especie aún se encuentra en un grave peligro y una reacción temprana podría hacer la diferencia.