El síndrome de las piernas inquietas se trata de una de las afecciones neurológicas más comunes del mundo. Irónicamente, es uno de los trastornos menos diagnosticados. Por lo que, la mayoría de las personas que lo padecen, no suelen saberlo.

Su presencia en nuestras vidas puede comenzar como un elemento que apenas notamos. Sin embargo, a medida que avanza y va ganando fuerza, su influencia puede llegar a afectar aspectos de nuestra cotidianidad como el sueño, nuestras interacciones sociales y nuestra calidad de vida en general.

Este 23 de septiembre se celebra el Día Mundial del síndrome de las piernas inquietas. Por este motivo, aprovecharemos para crear consciencia sobre esta enfermedad, lo que es, qué la causa y el bajo porcentaje de diagnóstico que aún la aqueja.

¿Qué implica el síndrome de las piernas inquietas?

Como su nombre lo indica, este trastorno neurológico desencadena en las personas una necesidad incontrolable por mover las piernas. Tan solo al verlo de este modo, podríamos llegar a confundirlo con, por ejemplo, ese movimiento ansioso de las piernas que casi todos hacemos cuando estamos esperando por algo. No obstante, el impulso del síndrome va mucho más allá.

Este trastorno también es conocido como enfermedad de Willis-Ekbom. Básicamente, lo que la diferencia de un impulso nervioso “normal” que la necesidad de mover las piernas se convierte en una urgencia que incluso puede causar malestar y dolor a los individuos si esta no se satisface.

Igualmente, la necesidad de movimiento se suele dar con más frecuencia cuando el cuerpo se encuentra en reposo. Es decir, los cuadros de piernas inquietas se dan con más frecuencia cuando las personas están sentadas o recostadas. Por ende, las horas de la tarde y la noche suelen tener los picos más altos de actividad del síndrome. Como consecuencia, las personas pueden tener alteraciones constantes en su sueño, dificultades para conciliarlo y posteriores cuadros de fatiga debido a la falta de un descanso adecuado.

Sintomatología

Por ahora la medicina no ha logrado ponerse de acuerdo con un grupo determinado de síntomas que indiquen la presencia del síndrome. Claramente, este detalle ha evitado que su diagnóstico se realice con facilidad.

Sin embargo, al menos ya se ha logrado un consenso en el 60% de los síntomas, ya que estos parecen derivar de un patrón común. El primer detalle que ha quedado validado es que se trata de un trastorno progresivo.

Al principio puede pasar desapercibido y alternarse con periodos de mejoría y luego decaimiento. No obstante, en sus fases más avanzadas ya comienza a tener las consecuencias negativas antes mencionadas.

Igualmente, cuando se alcanzan las fases más graves, la necesidad compulsiva de movimiento puede extenderse de las piernas a otras partes del cuerpo como las manos o el torso. En general, individuos con insuficiencia renal, párkinson, esclerosis múltiple, migraña, neuropatías suelen sufrir los síntomas con más intensidad.

¿Por qué se presenta el síndrome de las piernas inquietas?

En estos momentos tampoco existe una explicación clara que dé sentido al origen del síndrome de las piernas inquietas. No obstante, se han podido delimitar algunos puntos comunes que podrían ser tanto causantes como indicadores de la enfermedad en el organismo.

Hasta ahora, complicaciones como el déficit de hierro en el organismo, problemas renales, diabetes, enfermedades neurodegenerativas o enfermedades psiquiátricas son posibles orígenes para este trastorno. Igualmente, se han dado casos en los que el embarazo se convierte en un detonante para el síndrome.

El (escaso) diagnóstico del síndrome de las piernas inquietas

Usualmente el síndrome de las piernas inquietas suele hacer presencia con más fuerza en la adultez. Acá, su consecuencia más grave tiene que ver con los problemas de sueño. Por este motivo, las personas que lo padecen suelen visitar primero al doctor para solucionar sus trastornos de sueño, sin saber que estos son simplemente una consecuencia de otra patología. Esto ya evita que el trastorno sea diagnosticado adecuadamente.

Igualmente, niños y adolescentes también pueden desarrollar esta patología. De hecho, el 25% de los pacientes suele comenzar a manifestar la enfermedad en estas etapas, pero es mucho más difícil identificarla.

En los más pequeños suele ser confundida con un simple exceso de energía en los infantes. Además, en estas etapas los cuadros pueden presentarse en cualquier comento del día, por lo que el cuadro de ocurrencia no se corresponde con el patrón sintomático conocido. Esto también se extiende a los adolescentes, quienes pocas veces logran identificar los síntomas como un problema –al igual que sus padres–.

En la actualidad, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), al menos dos millones de personas en España padecen este síndrome. Sin embargo, opinan que, debido a los problemas de diagnóstico, el 90% de los afectados aún no han sido identificados ni debidamente diagnosticados. Esto empeora al tomar en cuenta que, en ocasiones, los casos pueden demorarse más de 10 años en ser diagnosticados apropiadamente.

¿Cómo tratar este síndrome?

Al igual que en los casos anteriores, la medicina aún no se ha puesto de acuerdo sobre el tipo de tratamiento que se debería dar al síndrome de las piernas inquietas. Pero al menos ya existen algunas rutas que se han vuelto de uso común con el tiempo.

Dependiendo de la comorbilidad del trastorno (si está cruzado con alguna otra patología) los médicos pueden recomendar el uso de terapias motoras para disminuir los síntomas de los pacientes. Igualmente, también se pueden hacer intentos con terapias enfocadas en el cuidado de la salud mental. Pero, como hemos dicho, ninguna de estas es aún oficial, ya que aún nos falta mucho para conocer todo lo que tiene que ver con este síndrome.