La adolescencia es una etapa complicada en la vida de cada individuo. Durante este periodo, las personas comienzan a explorar por primera vez el mundo como individuos alejados de la guía de sus padres.

En este tiempo, los individuos definen con más fuerza su personalidad, sus gustos, afinidades, amistades e intereses. Asimismo, también es en esta etapa en la que empiezan a preocuparse activamente por encajar en el esquema social que los rodea y por ocupar un “buen” lugar en este.

En la actualidad, dicho ecosistema social ya no solo se encuentra en la vida real, sino también en las redes. Por lo que, los adolescentes buscan ser aceptados no solo por sus pares cercanos, sino también por sus mucho más heterogéneos pares en la web.

La nueva investigación interinstitucional dirigida por la Universidad de Texas (UT) en Austin estudia justamente cómo las interacciones en este campo pueden afectar la mentalidad y estado de ánimo de los adolescentes. Sus resultados se publicaron recientemente en la revista Child Development.

Mientras menos ‘me gusta’, más angustia emocional

La investigación llevada a cabo se enfocó primordialmente en determinar el efecto de la falta de interacciones positivas en la mentalidad de los adolescentes. Es decir, ninguno de los individuos del experimento estaría recibiendo valoraciones negativas o peyorativas. De hecho, solo podrían tener dos opciones, obtener una reacción positiva o simplemente ninguna reacción en absoluto.

Los investigadores buscaron entender la relación entre la falta de reacciones positivas en la web y la angustia emocional manifestada en adolescentes. Gracias a su modelo experimental, pudieron establecer por primera vez una verdadera relación de causalidad entre ambos elementos.

Primer experimento: menos ‘me gusta’, más negatividad

El experimento planteado por los investigadores se basó en la creación de una plataforma similar a una red social. En esta, los adolescentes podrían crear su propio perfil, personalizarlo y postear los contenidos que prefirieran. Asimismo, podrían visitar los perfiles de los demás y darles ‘me gusta’, así como ver cuántos de estos habían recibido ellos.

El truco estuvo en que los ‘me gusta’ registrados en realidad estuvieron asignados por computadora para crear dos grupos, uno con muchas interacciones positivas y otro con casi ninguna. Al final de la investigación se les preguntó a los adolescentes a través de una encuesta cómo se sintieron. Aquellos que habían tenido menos interacciones positivas inmediatamente manifestaron más emociones negativas como la ansiedad y los sentimientos de rechazo.

Segundo experimento: la depresión y el estrés hacen presencia

Para continuar más a fondo con la investigación, los científicos repitieron el modelo inicial pero fueron más allá para conocer en detalle las respuestas emocionales de los adolescentes. En este caso, pudieron delimitar que aquellos que recibieron menos atención en línea tendieron a ser más propensos a conductas depresivas.

Asimismo, esta situación llegó a afectar su forma de experimentar el día a día. Esto debido a que eran más vulnerables a ser afectados por estresores externos dentro de su vida real.

Tercer experimento: la influencia del bullying

Para esta última oportunidad, los investigadores utilizaron de nuevo el mismo modelo experimental, pero se enfocaron en identificar a los individuos que además habían reportado sufrir bullying en sus vidas estudiantiles.

Muchos adolescentes con este tipo de problemas en la vida real terminan optando por las alternativas virtuales en busca de un nuevo comienzo, de un lugar al que pertenecer y en el cual sentirse aceptados. Ahora, si ni en las redes reciben la aceptación que buscan, entonces los efectos negativos sobre su psique son más fuertes que aquellos sobre un adolescente que no sufra de acoso escolar.

Por si fuera poco, estos adolescentes victimizados no solo fueron los que tuvieron las respuestas emocionales más negativas de todo el grupo evaluado. De hecho, ellos también mostraron la tendencia más fuerte a pensar que el rechazo se debía a algún defecto propio o a algún problema con su carácter. Por lo que se pudo notar que estos también tenían niveles más bajos de autoestima.

Primera prueba de una relación causal

“Gran parte de la investigación sobre las redes sociales y la salud mental utiliza métodos de encuesta, pero sabemos que la correlación no garantiza la causalidad”, dijo David Yeager, coautor del estudio.

En otras palabras, lo que el profesor asociado de psicología en la UT de Austin comentó es que, en general, los métodos de encuesta han permitido observar una relación entre la aceptación en línea y la estabilidad emocional de los adolescentes. Sin embargo, al ser la encuestas métodos que no controlan las variables externas, no es posible hablar de que las relaciones sean causa-efecto. Además, tampoco se puede garantizar que alguno de los elementos pueda realmente afectar directamente al otro.

Ahora, con el modelo experimental que han creado los investigadores, han podido controlar o eliminar las variables externas. Como consecuencia, finalmente han comprobado cómo las pocas interacciones positivas en las redes son una causa directa de angustia emocional en los adolescentes.

“Los hallazgos plantean la posibilidad de que la tecnología que facilita a los adolescentes comparar su estatus social en línea, incluso cuando no hay posibilidad de compartir comentarios explícitamente negativos, podría ser un factor de riesgo que acelera la aparición de síntomas internalizantes entre los jóvenes vulnerables”, declararon los autores en su estudio.

“Este estudio nos ayuda a comprender el poder de la aprobación de los compañeros y el estatus social durante la adolescencia”, concluyó Hae Yeon Lee, autor principal del estudio, e investigador postdoctoral en la Universidad de Stanford. Gracias a esto, será posible también entender con más claridad el impacto profundo que tienen las redes sociales en las vidas de las nuevas generaciones y cómo deberían abordarse los problemas relacionados con ellas en el futuro.

Referencia:

Getting Fewer Likes Than Others on Social Media Elicits Emotional Distress Among Victimized Adolescentshttps://doi.org/10.1111/cdev.13422