En menos de un año la humanidad ha pasado de ni siquiera saber de la existencia del coronavirus, SARS-CoV-2, a tenerlo como un tema cotidiano. En estos momentos, el mundo de la ciencia se mueve a toda velocidad para poder conocer a fondo todo lo que necesitamos saber sobre este patógeno y la enfermedad que origina, el COVID-19.

A estas alturas, los casos de COVID-19 en el planeta ya han superado los 30 millones y los fallecimientos por su causa están a punto de superar los 950 mil. A pesar de que se han hecho descubrimientos que han permitido que estas cifras no crezcan de forma acelerada, aún existen detalles que no conocemos y que podrían hacer una gran diferencia en el resultado final de esta pandemia.

Uno de los ejemplos más claro tiene que ver con las formas de contagio del SARS-CoV-2. Desde el principio se planteó que este era un coronavirus particularmente contagioso. Sin embargo, nunca nos hubiéramos imaginado que también fuera tan versátil a la hora de buscar plataformas de infección.

En pocas palabras, ahora sabemos que el virus no solo es altamente efectivo entrando a nuestro organismo, sino manteniéndose en diferentes ambientes para poder infectar a nuevos individuos. Para el caso de la investigación recientemente publicada en la revista Indoor Air, los investigadores se enfocaron específicamente en las capacidades del SARS-CoV-2 de transmitirse a través de aerosoles –un escenario que inicialmente se planteó como imposible–.

El caso de superpropagación en el coro de Skagit Valley

Crédito: GETTY IMAGES/Hiroyuki Ito.

A mediados de marzo, la pandemia del coronavirus estaba abandonando Asia para comenzar a hacer estragos en el continente europeo. Para el momento, se sabía que el contacto cercano y las superficies de uso público eran grandes fuentes de contagio de la enfermedad.

Por este motivo, en muchos países las medidas de distanciamiento social ya se estaban aplicando. En paralelo, también se aplicaron nuevas rutinas de higiene tanto personal como para los espacios cohabitados. Sin embargo, un punto crucial no era tan tomado en cuenta: los tapabocas.

Fue por la falta de este preciso elemento que del caso de superpropagación de Skagit Valley en Washington terminó por afectar a más de 50 individuos. En esa oportunidad, los músicos se habían reunido para un ensayo del coro y pensaban que habían tomado todas las medidas de protección posibles. Cada integrante estuvo físicamente distanciado de los otros todo el tiempo, todos higienizaron sus manos y evitaron tocar superficies comunes… pero ninguno llevaba tapabocas.

Ese 10 de marzo un solo individuo tenía leves síntomas de COVID-19, pocos días después, otros 52 compañeros también los desarrollaron. El evento en su momento fue todo un misterio ya que, por la cantidad de contacto que habían tenido los integrantes del coro, era “imposible” que tantos se hubieran contagiado a causa de una sola persona. El secreto de esta intriga yacía en que no estábamos viendo el panorama completo.

El papel de los aerosoles en la transmisión del COVID-19

Ya sabemos que el coronavirus es capaz de adherirse a variadas superficies y sobrevivir en estas desde horas hasta días hasta que encuentra un nuevo anfitrión. Ahora, esta nueva investigación que revisitó los eventos ocurridos ese 10 de marzo, nos confirman que las partículas del SARS-CoV-2 también son capaces de transmitirse a través del aire.

Hasta no hace mucho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros reconocidos organismos no habían aceptado la posibilidad de que el coronavirus pudiera transmitirse por el aire. No obstante, la presión de la comunidad científica y médica fue tal que la OMS al final tuvo que reconocer la situación.

“La inhalación de aerosol respiratorio infeccioso del ‘aire compartido’ fue el principal modo de transmisión”, declaró José-Luis Jiménez, coautor del estudio.

Ahora, con este estudio retrospectivo tenemos incluso más evidencia de cómo las micropartículas del SARS-CoV-2 transmitidas a través de los aerosoles, que emitimos al respirar, hablar y cantar, pueden ser suficiente como para infectar a uno o varios individuos.

El peligro en esta posibilidad yace en que: “El aire compartido es importante porque puedes inhalar lo que otra persona exhala incluso si está lejos de ti“, según dice Shelly Miller, la autora principal del estudio. Debido a esto, incluso un distanciamiento básico, como el realizado en el coro, no es suficiente. Ya que se requieren más medidas para controlar la propagación del coronavirus en espacios cerrados o mal ventilados.

El canto, los aerosoles y el SARS-CoV-2

Los investigadores consideran que es vital que este medio de propagación del virus sea ampliamente estudiado. Ya que, como vemos, con facilidad puede convertirse en la causa de casos de súper propagación como el de la coral de Skagit Valley.

Un punto resaltante durante la investigación es que el canto puede ser particularmente peligroso a la hora de querer evitar el contagio o propagación del virus. “Se sabe que cantar libera grandes cantidades de aerosol”, comentó Miller. Es decir que, cuando cantamos, liberamos grandes cantidades de aerosoles al ambiente. Luego de esto, nuestros compañeros en el escenario o el público que nos observa podrían terminar aspirándolos.

Por este motivo, incluso si hay una distancia prudencial entre los individuos, lo más recomendable es que estos también lleven tapabocas todo el tiempo. De este modo, se disminuye la cantidad de aerosol que se libera al ambiente y también la que se inhala.

Otras recomendaciones

Además de estos detalles, el recuento realizado por los investigadores también destacó la importancia de la medidas preventivas. En su estudio, comentaron que si todos hubieran usado tapabocas ese 10 de marzo y hubieran contado con un mejor sistema de ventilación –uno que llevara más aire del exterior a interior y favoreciera su circulación–, los 52 contagios podrían haberse reducido solo a 5.

Por este motivo, destacan que para este tipo de reuniones y eventos las personas tengan como medida obligatoria el uso del tapabocas. Como otro elemento resaltante, los investigadores declararon que el ensayo, de haber durado 30 minutos en lugar de 2,5 horas, habría bajado el porcentaje de contagios de un 87% a un 12%.

Asimismo, la ventilación adecuada del aire a incluso su purificación también son aspectos cruciales para eventos de interiores. Pero, los científicos plantean que, por ahora, la mejor alternativa posible es hacer este tipo de actividades al aire libre. Ya que esto hará que los aerosoles tengan menos oportunidad de condensarse y que su capacidad de contagio sea menor.

Referencia:

Transmission of SARS-CoV-2 by inhalation of respiratory aerosol in the Skagit Valley Chorale superspreading event: https://scholar.colorado.edu/concern/articles/n583xw008