La pandemia del coronavirus ya está a punto de cerrar su tercer semestre asolando el mundo. Hasta ahora, ya ha superado los 30 millones de contagios y las 943 mil muertes por su causa.

Los estudios sobre esta enfermedad (COVID-19) y el virus que la causa (SARS-CoV-2) han evolucionado a pasos agigantados desde enero. Sin embargo, aún son muchos los detalles que no conocemos sobre el coronavirus y, por la prisa, pueden darse situaciones inesperadas como la que ha desencadenado una reciente investigación de la Universidad de Cincinnati (UC).

El estudio llevado a cabo por Brandon Michael Henry, Stefanie Benoit, Giuseppe Lippi y Justin Benoit se basó en los parámetros impuestos por una de las primeras investigaciones sobre el COVID-19 realizadas en China. Los investigadores esperaban obtener resultados similares en su muestra poblacional más extensa. Pero, la realidad estuvo muy lejos de ser lo que esperaban y los resultados de su estudio quedaron en franca oposición a los de la investigación pionera.

El estudio que descubrió cómo se transmitía el SARS-CoV-2

La investigación original se llevó a cabo en China en enero de este año. Ella tomó como muestra a un pequeño grupo de 12 pacientes y observó las reacciones de su organismo a través de muestras de sangre. Gracias a esto, pudieron determinar el papel de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) en la entrada del SARS-CoV-2 a nuestras células.

Igualmente, se planteo la relación entre esta enzima y el Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona (RAAS). Este es un sistema hormonal vital para que regula nuestra presión arterial, los líquidos de nuestro organismo y el nivel de electrolitos que tenemos en él.

Estos descubrimientos llevaron a considerar que las enzimas ACE2, luego de convertirse en puentes del coronavirus, interrumpían las funciones de RAAS causando problemas respiratorios a causa de cuadros de inflamación. Esto ocurría a través de un proceso de transformación descrito ahora por Henry:

“La enzima ACE2 que usa el virus toma AngII [angiotensina II] y la convierte en otro péptido llamado angiotensina (1-7).

La idea es que cuando el virus se une a la enzima, su actividad se detiene y los niveles de AngII comienzan a aumentar drásticamente. Eso es lo que propaga la gravedad de la infección y hace que las personas desarrollen SDRA [Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda], o eso dice la teoría”.

Profundizando el estudio del RAAS

En todo este proceso, el RAAS había sido vital puesto que los medicamentos que podrían haber atacado al virus o suprimido a la enzima ACE2 también podrían hacer afectado al RAAS y aumentado las cantidades del péptido AngII en nuestro organismo. Como consecuencia, la respuesta inflamatoria de nuestro cuerpo podría exagerarse y causar problemas respiratorios. Por este motivo, los científicos se habían estado enfocando en medios para atacar a la enfermedad sin alterar este sistema.

Por su parte, los investigadores de la UC quisieron llevar el conocimiento más allá y estudiar las reacciones del RAAS para poder comprender su papel en el proceso viral del SARS-CoV-2. De esta forma, pensaban ser capaces de desarrollar mejores métodos con los que poner un alto al virus sin afectar al sistema hormonal.

“Estábamos interesados en tratar de averiguar qué está pasando realmente con RAAS.

Hay muchos ensayos clínicos dirigidos a RAAS, pero nadie ha examinado realmente si está realmente afectado y perturbado en estos pacientes. Ese fue el foco de nuestra investigación”, dijo Henry.

Volviendo al principio

Para poder tener un punto de comparación, los investigadores se basaron entonces en el estudio realizado en China a inicios de este año y copiaron el formato. En el hospital de Cincinnati, afortunadamente, se cumplieron todos los requisitos para que esto se diera.

Todos los pacientes sospechosos por COVID-19 fueron aislados, a todos se les tomaron muestras de sangre por igual y estuvieron bajo observación por un periodo de tiempo similar –todos bajo el mismo tipo de cuidado–. Gracias a esto, los investigadores pudieron analizar la sangre de 190 casos de COVID-19 para buscar la presencia de los péptidos antes mencionados y relacionarlos con la actividad del RAAS.

El descubrimiento inesperado: los resultados no coinciden

Como se ha considerado que los altos niveles de AngII son los causantes de los procesos inflamatorios, se ha trabajado con varios medicamentos que buscan inhibirlos para contrarrestar los síntomas del COVID-19. Sin embargo, ahora el estudio publicado en Progress in Cardiovascular Diseases podría cambiar esta perspectiva.

Los investigadores, en sus 190 muestras evaluadas, no lograron encontrar niveles de AngII particularmente altos. Esto incluso cuando los síntomas del COVID-19 eran evidentes. Por este motivo, los investigadores notaron que tal vez el RAAS no era un verdadero motivo de preocupación en el tratamiento del coronavirus. Con esto, los investigadores llegaron a una conclusión totalmente opuesta a la obtenida por China.

“No pudimos reproducir los datos que salieron de China. Nuestros datos son completamente diferentes, en la misma población de pacientes, medidos al mismo tiempo, medidos con la misma técnica de laboratorio. Ese pequeño estudio es sobre lo que se construyó todo esto. Es una especie de advertencia o recordatorio de que estamos haciendo las cosas ahora de una manera que nunca antes se habían hecho, por lo que debemos pensar en cuándo aparecen los datos, qué significan y cómo los usamos”, dijo Stefanie Benoit.

Nuevas conclusiones

Por otra parte, la investigación también arrojó nuevos datos que podrían orientar un rumbo de estudio que hasta ahora no se había tomado. En la muestra más grande, los niveles de angiotensina (1-7) detectados en las muestras fueron particularmente más bajos que aquellos en los controles sanos.

“Como la angiotensina (1-7) es un péptido antiinflamatorio que también dilata los vasos, los niveles bajos de este péptido debido [al coronavirus] pueden promover el SDRA”, explicó Henry.

En otras palabras, se ha podido concluir que no ha sido el exceso del péptido AngII sino la falta de la angiotensina (1-7) el que ha causado los problemas inflamatorios en el organismo.

“Como tal, la suplementación con angiotensina sintética (1-7) puede ser un potencial objetivo terapéutico para el tratamiento de COVID-19”, continuó Henry.

Referencia:

Circulating plasma levels of angiotensin II and aldosterone in patients with coronavirus disease 2019 (COVID-19): A preliminary report: https://doi.org/10.1016/j.pcad.2020.07.006