Al principio de la pandemia se manejaba la idea de que la densidad poblacional era un factor que influía de manera significativa en la transmisión de COVID-19. La idea surgió en parte, porque algunas de las primeras ciudades afectadas, como Wuhan (China), MIlán (Italia) y Nueva York (EE.UU.), todas densamente pobladas, fueron escenario de una propagación masiva.

Sin embargo, análisis más minuciosos de expertos sugieren que este factor por sí solo no predice con exactitud el curso de la enfermedad en un determinado territorio. En un estudio enfocado en Nueva York, el investigador George Rutherford dijo que lo que en realidad importaba en este tipo de emergencias era el tipo de densidad poblacional.

Y dado el interés por aclarar el papel que juega la densidad poblacional en la transmisión del coronavirus, un equipo de investigadores de la Universidad de Utah estudiarlo dentro del territorio estadounidense.

En su documento publicado en Journal of the American Planning Association, informan que la densidad del condado no tenía una relación significativa con la tasa de infección. Y más sorprendente aún, los condados más poblados se asociaron con menores tasas de mortalidad por el coronavirus.

Densidad poblacional no predice las tasas de infección

Los investigadores analizaron la influencia de la densidad sobre la propagación y la mortalidad por COVID-19 en más de 900 condados de Estados Unidos, considerando factores como el tamaño metropolitano, el estatus socioeconómico de los residentes, la calidad de la atención médica y el apego al distanciamiento social.

Fue así como descubrieron que la densidad del condado en realidad no tenía una relación significativa con la tasa de infección, y que los condados de mayor densidad parecían tener menores tasas de mortalidad. ¿Pero cuál es la explicación detrás de esto?

Los expertos sugieren que hay otros factores que pueden tener mayor influencia en la forma en que se propaga la enfermedad y el pronóstico de los residentes que se contagian. Entre ellos, las conexiones entre comunidades, el acceso a atención médica y el hacinamiento dentro de un área pequeña.

Papel del hacinamiento puede controlarse

Si nos guiamos solo por la densidad poblacional en una ciudad o condado, omitimos aspectos como las reuniones en espacios relativamente pequeños, como los de los campus universitarios o los edificios residenciales, o el hacinamiento debido a condiciones socioeconómicas bajas.

“La mayoría de las veces, cuando la gente habla de densidad y COVID-19, en realidad habla de hacinamiento”, dice Shima Hamidi, profesora asistente de salud e ingeniería ambiental en la Universidad Johns Hopkins y autora del estudio.

Las ciudades de alta densidad pueden ofrecer más oportunidades de hacinamiento, pero este no necesariamente sea un factor determinante. Por ejemplo, en Asia, muchas ciudades con una alta densidad poblacional, como Hong Kong, Seúl y Taipei, la implementación de medidas estrictas y bien estipuladas como el distanciamiento social, el uso de máscaras y el rastreo de contactos, tuvieron éxito en el control de la propagación y las muertes por COVID-19.

Vemos una situación similar en Manhattan, que a pesar de tener la densidad de población más alta, logró mantener las tasas de transmisión más bajas entre los cinco distritos de Nueva York. En cambio, algunos vecindarios menos poblados, como Queens y el Bronx han experimentado tasas más altas de infección y muerte.

Huir de las ciudades pobladas no siempre es bueno

Conviene recordar que, cuando en Rusia comenzó a aumentar la tasa de infección por coronavirus, algunas personas decidieron trasladarse a zonas rurales para protegerse. Esto también se observó en Estados Unidos, y aunque puede que surtiera efecto para reducir la transmisión, el beneficio no se repetía en caso de que la infección ocurriera.

Los autores del estudio dicen que la escasez de servicios médicos de calidad en estas zonas podría aumentar la mortalidad por COVID-19 al no poder recibir la atención o medicamentos necesarios para abordar la enfermedad.

“Si desea mudarse a un área rural para estar a salvo de contraer COVID, tal vez [eso ayude] porque tiene menos contactos”, dice Brooke Nichols, economista de salud de la Universidad de Boston, que no participó en el estudio. “Pero en términos de mortalidad, es posible que en realidad corra un mayor riesgo porque es posible que no existan los servicios que lo respalden”.

El tamaño metropolitano sí influye en la tasa de infección

Entre todos los factores estudiados, los autores destacan el papel del tamaño metropolitano, que mientras más grande, se relacionó con tasas de infección y mortalidad por COVID-19 más altas a lo largo del tiempo.

En su artículo indican que el tamaño metropolitano refleja el número de condados del área metropolitana, vinculados por la comunidad, el transporte, la vivienda y la situación económica.

A pesar de ello, los autores no descartan el potencial que tiene la alta densidad en el riesgo de infección, pero están de acuerdo en que la correcta aplicación de medidas puede ayudar a controlar la situación.

“No es una conclusión sorprendente decir que si vive en un área urbana densa, probablemente se necesitará un poco más de intervención para reducir realmente esas tasas de contacto”, dice Laura White, bioestadística de la Universidad de Boston. Así que a veces no se trata únicamente de las condiciones, sino de los pasos que se siguen para solventar el problema.

Referencia:

Does Density Aggravate the COVID-19 Pandemic? https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/01944363.2020.1777891