La pandemia de COVID-19 ha marcado la historia moderna de la humanidad. Un virus que ni siquiera podemos ver a simple vista fue capaz de confinarnos en nuestros hogares durante semanas, colapsar los sistemas de atención médica de las grandes potencias, quebrar empresas y golpear la economía de los países.

A su vez, estos desajustes causaron graves inconvenientes en diferentes ámbitos de la vida humana, y en especial de la salud. Por ejemplo, meses atrás, varios especialistas y estudios dijeron que muchas personas con otras afecciones de salud graves estaban evitando acudir al médico por miedo al coronavirus.

Pero esto no se limitó únicamente a los enfermos, sino también a las embarazadas, muchas de las cuales no pudieron seguir su control por los obstáculos que plantearon los bloqueos y la saturación de los centros de salud.

Y esto ha tenido consecuencias, según varios estudios que se han realizado alrededor del mundo, entre los cuales destacamos uno publicado en la prestigiosa revista The Lancet. Aquí los investigadores informan que, solo en Nepal, hubo un aumento de la tasa de muerte fetal de 50 por ciento para finales de mayo de este año.

Embarazos con resultado desconocido

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La tasa de partos en hospitales se redujo durante la pandemia, y los médicos no saben qué pasó con las mujeres que dieron a luz fuera de ellos.

Los hallazgos publicados en The Lancet se obtuvieron sobre la base de más de 20,000 mujeres que dieron a luz en nueve hospitales en todo Nepal. Estos indican que los mortinatos (bebés que murieron en el útero) aumentaron de 14 por cada 1000 nacimientos (proporción de antes de los bloqueos implementados en marzo), a 21 por cada 1000 nacimientos para fines de mayo.

Los investigadores dicen que el aumento de mortinatos fue más pronunciado durante las primeras cuatro semanas de confinamiento, cuando las personas solo podían salir de casa para comprar alimentos y recibir atención médica básica.

Lo curioso es que, aunque la tasa de mortinatos aumentó, el número total no cambió durante la pandemia, lo cual no es necesariamente positivo. Esta particularidad se ha atribuido a que los nacimientos en los hospitales se redujeron a la mitad, pasando de un promedio de 1.261 nacimientos por semana antes del cierre a 651, muchos de los cuales tuvieron complicaciones. Mientras que no saben qué pasó con las mujeres que no dieron a luz en el hospital.

La causa no fue la infección de COVID-19

Con las altas tasas de infección que experimentaron los países, los hospitales y diferentes centros de salud se vieron saturados al punto de necesitar más médicos para poder cubrir la demanda.

Mientras esto ocurría, otros pacientes probablemente preferían quedarse en casa antes de exponerse al ir a un consultorio. Los investigadores dicen que, en algunos países, las mujeres embarazadas han recibido menos atención de la que necesitan precisamente debido a estos factores.

Así vemos cómo el confinamiento y los bloqueos necesarios para contener la tasa de contagios con el nuevo virus causaron otros problemas graves, como un aumento significativo en la proporción de embarazos que terminan en mortinatos.

“Lo que hemos hecho es provocar un aumento involuntario de mortinatos al intentar proteger a las mujeres embarazadas del COVID-19”, dice Jane Warland, especialista en partería de la Universidad de Australia del Sur en Adelaide.

Poco acceso a la atención prenatal de rutina

Por lo que podemos decir que la causa directa de mortinatos no fue la nueva infección que azota al mundo, sino el impacto que ha tenido la pandemia en el acceso a la atención médica prenatal de rutina.

Recordemos que el control prenatal permite detectar cualquier complicación durante el embarazo y tomar las acciones necesarias a tiempo para salvar tanto al feto como a la madre.

Los investigadores dicen que es posible que las mujeres embarazadas no hayan podido asistir a los centro de salud por falta de transporte público, por temor a contraer el coronavirus, o porque prefirieron una consulta telefónica o por Internet, que a pesar de útil, también es limitada.

De hecho, las remisiones de mujeres embarazadas que requieren atención de emergencia también se redujeron en dos tercios, lo que sugiere pudieron haber dado a luz sin supervisión médica.

Pero también destacan el papel de los trastornos provocados por la pandemia, ya que estos se han relacionado con un aumento de las muertes por enfermedades cardíacas y por diabetes.

“Nepal ha logrado un progreso significativo en los últimos 20 años en los resultados de salud de las mujeres y sus bebés, pero los últimos meses han desacelerado ese progreso”, concluyó KC.

La tendencia parece ser global, porque otros países también han reportado cifras similares. Por ejemplo, un estudio en el Hospital St George’s, de Londres, reveló un aumento de casi cuatro veces en la incidencia de mortinatos durante la pandemia. Asimismo, Escocia y cuatro hospitales de la India.

Al menos ochos consultas médicas durante un embarazo

La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos ocho revisiones médicas de las mujeres durante su embarazo en condiciones normales. Pero en esta pandemia, es probable que esta frecuencia se haya reducido a nivel global.

Por lo que estos hallazgos constituyen una solicitud de apoyo a los servicios de salud materna y neonatal, especialmente en países de ingresos bajos a medianos, como Nepal.

Referencias:

Effect of the COVID-19 pandemic response on intrapartum care, stillbirth, and neonatal mortality outcomes in Nepal: a prospective observational study. https://www.thelancet.com/journals/langlo/article/PIIS2214-109X(20)30345-4/fulltext

Stillbirth rate rises dramatically during pandemic. https://www.nature.com/articles/d41586-020-02618-5