Una mascota es un miembro más de la familia, e incluso un compañero más cercano que cualquier allegado con el que vivamos. Su pérdida también puede resultar tan dolorosa como la de un familiar, e incluso desencadenar depresión en algunos casos, por lo que no debe ser menospreciada.

Un estudio publicado en European Child & Adolescent Psychiatry arrojó nueva evidencia de ello, la cual merece atención. Según los investigadores Hospital General de Massachusetts (MGH), la muerte de una mascota puede desencadenar un profundo dolor que, prolongado, podría conducir a problemas de salud mental en el futuro.

Exposición a la muerte de una mascota querida

El equipo de MGH utilizó los datos recolectados de 6.260 niños en el Estudio Longitudinal de Padres e Hijos de Avon (ALSPAC), en Bristol, Inglaterra, para rastrear los casos de pérdida de una mascota desde una temprana edad hasta los ochos años.

Mejor conocido como “Niños de los 90”, el estudio recopiló una amplia variedad de información de madres y niños nacidos en el antiguo condado de Avon, Inglaterra durante 1991 y 1992.

Descubrieron que el 63 por ciento de los niños incluidos en la cohorte estuvo expuesto a la muerte de una mascota durante sus primeros siete años de vida. Pero también que un fuerte apego emocional de los niños hacia sus mascotas podría dar lugar a un angustia psicológica tal que podría detonar depresión en niños y adolescentes hasta tres años o más después de su pérdida.

“Una de las primeras pérdidas importantes que encontrará un niño probablemente sea la muerte de una mascota, y el impacto puede ser traumático, especialmente cuando esa mascota se siente como un miembro de la familia”, dice Katherine Crawford, CGC, anteriormente en el Center for Genomic Medicine at MGH y autor principal del estudio.

Asociación independiente de la edad y de cuán reciente fuera la pérdida

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La relación entre la pérdida de la mascota y la afección psicológica posterior fue más pronunciada en niños que en las niñas.

También descubrieron que la relación entre la muerte de la mascota y el aumento de la psicopatología fue más fuerte en los varones que en las hembras, lo cual llamó la atención de los investigadores. Además, la intensidad de esta asociación era independiente de la etapa de la infancia, así como de qué tan recientemente había ocurrido la pérdida.

Los autores atribuyen este hallazgo en particular a “la durabilidad del vínculo con las mascotas que se forma a una edad muy temprana y cómo puede afectar a los niños a lo largo de su desarrollo”.

“Observamos que la asociación entre la exposición a la muerte de una mascota y los síntomas psicopatológicos en la infancia se produjo independientemente del estado socioeconómico del niño o de las dificultades que ya había soportado en su juventud”, añadió el autor principal del estudio, Erin Dunn, ScD, MPH, quien es miembro del Centro MGH de Medicina Genómica y el Departamento de Psiquiatría.

Y es que tener una mascota se ha asociado con el aumentode la empatía, la autoestima y la competencia social. Además, investigaciones previas habían informado que los niños suelen recurrir a sus mascotas cuando necesitan consuelo, o expresar sus miedos y emociones.

Sin lugar a dudas, los animales en casa juegan un papel importante en el desarrollo de las habilidades sociales en los niños. Por ello, los investigadores hacen énfasis en la necesidad de que los padres, cuidadores y pediatras presten atención a las reacciones psicológicas a corto y largo plazo de los niños ante la muerte de una mascota.

“Podrían ser signos de un duelo complicado y tener a alguien con quien hablar de manera comprensiva o terapéutica puede ser extremadamente útil para un niño que está en duelo”, concluyó Crawford.

Referencia:

The mental health effects of pet death during childhood: is it better to have loved and lost than never to have loved at all? https://link.springer.com/article/10.1007/s00787-020-01594-5