La pandemia de COVID-19 dejó en evidencia vulnerabilidades en los sistemas sanitarios de hasta los países más desarrollados, especialmente durante el primer semestre de 2020. Pero el impacto no se limitó únicamente al sector salud, sino a prácticamente todo aquello en lo que intervienen los seres humanos: producción de alimentos, preservativos, educación, entre otros sectores de la economía.

Lo curioso es que este daño ha sido causado por un patógeno que ni siquiera podemos ver a simple vista. ¿Qué sería de nuestro mundo si un agente mayor, como una bomba nuclear, se abalanzara sobre nosotros?

Los investigadores de Reino Unido han estado indagando en ello. En un artículo publicado en Bulletin of the Atomic Scientists plantean que muchas de las lecciones que nos ha dejado esta pandemia podrían aplicar también para una crisis mundial causada por un incidente nuclear u otros fenómenos catastróficos.

Los autores argumentan que las repercusiones de un incidente o ataque nuclear podrían superar con creces el impacto que ha tenido la actual pandemia en los servicios de salud, la interrupción de la vida normal y las restricciones civiles. Y como consecuencia, la infraestructura básica de gobierno, finanzas, comunicaciones y suministro de alimentos se vería gravemente afectada.

Preocupación mínima por una amenaza oculta

Sin embargo, la prevención no se puede dejar solo en manos de los gobiernos y, al aprender las lecciones de la pandemia de COVID-19 y aplicarlas al ámbito nuclear, los ciudadanos comprometidos pueden ayudar a reducir los riesgos.

Comparado con los temores que inundaban a la población en la década de 1980, la preocupación pública por este tema ha menguado al punto de llegar al escepticismo, un distintivo de la generación actual.

Esto puede atribuirse a una amplia variedad de factores, entre los cuales destaca la escasa atención pública hacia aquellos problemas que existen y son evidentes, pero que no afectan directamente a ciertos grupos. Pero también la sensación de impotencia e incapacidad para prevenir eventos catastróficos, sean o no causados por la mano del hombre.

Pero el hecho de que la preocupación sea mínima no implica que la amenaza también lo sea. En general, el riesgo de un evento nuclear es difícil de estimar, incluso entre los más expertos, ya que estos desarrollos por lo general están ocultos. Sin embargo, modelos previos estimaron un riesgo de 50 por ciento de que un solo incidente nuclear provoque la muerte de un millón de personas durante los próximos 50 años.

Prevención de amenazas nucleares

La cooperación internacional es vital para la mitigación de los riesgos nuclear, y esta va enmarcada en acuerdos como el Tratado de No Proliferación Nuclear firmado en 1968 y el nuevo acuerdo START entre los Estados Unidos y Rusia.

Pero esta cooperación debe fomentar también medidas más específicas como contabilizar todo el material nuclear existente en el mundo, y garantizar que estos cumplan con todos los parámetros de seguridad.

Si no hay prevención, entonces hay que prepararse

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El mundo no estaba preparado para abordar con los problemas que trajo la COVID-19, y probablemente tampoco lo esté para incidentes nucleares.

Cuando existe riesgo de una catástrofe global de cualquier tipo, la prevención es la clave. Pero como indica el coautor del estudio, el profesor Richard Lilford del Instituto de Investigación en Salud Aplicada de la Universidad de Birmingham, “si la prevención no es posible, la atención debe centrarse en la preparación”.

La pandemia de COVID-19 es un claro ejemplo de ello. La mayoría de los países no estaba prepararon para abordar de manera eficaz la enfermedad, a pesar de que esta tiene características similares a las de pandemias pasadas. Así pues, si no había preparación para algo tan común como la zoonosis, no es descabellado pensar que tampoco la hay para los incidentes nucleares.

Si esto llegase a ocurrir, nuevamente observaríamos pánico generalizado, escasez de alimentos, equipos y medicamentos y almacenamiento, y probablemente a una escala mucho mayor.

“Un ataque casi con certeza significaría la reducción de las libertades civiles,enfatizando la importancia de un mensaje claro e inequívoco por parte de gobiernos confiables, un desafío que se ha mantenido al frente de la respuesta al COVID-19”.

¿Cómo prepararse para un desastre nuclear?

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La educación y la participación de las personas para un escenario nuclear son dos puntos importantes que podrían conducir a un manejo adecuado de los inconvenientes derivados de este.

Peter Chilton, coautor e investigador del Instituto de Investigación en Salud Aplicada de la Universidad de Birmingham, considera que la educación y la participación son dos puntos claves en la preparación para un desastre global.

“En la actualidad, el público probablemente esté menos familiarizado con los conceptos básicos de la energía nuclear armas y riesgos nucleares que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, de la misma manera que hemos visto con temas como el cambio climático, es esencial que se haga más para educar a las personas sobre estos riesgos”.

La actualidad que vivimos dista mucho de la que vivieron las personas durante la primera mitad del siglo XX, por lo que es razonable que las preocupaciones también sean diferentes. Sin embargo, el riesgo sigue allí, los desarrollos nucleares sigue en pie, por lo que las lecciones de esta pandemia deben servir de motivación para la preparación del público.

Referencia:

Nuclear war, public health, the COVID-19 epidemic: Lessons for prevention, preparation, mitigation, and education. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00963402.2020.1806592