Actualmente, la preocupación asociada al COVID-19 no se limita únicamente a que se consigan y aprueben los tratamientos y las vacunas, sino también al alcance que tendrá su distribución.

La preocupación es válida, sobre todo si consideramos que algunos países ya están haciendo las gestiones para apartar un buen suministro en cuanto estén listas. Esto quiere decir que buena parte de lo que las farmacéuticas empiecen a distribuir, una vez aprueben su candidata, ya tendrá dueño, y probablemente muchos deban esperar para poder protegerse contra el coronavirus.

Por supuesto, esto no es algo que haya pasado desapercibido por las autoridades sanitarias del mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), los gobiernos y las empresas involucradas han hablado de un compromiso de distribución “justa y equitativa”, ¿pero es posible cumplirlo en el mundo y situación que vivimos?

Conscientes de las dificultades y de la necesidad de garantizar un amplio alcance de dichos medicamentos, 19 expertos en salud global han trabajado juntos para proponer un nuevo plan de distribución de vacunas en tres fases.

El plan, denominado “Modelo de Prioridad Justa”, se publicó esta semana en la revista Science. De adoptarse, este podría garantizar el suministro justo y reducir las muertes prematuras y las consecuencias a largo plazo que conlleva la infección de COVID-19.

Planes actuales de distribución de la vacuna tienen fallas graves

Algunos expertos argumentan que los primeros receptores de la vacuna contra COVID-19 deberían ser los individuos en la primera línea de batalla contra la enfermedad: los trabajadores de la salud. Asimismo, las poblaciones de alto riesgo y las personas mayores de 65 años. Mientras que otros expertos sugieren que las vacunas deben proporcionarse en función de las poblaciones de cada país.

Ambos enfoques suenan bastante justos, pero también tienen “fallas graves”, según Ezekiel J. Emanuel, MD, PhD, vicerrector de Iniciativas Globales y presidente de Ética Médica y Política de Salud en la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, quien dirigió el estudio.

“La idea de distribuir vacunas por población parece ser una estrategia equitativa. Pero el hecho es que normalmente distribuimos las cosas en función de la gravedad del sufrimiento en un lugar determinado y, en este caso, argumentamos que la medida principal del sufrimiento debería ser el número de muertes prematuras que una vacuna evitaría”.

Tres valores fundamentales para distribuir las vacunas contra COVID-19

Los autores del estudio dicen que se deben tomar en cuenta tres objetivos fundamentales a la hora de distribuir la vacuna contra la COVID-19. Estos son: beneficiar a las personas y limitar el daño que causa la enfermedad, priorizar a los desfavorecidos y dar igual preocupación moral a todos los individuos.

El Modelo de Prioridad Justa se ha elaborado en función de estos. Primero, busca mitigar tres tipos de daños que causa la COVID-19: muerte, daño permanente de los órganos y el colapso de los sistemas de atención médica y la destrucción económica que, de manera indirecta, también tienen consecuencias graves sobre la salud de las personas.

Un modelo de tres fases

La Fase 1 del Modelo de Prioridad Justa propuesto está dirigida al objetivo principal de las vacunas, que es prevenir la muerte, en especial la muerte prematura, por la nueva enfermedad. Las muertes prematuras se determina calculando los “años de vida estándar esperados perdidos” y constituyen una métrica de salud global muy utilizada.

Para la Fase 2 se utilizarían dos métricas, que abordarían la mejora de la económica general y el grado en que las personas se salvarían de la pobreza, dos de los daños más graves que ha causado esta pandemia. En la Fase 3 se daría prioridad a los países que tienen tasas de transmisión más altas.

Sin embargo, los autores reconocen que aún así, todos los países deberían recibir suficientes vacunas para detener la transmisión. Para ello, sería necesario que entre el 60 y 70 por ciento de la población sea inmune.

“Dependerá de los líderes políticos, la OMS y los fabricantes implementar este modelo”, añadió Emanuel. “Los responsables de la toma de decisiones están buscando un marco para garantizar que todas las personas en el mundo puedan vacunarse, de modo que podamos detener la propagación de este virus”.

En esta pandemia se han contagiado 26 millones de personas en todo el mundo, y la cifra promete aumentar, pero esto no quiere decir que la demanda de una vacuna disminuirá en un futuro. Aún hay dudas sobre cómo evolucionará la enfermedad, pero es mejor estar preparados.

Referencia:

Who should get the COVID-19 vaccine first? https://www.eurekalert.org/pub_releases/2020-09/uops-ws082820.php