La humanidad, y en especial la comunidad científica, fue sorprendida a finales de agosto cuando se supo de un hombre de Hong Kong que se había contagiado nuevamente con COVID-19. Los resultados presentados eran preliminares, pero también sugerían que la infección ocurrió por una cepa diferente del SARS-CoV-2, coronavirus causante de la enfermedad.

Desde entonces, el tema de la inmunidad contra esta enfermedad ha sido motivo de intensa discusión, sobre todo en lo referente al desarrollo de las vacunas y la aplicación de suero convaleciente. A pesar de ser prometedoras, el impacto a gran escala de ambas opciones sigue siendo incierto.

Los científicos nunca garantizaron que los anticuerpos generados después de experimentar la infección garantizaran inmunidad frente a una futura exposición. Al contrario, basado en la experiencia y la gran cantidad de evidencia, la eficacia de esta dependerá de muchos factores, como la especificidad de los anticuerpos, la edad, las condiciones de salud de cada individuo, entre otros. De modo que, en algunos casos, esta podría ser menor (o más corta) que en otros.

Sin embargo, un nuevo estudio realizado en Islandia y publicado en The New England Journal of Medicine alienta a los médicos a apresurar el desarrollo de las vacunas. Hay indicios de que la inmunidad contra el COVID-19 podría no ser tan corta como se pensaba.

Anticuerpos contra el coronavirus podrían durar más de lo que se pensaba

Los investigadores de deCODE Genetics, subsidiaria de la empresa estadounidense de biotecnología Amgen, con sede en Reykjavik, Islandia, recolectaron datos entre los 30,000 residentes islandeses a los que se les aplicó la prueba diagnóstica para COVID-19.

Entre los que dieron positivo, 487 también se habían sometido a múltiples pruebas de anticuerpos, cuyos resultados revelaron que, en los primeros dos meses posteriores a su diagnóstico, los anticuerpos contra el coronavirus aumentaron significativamente.

Dos meses después, los niveles de anticuerpos de dichos pacientes se mantuvieron estables, lo que sugiere que la inmunidad contra este patógeno en particular puede durar al menos cuatro meses.

Entre otros hallazgos, informan que, en particular, las mujeres, las personas que no fuman y los pacientes mayores tenían los niveles más altos de anticuerpos. Aquí también se incluyen los individuos que habían sufrido la infección en su forma más grave.

Ganar tiempo mientras se desarrollan las vacunas

Estudios previos que evaluaban los anticuerpos contra el SARS-CoV-2 indicaban que la inmunidad tras la infección podría ser de corta duración, lo que sugería que las personas podrían infectarse nuevamente en poco tiempo.

Los investigadores de la de Harvard y los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. publicaron un comentario adjunto al estudio, en el que reconocen que, aunque la población islandesa es bastante homogénea, los resultados son esperanzadores.

“Este estudio ofrece la esperanza de que la inmunidad del huésped a este virus impredecible y altamente contagioso no sea fugaz y puede ser similar a la provocada por la mayoría de las otras infecciones virales”.

Si los resultados aplican también para otras poblaciones, entonces las autoridades y los científicos podrían ganar tiempo mientras desarrollan y aprueban las vacunas. Actualmente hay muchos proyectos en marcha, algunos de los cuales ya han publicado buenos resultados, pero por el momento, el llamado sigue siendo la prevención.

Referencia:

Humoral Immune Response to SARS-CoV-2 in Iceland. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2026116?query=featured_coronavirus