Crédito: Contactophoto/Zuma Pres/Fabio Teixeira.

La pandemia del coronavirus ha continuado extendiéndose por el mundo sin que nuestros esfuerzos logren frenarla verdaderamente. Para estos momentos, ya 25,3 millones de personas se han contagiado y 848 mil han muerto por su causa.

En medio de todo esto, el mundo ha redoblado sus esfuerzos para poder desarrollar un modo de poner un alto definitivo a la enfermedad. Para esto, ya se han creado variadas vacunas candidatas que podrían ser una solución final para la pandemia del COVID-19.

Sin embargo, ninguna de ellas puede usarse generalizadamente hasta que pase por todas las pruebas y regulaciones reglamentarias. Para poder llevarlas a cabo, ya varias iniciativas han elegido a Brasil (una de las naciones más afectadas por el coronavirus, con más de 3.95 millones de contagiados) como la base en la cual desarrollar las investigaciones.

No es un secreto para nadie que la nación brasilera ha tenido un manejo cuestionable de la pandemia dentro de su propio territorio. Sin embargo, esto no parece ser un impedimento para que Brasil se convierta en una de las mejores alternativas para probar las vacunas y desarrollarlas, ¿por qué?

Viendo desde otra perspectiva

Los científicos e investigadores han llegado a considerar la situación de Brasil como una “oportunidad de oro” para la investigación del SARS-CoV-2 y sus efectos. Aunque claramente las políticas de gestión del COVID-19 en el territorio han sido casi inexistentes, esto ha creado un ambiente en el que existen altas tasas de transmisión comunitaria del virus.

Según señala el experto en epidemiología e inmunización de la Universidad George Washington (EE.UU.) y exsubdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el doctor Jon Andrus, dichas altas tasas de transmisión son un punto vital que se requiere entre los criterios necesarios para poder probar eficientemente una vacuna en un territorio.

Sin embargo, esto por sí solo no es suficiente. En el mundo existen ya otras naciones que también se han visto fuertemente golpeadas por la crisis de la pandemia. Pero Brasil se destaca entre ellas no solo por la magnitud del impacto, sino por la infraestructura de salud que rodea su crisis actual.

A pesar de que los contagios son numerosos y la situación crítica, el país cuenta con la infraestructura suficiente para realizar estudios profundos sobre el SARS-CoV-2. Es debido a este detalle que Brasil se ha convertido en un “laboratorio perfecto” para el estudio de esta nueva y peligrosa enfermedad, según comentó Andrus a BBC Mundo.

Como algunos ejemplos de instituciones que podrían cumplir con estas características, Andrus cita a Fiocruz (Fundación Oswaldo Cruz) en Río de Janeiro y al Instituto Butantan, de Sao Paulo.

Una trayectoria productiva imposible de ignorar

Por otra parte, un punto que también debe ser considerado a profundidad es que la nación también cuenta con la infraestructura suficiente para convertirse en un centro de producción de vacunas contra el COVID-19.

Mencionando de nuevo a Fiocruz, podemos hablar directamente de su planta de producción Bio-Manguinhos. La fábrica no solo es altamente conocida en el territorio brasilero, sino que también tiene una gran importancia en toda América Latina. Todo esto debido a que se ha convertido en uno de los centros de producción de vacunas más grandes del centro y sur del continente americano.

Vacunas para la fiebre amarilla, la tuberculosis y el sarampión, entre otras, se producen por millones en sus instalaciones. Este detalle ayuda a cubrir en gran parte la demanda no solo de su propio territorio, sino también la de otras naciones.

Por su parte, otras organizaciones como el Instituto Butantan también brillan por su fuerza productiva. Por ejemplo, este se destaca por ser el principal productor y distribuidor de vacunas contra la influenza del sur del continente. En estos mismos momentos, su capacidad de producción llega con facilidad hasta las 100 millones de dosis.

El interés de las farmacéuticas

Justo en estos momentos, dos vacunas candidatas están realizando las investigaciones de su fase tres en el territorio brasilero. Por un parte, la vacuna de la farmacéutica AstraZeneca y la Universidad de Oxford se encuentra en colaboraciones con Fiocruz. Por otro lado, la iniciativa de la farmacéutica china Sinovac está trabajando mano a mano en una colaboración con el Instituro Butantan.

Ahora, otro par de vacunas podrían llegar pronto a su territorio si todo se desarrolla según lo esperado. Para este caso, las nuevas investigaciones vendrían de parte de dos farmacéuticas estadounidenses Johnson & Johnson y Pfizer. Hasta este momento, ambas se encuentran esperando la aprobación del país para poder llevar a cabo allí sus ensayos clínicos.

¿Qué tan avanzados están los acuerdos?

Para el caso de las primeras dos, ya muchos detalles han sido puestos sobre la mesa. Por ejemplo, AstraZeneca otorgará un lote inicial de 30 millones de dosis de la vacuna al gobierno, a cambio de una inversión de 127 millones de dólares. Esto se llevará a cabo mientras la fase de pruebas siga activa. En caso de que la vacuna resulte un éxito, Brasil tendrá los recursos y maquinarias para producir otras 70 millones de dosis. Por su parte, el convenio con Sinovac garantiza a los habitantes 120 millones de dosis de la vacuna, si esta llega a resultar efectiva.

En ambos casos, los acuerdos implican no solo que se les otorgue las dosis al pueblo brasileño. De hecho, los convenios estipulan también la transferencia de tecnología, de modo que luego el país pueda fabricar desde cero las vacunas en su propio territorio. En caso de que Pzifer y Johnson & Johnson también reciban una autorización, lo más probable es que las clausulas de su acuerdo también incluyan la transferencia de tecnología.

¿Brasil está tecnológicamente listo para asumir el reto?

A pesar de que los acuerdos parecen ir viento en popa y que, desde una perspectiva optimista, las producción y distribución de alguna vacuna contra el COVID-19 podría iniciarse en el 2021, no es tan seguro que Brasil esté tecnológicamente listo en ese momento.

El exministro de Salud de Brasil, José Gomes Temporao, le comentó a Reuters que este era un escenario poco probable. Todo debido a que, por lo general, la transferencia de tecnología de esta magnitud es un proceso que puede durar años. El exfuncionario sí reconoce que es probable que los procesos se puedan apresurar, pero no tanto.

En el otro lado de la moneda, la doctora Cristiana Toscano, experta de la Organización Mundial de la Salud, comenta que: “Todo depende de la tecnología de la que estamos hablando y de si el sitio tiene la capacidad”.

Por ejemplo, el Instituto Butantan cuenta ya con maquinarias base que le permitirían iniciar con la producción de las vacunas de Sinovac, mientras que la transferencia de maquinarias y tecnología sería menor, por lo que el lapso de espera se reduciría notablemente.

Sea Brasil el campo de pruebas perfecto o no, la verdad es que su territorio se ha convertido en un espacio valioso para cada una de las vacunas candidatas que hacen sus investigaciones allí. Sin embargo, es poco probable que todas ellas ofrezcan resultados exitosos al final de sus pruebas.

Como consecuencia, Brasil ha desarrollado hasta ahora solo planes hipotéticos. Por lo que, gran parte de su situación se definirá verdaderamente a medida que una u otra candidata se apruebe. Allí finalmente el país podrá desarrollar un plan de fabricación y distribución de vacunas específico para un solo modelo.