Si bien en la actualidad el Sol es claramente un actor solitario, algunos astrónomos han propuesto que una vez tuvo una estrella binaria compañera. Ahora, investigadores de la Universidad de Harvard añaden peso a la idea mostrando que un antiguo sistema solar binario explicaría la extraña estructura de la nube de Oort, y posiblemente del hipotético Planeta Nueve.

El Sol nació hace unos 4.600 millones de años en una gigantesca nube de polvo y gas. Pero es casi seguro que no fue el único. Si se pueden considerar otras colonias estelares, se habrían formado innumerables estrellas bebé en la misma época. La mayoría de ellas se habrían alejado poco después, extendiéndose por la galaxia.

Un mejor argumento

Pero algunos científicos creen que hay evidencia de que el Sol tuvo un gemelo. Trabajos anteriores han demostrado que muchas estrellas parecidas al Sol nacen con compañeros, formando parejas binarias.

Durante unos pocos millones de años, la mayoría se alejan para formar sistemas de una sola estrella, mientras que otras se acercan y se convierten en binarias más unidas. Si el Sol fue alguna vez la mitad de un par binario, obviamente pertenecería al primer grupo.

Si se verifica la existencia del Planeta Nueve y se encuentra una población de planetas enanos capturados de forma similar, entonces el modelo binario solar se verá favorecido.

En el nuevo estudio, los investigadores sugieren que la prueba irrefutable de la existencia de un gemelo de nuestro Sol podría estar en las afueras del sistema solar. La nube Oort es una enorme bola de objetos helados que rodea el sistema solar a una distancia estimada entre 2.000 y 100.000 unidades astronómicas del Sol. Como referencia, la Tierra está a 1 unidad astronómica del Sol.

Exactamente cómo se formó una nube de objetos tan lejana sigue siendo un misterio. Se piensa que son migajas de la formación de los planetas y lunas del sistema solar, como el cinturón de asteroides, pero ese argumento tiene algunos agujeros.

Modelo binario

En cambio, la nueva hipótesis del equipo plantea que los objetos de la nube de Oort eran más bien transeúntes que fueron capturados por la gravedad de dos soles. Como explicó el investigador Amir Siraj, académico en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard y coautor del estudio:

“Los modelos anteriores han tenido dificultades para producir la relación esperada entre los objetos de disco dispersos y los objetos externos de la nube de Oort. El modelo de captura binaria ofrece una mejora significativa, lo que es aparentemente obvio en retrospectiva: la mayoría de las estrellas parecidas al Sol nacen con compañeros binarios”.

Curiosamente, el nuevo modelo también tiene implicaciones para el Planeta Nueve, un mundo hipotético que se cree que está al acecho en la oscuridad en los límites del sistema solar. Según el equipo, la gravedad de las estrellas binarias habría capturado una abundancia de planetas enanos, incluyendo potencialmente uno más grande como el Planeta Nueve.

Los investigadores sugieren que la prueba irrefutable de la existencia de un gemelo de nuestro Sol podría estar en las afueras del sistema solar.

Eso les da a los astrónomos una forma de probar la teoría. Nuestro catálogo de planetas enanos, explican los autores, crece regularmente con la adición de mundos extraños como Farout y el Duende, y más observaciones podrían ayudar a confirmar la idea. En este sentido, el Observatorio Vera Rubin (VRO), que se espera entre en funcionamiento a principios de 2021, podría ser un buen comienzo.

Si el VRO verifica la existencia del Planeta Nueve, y un origen capturado, y también encuentra una población de planetas enanos capturados de forma similar, entonces el modelo binario se verá favorecido por encima de la solitaria historia estelar que se ha supuesto durante mucho tiempo.

En cuanto a dónde se encuentra ese gemelo solar, los investigadores señalan que lo más probable es que haya sido empujado por la gravedad de otras estrellas en el cúmulo de nacimiento, y que podría estar en cualquier lugar de la Vía Láctea.

Referencia: The Case for an Early Solar Binary Companion. The Astrophysical Journal Letters, 2020. https://doi.org/10.3847/2041-8213/abac66