Ya sea en los negocios, la política, la academia o cualquier otro ámbito, es frecuente encontrar personas intimidantes, egoístas, arrogantes y arbitrarias desempeñando cargos de liderazgo y poder.

Ver a una persona desagradable en el poder suscita la cuestión de si ser un cretino ayuda a la gente a alcanzar el poder, una pregunta que es profundamente importante y que sin embargo no ha recibido suficiente atención.

Evaluaciones de personalidad

Es una cuestión crítica para los gerentes, porque una amplia investigación ha demostrado que las personas con rasgos de personalidad egoístas y crueles en posiciones de poder son abusivos, priorizan sus propios intereses, crean culturas corruptas y, en última instancia, hacen que sus organizaciones fracasen.

Para profundizar en la cuestión de si ser un cretino ayuda a alcanzar el poder, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Berkeley realizó un estudio de personas que habían completado evaluaciones de personalidad como estudiantes de pregrado o MBA en tres universidades.

En general, los datos mostraron que aquellas personas con rasgos de personalidad egoístas, engañosos y agresivos no tuvieron más probabilidades de haber ascendido en sus trabajos.

Para ello, el equipo reclutó a 457 participantes habían completado una evaluación basada en el consenso general entre psicólogos de las cinco dimensiones fundamentales de la personalidad: apertura a la experiencia, escrupulosidad, extraversión, neuroticismo y amabilidad.

Los investigadores entrevistaron a las mismas personas más de una década después, preguntándoles sobre su poder y rango en sus lugares de trabajo, así como sobre la cultura de sus organizaciones. Adicionalmente, pidieron a sus compañeros laborales que calificaran el rango de los participantes del estudio y su comportamiento en el lugar de trabajo.

No más rápido que otros

Esto permitió a los investigadores comprender mejor por qué las personas desagradables no avanzan más rápido que otras. Aunque los idiotas tienden a tener un comportamiento dominante, su falta de comportamiento comunitario anula cualquier ventaja que les da su agresividad.

En general, los datos mostraron que aquellas personas con rasgos de personalidad egoístas, engañosos y agresivos no tenían más probabilidades de haber alcanzado el poder que aquellos que eran generosos, confiables y generalmente amables.

Esta relación se mantuvo en todo tipo de individuos (hombres y mujeres, blancos y no blancos, jóvenes y adultos mayores) y en diferentes contextos organizacionales (en culturas más y menos combativas y en organizaciones grandes y pequeñas).

Se sabe que las personas con rasgos de personalidad egoístas y crueles en posiciones de poder son abusivos, priorizan sus propios intereses, crean culturas corruptas y, en última instancia, hacen que sus organizaciones fracasen.

Los autores explicaron que eso no quiere decir que los idiotas no alcancen posiciones de poder. Es solo que no avanzaron más rápido que otros, lo que de acuerdo a los investigadores se debe a que cualquier impulso de poder que obtienen al ser intimidantes se contrarrestaba con sus malas relaciones interpersonales.

En contraste, los investigadores encontraron que las personas extrovertidas eran más propensas a haber avanzado en sus organizaciones en base a su sociabilidad, energía y asertividad, lo que respalda los resultados de investigaciones anteriores.

Estos hallazgos sugieren que ser desagradable no ayudó a esos individuos a ganar su posición de poder. En cambio, su comportamiento problemático podría ser producto de ocupar una posición de poder. En otras palabras, explican los autores, si bien la posesión del poder puede fomentar una conducta arrogante, el comportamiento desagradable no parece ayudar a las personas a ganar tales posiciones.

Referencia: People with disagreeable personalities (selfish, combative, and manipulative) do not have an advantage in pursuing power at work. PNAS, 2020. https://doi.org/10.1073/pnas.2005088117