El COVID-19 no ha detenido su paso por el mundo y a estas alturas ya ha superado los 25 millones de casos en todo el planeta. Asimismo, sus víctimas mortales ya han ascendido a más de 844 mil.

A medida que el tiempo pasa, la sociedad busca más formas de combatir al peligroso nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, y de perfeccionar los métodos que ya tiene. Como una gran fuente de información y también de reafirmación, un artículo divulgativo en el medio The Conversation escrito por la doctora Monica Gandhi hace referencia a varias investigaciones que sustentan el uso de una de las mejores armas que hemos tenido contra el COVID-19: la mascarilla.

Para estos momentos, incluso existen países como Estados Unidos en el que el uso de las mascarillas ha sido rechazado por parte de sus ciudadanos. No obstante, la evidencia científica ha recalcado una vez más lo vital de esta medida de protección. Todo debido a que con ella no solo disminuyen las posibilidades de contagio, sino también la intensidad de los cuadros sintomáticos.

Las mascarillas y el coronavirus

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Monica Gandhi médico especializado en el campo de enfermedades infecciosas. Asimismo, trabaja actualmente como profesora de medicina en la Universidad de California, San Francisco. Sin embargo, su labor no termina allí puesto que, como parte del departamento de Enfermedades Infecciosas y Medicina Global también se mantiene realizando investigaciones continuas.

Por lo general, está enfocada en el estudio de otros virus como el VIH, sin embargo, la situación actual ha hecho que ella y muchos otros profesionales cambien su campo de estudio temporalmente para poder enfocar todos sus esfuerzos en derrotar a nuestro enemigo común: el SARS-COV-2.

Este lunes, junto a Chris Beyrer y Eric Goosby, publicó en Journal of General Internal Medicine su más reciente trabajo. En este, describen el rol no solo preventivo sino también protector que tienen las mascarillas contra el COVID-19.

Como lo hemos mencionado, estas han sido una herramienta crucial y se han presentado como el mecanismo perfecto para evitar los contagios en espacios concurridos o densamente poblados. No obstante, un beneficio extra que parecen presentar también tiene que ver con la manifestación de la enfermedad. Según las declaraciones de Gandhi, Beyrer y Goosby, estas también son un método altamente efectivo para evitar desarrollar un caso grave de coronavirus.

Menos virus = Menores síntomas

Uno de los primeros puntos de Gandhi toca en su escrito tiene que ver con las capacidades de infección de los virus dependiendo de las cantidades en las que estos ingresen al organismo. A dichas cantidades o dosis también de las identifica como inóculo viral.

“Si la dosis de exposición es muy alta, la respuesta inmune puede verse abrumada. Entre el virus que se apodera de una gran cantidad de células y los drásticos esfuerzos del sistema inmunológico para contener la infección, se hace mucho daño al cuerpo y una persona puede enfermarse gravemente”, dice Gandhi.

Por otro lado, la médico también resalta que, por otro lado, si se logra disminuir el tamaño del inóculo viral que llega al organismo, entonces el sistema inmunológico tendrá una oportunidad mayor de hacer frente a la infección. Como resultado, podemos toparnos con casos en los que los síntomas sean mínimos o incluso inexistentes.

Gandhi citó algunos estudios que presentaron antecedentes para esta teoría. En primer lugar mencionó uno publicado en el 2015 en la revista científica Clinical Infectious Diseases. Este se realizó en humanos y se utilizó un virus no letal para medir las diferencias de potencia en las infecciones según el tamaño de la dosis. Algo similar se realizó también este año en un modelo animal utilizando hámsters, cuyo resultado se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences of The United States of America.

Sabemos ya que el SARS-CoV-2 puede infectar incluso a través de las micropartículas de saliva que emitimos al hablar. Por esto, la meta es evitar que demasiadas de estas lleguen al ambiente o que, en última instancia, no se puedan abrir paso hasta nuestros pulmones. Es acá donde entran en juego las mascarillas.

Mascarillas como protección contra casos graves de COVID-19

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“Si bien ninguna máscara es perfecta, el objetivo no es bloquear todo el virus, sino simplemente reducir la cantidad que puede inhalar. Casi cualquier máscara bloqueará con éxito alguna cantidad”, afirmó Gandhi en su escrito.

Este es un punto importante que se debe abordar desde el principio. Cada investigación que se ha realizado comprueba que en efecto las mascarillas son un gran aliado a la hora de disminuir las posibilidades de contagio. Pero esto no implica que sean un seguro absoluto contra la enfermedad. Afortunadamente, una posibilidad menor de contagio no es todo lo que estas pueden ofrecer.

Investigaciones como las publicadas recientemente en The Annals of Occupational Hygiene muestran que las mascarillas (tanto quirúrgicas como de tela) pueden detener hasta el 80% de los virus que viajan en micropartículas a través del aire. Como consecuencia, queda claro que el inóculo viral que podría entrar a nuestro organismo es mucho menor.

Otra investigación realizada en un modelo animal, también con hámsters, ha puesto esto directamente a prueba. Sus resultados, publicados en Clinical Infectious Diseases, también demostraron que aquellos hámsters cuyos espacios estuvieron protegidos con tela de mascarilla, tuvieron no solo una incidencia menor de contagios, sino que todos los casos fueron mucho menos severos que las jaulas que estaban desprotegidas.

Las mascarillas aumentan la posibilidad de ser un caso asintomático

En la actualidad, Gandhi recalca que organismos como los CDC de Estados Unidos ya han calculado que un 40% de los casos de COVID-19 en el mundo han de ser asintomáticos. Como consecuencia, a pesar de que la persona se contagia con la enfermedad, esta no lo afecta en absoluto, mientras su organismo igualmente crea anticuerpos.

Debido a las bajas dosis que las mascarillas dejan pasar al organismo, la posibilidad de que la enfermedad no pueda manifestarse con fuerza aumenta. Igualmente, esto le da más tiempo al cuerpo para reaccionar y defenderse. Como consecuencia, el caso de infección tiene posibilidades de volverse lo suficientemente leve como para considerarse asintomático.

En resumen, las utilidades de la mascarilla no solo la presentan como una herramienta para ralentizar la propagación del SARS-CoV-2, sino como un mecanismo para proteger activamente a los ciudadanos contra sus efectos más graves.

“El objetivo de cualquier herramienta para combatir esta pandemia es frenar la propagación del virus y salvar vidas. El enmascaramiento universal hará ambas cosas”, concluye Gandhi.

Referencia:

Masks Do More Than Protect Others During COVID-19: Reducing the Inoculum of SARS-CoV-2 to Protect the Wearer: https://doi.org/10.1007/s11606-020-06067-8

Validation of the Wild-type Influenza A Human Challenge Model H1N1pdMIST: An A(H1N1)pdm09 Dose-Finding Investigational New Drug Study: https://doi.org/10.1093/cid/ciu924

Syrian hamsters as a small animal model for SARS-CoV-2 infection and countermeasure development: https://doi.org/10.1073/pnas.2009799117

Simple Respiratory Protection—Evaluation of the Filtration Performance of Cloth Masks and Common Fabric Materials Against 20–1000 nm Size Particles: https://doi.org/10.1093/annhyg/meq044

Surgical Mask Partition Reduces the Risk of Noncontact Transmission in a Golden Syrian Hamster Model for Coronavirus Disease 2019 (COVID-19): https://doi.org/10.1093/cid/ciaa644