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La pandemia del coronavirus no se ha detenido ni por un segundo. Mientras se agarre se ha hecho más ligero el algunas partes del mundo, este ha aumentado en otras. Igualmente, ahora se encuentra en un aparente regreso a las áreas que ya había visitado.

En estos momentos, la mejor arma que tenemos contra el COVID-19 es la experiencia que hemos acumulado al convivir con él durante este último año. Sin embargo, esta solo puede sernos de utilidad a medida que podamos poner los conocimientos adquiridos a prueba en ensayos científicos que nos garanticen no solo su efectividad contra el coronavirus, sino también la seguridad de su uso en humanos.

En general, estos ensayos incluyen el uso de modelos animales en los que los monos son actores frecuentes. Debido a las similitudes entre nuestros sistemas inmunológicos, son unos de nuestros mejores equivalentes a la hora de evaluar nuestra posible respuesta a vacunas y medicamentos.

Hasta ahora, su participación ha sido altamente valiosa para el desarrollo de posibles compuestos capaces de hacer frente al SARS-CoV-2. No obstante, a medida que la pandemia avanza la población de monos disminuye cada vez más y ya Estados Unidos ha llegado a su límite enfrentando una escasez de primares en uno de los momentos más cruciales, reportó The Atlantic.

Falta de preparación y un problema que se desarrolló en el tiempo

Sin embargo, la escasez de monos para investigación en laboratorios no se trata de un problema que solo el COVID-19 haya traído a Estados Unidos. De hecho, reportes de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) hacen ver que desde el 2018 el problema de una posible escasez de monos ya se veía venir.

Como contramedida para esta situación, los NIH propusieron la creación de una reserva en la que poder mantener de forma estable la población de monos. Lastimosamente, el proyecto nunca se llevó a cabo.

Como consecuencia, ahora en el 2020, cuando la demanda de monos para investigaciones ha aumentado exponencialmente, ya simplemente no hay suficientes para atender a todas las peticiones. En otras palabras, el mundo de la ciencia en Estados Unidos ya no cuenta con suficientes sujetos de prueba en los que hacer las investigaciones. Todo debido a que no se tomaron las medidas pertinentes cuando el problema salió a la luz años atrás.

El COVID-19 cortó cadenas de suministro críticas

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Por si fuera poco, la pandemia causada por el nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, no solo aumentó la demanda de primates. En realidad, esta también se ha convertido en un gran impedimento para su distribución.

Por lo menos para Estados Unidos, la situación actual se ha convertido en un gran problema. En épocas anteriores, 3 de cada 5 monos eran enviados desde China.

Ahora, debido a los problemas del coronavirus, esta ha establecido estrictas medidas de control en la venta y traslado de su vida salvaje. Debido a esto, los científicos chinos deben pasar por toda una serie de etapas y controles para poder finalmente conseguir que se asigne un grupo de estos animales a su investigación.

Por otra parte, aún no se ha creado un procedimiento equivalente para investigadores extranjeros. Esto quiere decir que, por ahora, China solo está proveyendo a sus propios laboratorios. En consecuencia, Estados Unidos no solo experimenta una escasez de su propia reserva de monos, sino que ha perdido la posibilidad de acceder al otro 60% de primates que podría utilizar para las investigaciones en medio de la crisis.

Soluciones temporales

Por los momentos, en Estados Unidos existe una agencia denominada Aceleración de intervenciones terapéuticas y vacunas contra COVID-19 (ACTIV, por sus siglas en inglés), que es financiada por los NIH. Ahora, es esta la encargada de realizar la distribución de los simios para las investigaciones en el país. Esto dando oportunidades preferenciales a todas las relacionadas con el coronavirus claramente.

Sin embargo, esto crea dos problemas. En primer lugar, las otras investigaciones se ven entonces atrasadas, debido a que no pueden acceder a los primates que necesitan para llevarlas a cabo. Igualmente, incluso si de dedicaran los monos solo para los estudios sobre el COVID-19, la escasez sigue estando allí.

Es debido a esto que los investigadores han tratado de resolver la situación al “compartir” monos en sus investigaciones. Para esto, utilizan un mismo grupo control (uno que no recibe tratamientos o medicamentos de ningún tipo) para comparlarlo con dos o más grupos experimentales de diversas investigaciones.

De este modo, se intentan maximizar las capacidades de investigación con un número finito de monos. No obstante, tal como lo hemos dicho, esto se trata de una solución temporal, ya que tarde o temprano se descastarán de todos modos las reservas de monos.

¿Soluciones a largo plazo?

Por este motivo, se considera que es imperante que se trabaje en programas que críen a más primates para investigaciones, de forma que se pueda reponer la población. El problema acá radica en que, incluso si se empezara el programa hoy, se requerirían años para poder recoger los frutos del esfuerzo. Pero esta vez el tiempo no se encuentra de nuestro lado ya que, mientras esperamos a que una nueva generación llegue a sustituir a la anterior, el coronavirus no dará tregua.