El informe EAT-Lancet constituye la primera revisión científica completa que propone una dieta saludable para los seres humanos a partir de un sistema alimentario sostenible. Este muestra que cada vez hay más consenso entre los expertos en alimentación, nutrición y medio ambiente del mundo sobre la necesidad de cambiar nuestros hábitos de consumo por unos más saludables y amigables con nuestro entorno.

“Los sistemas alimentarios tienen el potencial de nutrir la salud humana y apoyar la sostenibilidad ambiental; sin embargo, actualmente amenazan a ambos”, indicaron los autores en la declaración de apertura del Informe EAT-Lancet publicado el año pasado.

En vista de ello, sugieren que los humanos adopten una “dieta universal de referencia saludable” basada en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y frutos secos y baja en rojas, azúcar y alimentos altamente procesados. Sí, totalmente diferente a la de muchas sociedades en la actualidad.

Pero para lograr esto, es necesario cambiar los sistemas alimentarios. No es tarea fácil, y tampoco imposible, pero los expertos coinciden en que lograrlo requerirá un nivel de cooperación mundial sin precedentes.

Además, estos cambios a gran escala deberán abordarse desde cinco aspectos: economía, política, normas culturales, equidad y gobernanza, para lo cual deberá haber investigaciones y acciones contundentes, según indican en su artículo publicado en Nature Food.

Ciencias económicas

Suena fácil proponer la adopción de una dieta saludable y sostenible en todo el mundo, pero ponerlo en práctica puede llegar a ser más difícil de lo que nos podemos imaginar. Sabemos que la disponibilidad de alimento no es igual en todo el mundo, y que las condiciones económicas particulares de cada lugar son un obstáculo difícil de vencer.

Comer todo lo mencionado anteriormente puede ser fácil si se tiene dinero, acceso a proveedores, y tiempo para prepararlo, pero que estas tres condiciones se presenten simultáneamente es difícil.

Partamos del hecho de que, actualmente, se estima que 1,600 millones de personas no tienen dinero suficiente como para poder alimentarse como deberían. A ello sumamos las altas tasas de desperdicio de comida, las prácticas de producción y los derechos sobre las tierras.

Política

Parte importante de la humanidad padece problemas alimenticios tan extremos como la obesidad y la desnutrición, así como los derivados de dietas deficientes. La regulación actual contra los alimentos poco saludables es realmente escasa, y esto es algo que debería cambiarse para poder lograr la adopción universal de la dieta saludable y sostenible.

Los autores del informe destacan que apoyar a los pequeños agricultores del mundo, responsables de la producción de alimentos naturales y saludables, puede contribuir en los cambios que se quieren lograr.

Asimismo, resulta necesario invertir más fondos públicos en la investigación y desarrollo de alimentos realmente nutritivos que también puedan motivar y beneficiar a los pequeños productores.

Normas culturales

Las nuevas políticas también deben guiar cambios de mentalidad, estimulando sentimientos públicos que incentiven a las personas a comprar productos locales que cumplan con su salud y la del planeta.

“Guiar las normas culturales hacia la sostenibilidad también puede ser un desafío, más aún debido a la infinita diversidad de dietas de un lugar a otro, y la base de evidencia débil o incompleta sobre la cual alentar estos cambios”.

Aquí podría ayudar también concientizar a la población respecto a los graves riesgos asociados a la alimentación deficiente, identificar los productos más nocivos y ayudarlos a descartarlos por sí mismos.

Esto también podría motivar a los productores de alimentos multinacionales a aplicar cambios en sus estrategias y colaborar con el nuevo objetivo en función de los nuevos intereses de mercado.

Equidad

Carne, Carnicero, Pantalla, Escaparate, Fresco, Rojo
La recomendación general apunta a una reducción del consumo de carne, pero puede que algunas comunidades requieran incrementar su consumo.

Aquí retomamos la idea de las desigualdades sociales y económicas, pues bien sabemos que en el planeta no todos tienen acceso a los mismos recursos alimenticios, y que incluso la disponibilidad de estos puede variar según fenómenos estacionales y climáticos.

La recomendación de la comisión EAT-Lancet apunta a reducir el consumo de carne mundial en un 50 por ciento, ya que esto podría traer beneficios importantes en la salud humana y la salud del planeta. Pero puede que algunas personas necesiten consumir más carne de la que consumen actualmente por sus condiciones de vida particulares.

Tenemos que las políticas relacionadas con el consumo de carne deben adaptarse a los contextos locales, que son bastante variados. Tal como indican los autores en su documento:

“Más allá de este ejemplo específico, el debate sobre la transformación de los alimentos también debe considerar cuestiones de justicia social al tiempo que se evita promover el mensaje de que los cambios solo involucran a los países de ingresos altos”.

Gobernancia

Y una de las partes más difíciles es convencer a los gobiernos de la necesidad de modificar los sistemas alimentarios, y que estos actúen en consonancia con otros para poder lograr la meta.

“Existe una necesidad urgente de equipar a los tomadores de decisiones en todos los niveles con conocimientos y habilidades para operar en este espacio”, escribe Christophe Béné de la Alianza de Bioversity International y el CIAT, quien dirigió el estudio.

Reconocen que este paso no será sencillo, sobre todo tomando en cuenta las competencias habituales entre potencias, y la gran cantidad de pendientes que deben abordar los gobiernos, pero será necesario por el bien de nuestra existencia.

Referencia:

Five priorities to operationalize the EAT–Lancet Commission report. https://www.nature.com/articles/s43016-020-0136-4