Si bien es cierto que las plataformas de streaming actualmente están enfocadas en crear sus propias producciones, haciendo lo que conocemos como “contenido original”, para nadie es un secreto que, esos mismos servicios de transmisión realizan enormes inversiones para ofrecer contenido “clásico” en sus listas de programación.

Cuando nos referimos a contenido clásico queremos decir series que ya cumplieron su tiempo en la televisión y fueron comprados por las plataformas de streaming para ofrecerlas completas, en un mismo espacio y para las nuevas generaciones. Como, por ejemplo, ‘Friends’, ‘The Office’ o ‘Seinfeld’.

Seguramente, algunos se recordarán que antes de la llegada de HBO Max, Netflix había sido capaz de ofrecer $100 millones por mantener a ‘Friends’ dentro de su repertorio de series, y estamos hablando de una producción que emitió su último episodio en el 2004.

Otro ejemplo clave es el de ‘Seinfeld’, cuyo último episodio fue en 1998, pero desde entonces ha formado parte de las reposiciones en algunas estaciones de televisión locales en Estados Unidos, por cable y hasta en servicios de transmisión como Hulu y Netflix.

Veinte años después de su final oficial, los 180 episodios de ‘Seinfeld’ se convirtieron en una “propiedad” que valía la pena siempre tener a la vista de todos. Los derechos de transmisión de la serie primero viajaron por Hulu, desde el 2015, sin embargo, actualmente forma parte de las propuestas del gigante del streaming, así como un acuerdo con el propio Jerry Seinfeld para producir otros proyectos derivados como ‘Comedians in Cars Getting Coffee’.

Nadie se niega a una buena “ganga”

Pero, ¿cómo es que una serie que culminó en los años noventa sigue generando montos altos, con episodios “repetidos”? Ese es el arte del reselling de contenido. Sí, así como lo escuchan. Al igual que algunas personas se dedican a la reventa de productos, las producciones cinematográficas y de televisión también puedes “revenderse”, todo gracias a las licencias de distribución.

Por ejemplo, asegurarse acuerdos de licencias forma parte de los mayores gastos de Netflix, al punto de que, para finales de 2019, la compañía contaba con un aproximado de $24.5 mil millones de activos de contenido en sus balances.

Comparado con los $20.1 mil millones del 2018, ese significa un crecimiento de alrededor $4.4 mil millones en solo 12 meses. Si nos ponemos a pensar, este 2020 debería duplicarse esa cifra, sobre todo, con todos los días en casa que se han totalizado en lo que va de año.

De esos $24.5 mil millones, un total de $14.7 mil millones corresponde al contenido con licencia, es decir, que no es original de la plataforma. Eso, comparado con los $9.8 mil millones que se invierten en contenido producido, son una clara conclusión de cómo la compañía prefiere invertir en producciones existentes –con buena trayectoria–, a solo crear contenido nuevo.

Algunos ejemplos de contenido con licencia en Netflix incluyen títulos como: ‘Shameless’ de Showtime, ‘How to Get Away with Murder’ de ABC, ‘The Office’ de Universal y ‘The Godfather’ de Paramount. Asimismo, existen los originales de Netflix que también cuentan con licencias de contenido, como: ‘House of Cards’ de MRC, ‘Orange is the New Black’ de Lionsgate y ‘The Crown’ de Sony.

Licencias que garantizan suscriptores

Sin embargo, antes de continuar, les contamos qué es un acuerdo de licencia: “es un contrato escrito entre dos partes, en el que el dueño de una propiedad permite que otra parte use esa propiedad bajo un conjunto específico de parámetros”.

Entendiendo eso, Netflix está constantemente negociando nuevos acuerdos de licencias para programas de televisión, con distintas cadenas y hasta algunos productores de películas, con el objetivo de aumentar sus ganancias en cuanto a visualizaciones. Esto quiere decir que, al invertir millones en producciones, garantizan nuevos suscriptores a su servicio.

Es evidente que cada acuerdo varía de acuerdo a las necesidades de ambas partes, pero donde ninguna de las dos salga perdiendo. Por ejemplo, un propietario de un programa de televisión podría aceptar que Netflix transmita todas sus temporadas por un espacio de tiempo de uno, tres a cinco años. Pero, dentro de ese acuerdo, pueden existir limitaciones geográficas, o limitaciones de idiomas.

Es decir, un programa de origen británico podría estar disponible para que Netflix la transmita en línea a cualquier lugar del mundo, menos Reino Unido. Una vez finalizado el acuerdo de licencia, ambas partes pueden renegociar o culminar el trato. Esto mismo ocurre en plataformas como Hulu y Amazon Prime Video.

Sin embargo, no todos puedes cubrir el costo de un acuerdo de licencia exclusiva, ya que son muchos más costosos que cualquier otro, y, es por esa razón que, podemos ver a la misma serie en otros espacios, como televisión por cable.

En vista de que los montos por un acuerdo de licencia son altos, compañías como Netflix han sido muy transparentes con sus procesos de decisión entre que programa pagar y cuál no. ¿Cómo? El gigante del streaming aprovecha los datos de sus consumidores para determinar por qué contenido están dispuestos a pagar, y se basan en gran medida en esa información para definir el costo que ofrecerán por un acuerdo de licencia.

Algunos pensarán que esa “movida” está mal, pero, a ver: ¿quién no hace una investigación precisa antes de realizar un buen gasto? Luego de perder a ‘Friends’, por HBO Max, a ‘The Office’ por NBCUniversal y Peacock, ‘Seinfeld’ podría ser un gran salvador para Netflix.

Claro, no estamos diciendo que Netflix no tiene con qué seguir en la punta de la batalla de los streaming, pero, aunque no queramos admitirlo, son esos “clásicos” de la televisión lo que nos mueve en realidad. Sobre todo, las generaciones más “viejas”.

Un joven de la generación Z probablemente considere que la Ross y Rachel es “solo tóxica”, pero para los Boomers y los Older Millennials consideran que ese dúo es mucho mejor que Betty y Jughead.

Y es que, por qué más creen que las empresas están dispuestas a reorganizar todos sus gastos, con tal de tener programas “revendidos” en sus listas. ¿La razón? Puede que para los más actuales esas producciones sean solo repeticiones, pero, para los menores de 35 años, son razón suficiente para realizar una inversión en una suscripción en algún streaming.

Un gran ejemplo, para nosotros, son: ‘The Office’ –la versión de Steve Carell– y ‘Friends’. Sin importar cuando hayan culminado sus temporadas oficialmente, el mundo no solo sigue viendo “en repetición” los episodios, sino que esperan a gritos las reuniones del reparto, para conocer una trama más actualizada.

Si somos objetivos, somos nosotros mismos: los espectadores, los que alimentamos el reselling de producciones, y, honestamente, nos importa muy poco si están en Netflix, Hulu, Amazon o HBO Max. La verdad es que seríamos capaces de tener una suscripción en cada uno si nuestros intereses estuvieran regados por el mundo. Eso, amigos, es lo que nutre a la batalla de los streaming.