La actividad física es un elemento crucial para mantener a nuestro cuerpo sano. No obstante, entre el apuro constante de nuestro día a día y la cantidad de actividades de entretenimiento sedentario a nuestra disposición, es cada vez menor el tiempo que le dedicamos a movernos y a hacer ejercicio.

Sin embargo, esta historia no es igual para todas las personas. De hecho, en ocasiones anteriores ya se ha podido evidenciar que la personalidad tiene un rol modificador en la cantidad de actividad física que realizamos diariamente.

Por este motivo, los investigadores de la Facultad de Ciencias del Deporte y la Salud de la Universidad de Jyväskylä y del Centro de Investigación en Gerontología, ambos en Finlandia, se han dedicado a investigar más a fondo esta característica para poder determinar con datos medibles lo que otras investigaciones cualitativas ya han realizado.

El rol de la personalidad en la actividad física

Específicamente, los investigadores han decidido enfocar su estudio en dos rasgos de personalidad particulares: la inestabilidad emocional (o neuroticismo) y la extroversión. La primera hace a las personas más propensas a tener sentimientos negativos, a sufrir de angustia permanente y a tener pensamientos autocompasivos. Por su parte, la segunda habla de personas altamente sociables, comunicativas y con tendencia a pensamientos positivos.

En general, ya puntos como estos se han evaluado en comparación con la actividad autoreportada de las personas. Ahora, los científicos buscan añadir un factor más objetivo al utilizar un acelerómetro que lleve un registro de la actividad física de las personas. De esta forma, se pueden contraponer los reportes dados por las personas con los números registrados por el aparato.

Sobre los casos de estudio

El estudio tuvo como foco también dos principales grupos de estudio, el primero y más grande estuvo compuesto por mujeres de mediana edad (entre 47 a 55 años). Por otro lado, el segundo grupo, usado como un control comparativo más pequeño se conformó por adultos mayores (mujeres y hombres) de entre 70 a 85 años.

En ambos casos, las características psicológicas se evaluaron según el Inventario de Personalidad de Eysenck, se realizaron encuestas para medir la actividad autoinformada y se colocaron acelerómetros triaxiales en la cadera de los voluntarios.

Para esta investigación, los científicos alimentaron sus bases de datos con contenidos de otros proyectos anteriores al suyo. Para el caso del primer grupo, contaron con la información de las 1.098 mujeres del estudio ERMA; mientras que, para el segundo, tuvieron los datos de los 314 hombres y mujeres que participaron en el estudio PASSWORD.

Consecuencias de la inestabilidad emocional en mujeres

Los resultados más notorios se dieron en el grupo de mujeres de mediana edad, en el que la inestabilidad emocional y la extroversión mostraron tener altos niveles de influencia sobre la actividad física realizada (y también sobre la percibida).

Las mujeres con altos niveles de inestabilidad emocional, por ejemplo, mostraron niveles de actividad física menores. Igualmente, sus autoinformes reflejaron reportes bajos, afines a los registrados por el acelerómetro.

Por su parte, las mujeres que mostraron tener una personalidad con tendencia a la extroversión no solo reportaron una mayor actividad física, sino que sus palabras fueron respaldadas por los registros del acelerómetro.

Por lo que se pudo determinar que la inestabilidad emocional tiene una relación inversamente proporcional con la actividad física; mientras que la extroversión se relaciona con ella de forma directamente proporcional.

Adultos mayores no se vieron tan afectados por la inestabilidad emocional

En el grupo más pequeño conformado por adultos mayores las relaciones entre la actividad física, la inestabilidad emocional y la extroversión cambiaron. Por ejemplo, no se pudo establecer una relación directa clara entre esta última y las actividades físicas de este grupo.

Por otro lado, un detalle que sí salió a la luz es que la inestabilidad emocional se relacionó con una percepción menor de actividad física. Es decir que, aunque el acelerómetro reportó número estándar, los autoinformes de los adultos mayores reflejaban niveles de actividad física menores.

Implicaciones a futuro

Para los investigadores, el poder determinar con más claridad la relación entre la inestabilidad emocional y la actividad física podría permitir en el futuro identificar a las “poblaciones de riesgo”. Es decir que se podrían enfocar tratamientos y planes de ejercicios especializados para aquellas personas con tendencia a la inactividad.

De este modo, se las podría proteger contra la obesidad y todos los problemas subyacentes que esta acarrea. En la actualidad, esta incluso ya se considera una epidemia mundial y se la relaciona con otras enfermedades como la diabetes y el cáncer.

Referencia:

Accelerometer-measured and self-reported physical activity in relation to extraversion and neuroticism: a cross-sectional analysis of two studies: https://doi.org/10.1186/s12877-020-01669-7