Hasta ahora, se sabe muy poco sobre cómo se procesan los sentimientos de fatiga en el cerebro, y qué ocurre en él mientras decide cuánto y qué tipo esfuerzo de hacer para sobrellevarla.

Comprender mejor los procesos involucrados en este tipo de decisiones puede ayudar a los científicos a encontrar terapias o diseñar estrategias que permitan mejorar el desempeño, o garantizarlo en las situaciones que lo requieran. Y ahora un estudio publicado en la revista Nature Communications arroja información relevante sobre el tema.

La sensación de fatiga es subjetiva

Hasta ahora, los médicos medían la fatiga con los comentarios subjetivos emitidos por los pacientes, en función de una escala que va del 1 al 7. Pero el trabajo actual se centró en estandarizar dicha métrica para tener una idea más clara de ello.

Los investigadores desarrollaron una forma novedosa de cuantificar la sensación de fatiga de las personas, una tarea realmente difícil si tomamos en cuenta cuán variables son los límites entre los humanos.

Pidieron a 20 individuos, con edades que iban entre 18 y 34 años, y nueve de los cuales eran mujeres, que tomaran decisiones basadas en el riesgo que había en la realización de un esfuerzo físico específico.

Los participantes recibieron un entrenamiento para reconocer una escala de esfuerzo, donde cero era igual a ningún esfuerzo, y 50 unidades de esfuerzo eran iguales a la mitad de la fuerza máxima.

Decidir entre una tarea sencilla y una arriesgada

Luego de ello, se les proporcionó un sensor para realizar una dinámica de tomar y agarrar, y eligieron entre dos opciones: una aleatoria o arriesgada, en el que lanzaban una moneda cuya caras ofrecían la posibilidad de no realizar ningún esfuerzo, o de un nivel de esfuerzo predeterminado; y la otra opción era la de esfuerzo predeterminado. Así permitieron que cada individuo valorara su esfuerzo, lo cual ayudaría a comprender las decisiones de su cerebro.

Repitieron dicho ejercicio en 17 bloques de 10 minutos cada uno, hasta que se cansaron, momento en el cual debieron informar su nivel de fatiga en función de la escala mencionada.

Los investigadores utilizaron programas computarizados para medir cómo se sentían los participantes sobre la posibilidad de realizar cantidades particulares de esfuerzo en el momento en que se sentía fatigados.

Observando los resultados, descubrieron que las personas tienden a evitar el esfuerzo. 19 de 20 participantes optaron por la elección de esfuerzo predeterminado, es decir, aquella no arriesgada. Esto ciertamente influyó en sus decisiones durante la dinámica, ya que cuando empezaban a sentir la fatiga, mostraron menos disposición a correr el riesgo de tener que hacer un gran esfuerzo.

Resonancia magnética para observar la actividad cerebral durante la fatiga

También evaluaron la actividad cerebral de los participantes durante los ejercicios de agarre a través de resonancia magnética funcional (fMRI), lo cual les permitió obtener información sobre el flujo sanguíneo cerebral y las neuronas que se activaban con más frecuencia.

Notaron que la actividad cerebral de los participantes al momento de elegir entre las dos opciones parecía hacerse especialmente intensa en un área del cerebro conocida como ínsula.

Estas imágenes también les permitieron observar de cerca la actividad de la corteza motora del cerebro, la región encargada de la realización del esfuerzo, cuando los participantes se sentían fatigados.

Así descubieron que la corteza motora se desactivó en el momento en que los participantes “decidieron” entre las dos opciones de esfuerzo. Este resultado es similar al obtenido en investigaciones previas, que mostraron que cuando las personas realizan esfuerzos fatigantes de manera repetida, la actividad de la corteza motora se reduce. Y la consecuencia, tal como se vio en este estudio, es el envío de menos señales a los músculos.

Aquellos participantes en los que la actividad de la corteza motora presentó menos cambios fueron los que mostraron mayor aversión al riesgo de esfuerzo en sus elecciones y estaban más fatigados.

Si el cerebro continuara enviando señales a los músculos para que se esfuercen, empezarían a activarse las limitaciones fisiológicas, como el aumento en la producción de ácido láctico, que contribuye a una mayor fatiga.

Así que este trabajo arroja nueva evidencia de que, para poder manejar la fatiga, el cuerpo y el cerebro se sintonizan. El cerebro deja de enviar señales a los músculos y estos se inhiben para cumplir con la solicitud de nuestra mente.

Referencia:

Neural mechanisms underlying the effects of physical fatigue on effort-based choice. https://www.nature.com/articles/s41467-020-17855-5