Jacinda Arden, primera ministra de Nueva Zelanda / Crédito: Hagen Hopkins/Getty Images.

Países como Vietnam, Taiwán y Nueva Zelanda se han convertido en ejemplos exitosos de estrategias para lidiar con el coronavirus durante la pandemia. Durante la primera oleada del COVID-19, cada uno de ellos logró contener exitosamente el contagio y minimizar lo más posible el efecto del virus hasta incluso erradicarlo de su territorio.

Ahora que nos encontramos en el tercer trimestre del 2020, vemos cómo de nuevo los casos de COVID-19 están escalando en el mundo, incluso en áreas en las que se lo consideraba superado. Tal es el caso de Nueva Zelanda, que recientemente reportó un nuevo brote de coronavirus en Auckland luego de más de 100 días sin contagios comunitarios.

Ahora, esta situación ha llevado a los profesores de salud pública, Michael Baker y Nick Wilson, y a la investigadora principal del departamento de salud pública, Amanda Kvalsvig, todos de la de la Universidad de Otago, a pensar en cambios que la estrategia de Nueva Zelanda debería tener para poder hacer frente a una posible segunda oleada de la enfermedad.

Para comunicar sus conclusiones, el trío ha publicado un artículo online en The Conversation. Dentro de este, se muestra tanto su evaluación de las estrategias y situación actual de Nueva Zelanda, como sus recomendaciones para llevar el combate contra el COVID-19 a un siguiente nivel.

La estrategia inicial de Nueva Zelanda

Este 26 de agosto, se cumplen exactamente 6 meses desde que el primer caso de COVID-19 fue identificado en Nueva Zelanda. Desde el principio, el gobierno tuvo una respuesta rotunda implementando medidas de distanciamiento social, cerrando escuelas, locales y demás instalaciones multitudinarias, bloqueando sus fronteras e instaurando controles en ellas para restringir la entrada del virus a su territorio.

Cada una de estas medidas colaboraron para conseguir cercar al virus y que poco a poco este pudiera desaparecer de la población neozelandesa. De hecho, hace más de tres meses la nación incluso declaró haber logrado “erradicar” al SARS-CoV-2 de su territorio por completo. Por esto, se llegó a elogiar al liderazgo neozelandés por sus rápidas y acertadas respuestas.

Esto se mantuvo así hasta los recientes brotes de Auckland que, aunque están mayormente contenidos, representan una amenaza latente para la tranquilidad que había reinado en Nueva Zelanda durante los últimos meses.

Luego de hacer un recuento de la situación de Nueva Zelanda, los investigadores concluyen que su estrategia de “eliminación” del virus ha sido claramente exitosa, pero que ha estado principalmente en “modo reactivo”. En otras palabras, solo se han puesto en marcha movimientos contra el COVID-19 cuando este se ha presentado oficialmente en el territorio. Ahora, el trío considera que para tener éxito luchando contra esta posible segunda ola, será necesario prepararse de antemano para las situaciones.

Acá los investigadores ven algunas fallas como la falta de instalaciones apropiadas y específicas para las cuarentenas preventivas y el aislamiento de individuos con COVID-19. Igualmente, consideran que Nueva Zelanda aún no ha aprovechado todas las facilidades que ofrece la tecnología tanto para la detección de nuevos casos, como para el rastreo de contactos y la actualización de datos sobre la enfermedad.

Situaciones desafiantes

Dentro de este marco, los investigadores también se tomaron un momento para identificar los posibles desafíos más grandes para Nueva Zelanda durante esta segunda ola. En primer lugar, será vital obtener el reciente brote a toda costa para evitar que la crisis se extienda a otras ciudades del país. Por lo que tendrán que mejorar sus capacidades de respuesta focalizada y rastreo de contactos.

Como segundo punto, destacan lo importante que será la regulación del tráfico en las fronteras. A través de estas el virus podría reintroducirse en el país. Por esto, los investigadores insisten en que se deben mejorar las herramientas de detección de seropositivos así como las instalaciones de cuarentena y aislamiento. Además, sugieren que estas preferiblemente deberían estar alejadas de centros densamente poblados.

El tercer punto de interés que mencionan tiene que ver con la llegada de una vacuna. Ninguna ha sido aprobada oficialmente, pero, cuando lleguen lo más probable es que el suministro no sea suficiente para todos los ciudadanos. Por lo que Nueva Zelanda tendrá que enfocarse en dos puntos. Primero, determinar quiénes serán los recipientes prioritarios de las primeras dosis (médicos, profesores, personal de seguridad, adultos mayores, etc); y, luego, fortalecer el sistema de su registro nacional de inmunización para asegurarse de que las vacunas lleguen a todas las áreas donde las necesitan.

Cómo crear una nueva estrategia contra el COVID-19, según los expertos

Con la llegada del nuevo brote, ya se sabe que Nueva Zelanda ha vuelto a tomar medidas de prevención fuertes en la ciudad afectada e intermedias en el resto del país. No obstante, esto todavía se maneja acorde a este enfoque “reactivo” que los investigadores comentaban.

Para ellos, es vital traer un pensamiento estratégico más previsivo y proactivo. Ya que hará que las medidas tomadas por Nueva Zelanda sean mucho más efectivas a largo plazo. Ahora, intentando colocar su grano de arena para lograr esto, los investigadores han propuesto 5 puntos vitales que Nueva Zelanda podría desarrollar para perfeccionar sus estrategias y ser más eficiente:

1.- Llevar al Grupo Técnico Asesor al siguiente nivel

En la actualidad, uno de los puntos que ha destacado a Nueva Zelanda ha sido la inclusión de una junta médica (el Grupo Técnico Asesor) como consejera principal del gobierno a la hora de tomar decisiones sobre la forma de accionar ante la pandemia.

La propuesta de los investigadores busca “representar un desarrollo lógico” de este grupo al llevarlo a un siguiente nivel. En este, se debería crear un “consejo científico de COVID-19 de alto nivel”.  Su creación buscaría atacar de forma exclusiva la situación del coronavirus. Asimismo, se encargaría de actualizar constantemente las estrategias neozelandesas según los más recientes avances del conocimiento sobre el SARS-CoV-2.

2.- Afianzar la investigación y desarrollo constante de nuevos recursos

En consonancia con el punto anterior, los investigadores han resaltado la importancia de mantener a la vanguardia los procesos de investigación y desarrollo tanto de recursos como de conocimientos que permitan hacer frente al COVID-19.

“Esta estrategia identificaría la evidencia de alta prioridad necesaria para proteger a Nueva Zelanda de la pandemia y al mismo tiempo lograr resultados equitativos y mejorar la eficiencia de la respuesta”, escribieron para The Conversation.

3.- Garantizar calidad y transparencia en los datos científicos

Otro punto a ser tomado en cuenta tiene que ver con la diseminación de la información y la calidad de esta. Nueva Zelanda también fue largamente aplaudida por su transparencia y por su gran esfuerzo por mantener a su población siempre informada de lo que ocurría con la pandemia y los contagios dentro de su territorio.

Los investigadores recalcan que ahora más que nunca no solo informaciones generales, sino los datos concretos de las investigaciones científicas deben mantenerse “disponibles para el escrutinio de científicos, periodistas y el público”.

4.- Crear una agencia nacional de salud pública

Por otro lado, para poder llevar a cabo todas estas tareas, los investigadores también proponen la creación de una agencia nacional de salud pública. Recalcan que no solo la situación del coronavirus muestra la importancia de contar con un organismo de este estilo. De hecho, señalan como otros ejemplos los casos de enfermedades transmitidas por el agua en Havelock North y la reciente epidemia de sarampión del país.

“Taiwán es el país que ha respondido con mayor eficacia a la pandemia de COVID-19 y sus agencias dedicadas han sido una parte importante de su éxito”, comentan.

5.- Evaluación continua de las medidas y su efectividad

Finalmente, los investigadores indican la importante de hacer seguimiento de las respuestas a las medidas tomadas. De hecho, acotan que:

“Esta investigación sería útil para identificar áreas débiles de la respuesta que requieren mejoras urgentes del sistema y ayudar a dar forma a la agencia nacional de salud pública propuesta”.

Solo gracias a un proceso de evaluación constante Nueva Zelanda podrá identificar qué funciona y qué no. A su vez, solo a través de este conocimiento el país podrá tomar las mejores y más informadas decisiones para mantener a su población protegida.