Si bien la mayoría de los casos de COVID-19 tiene una presentación leve, ya sea sin síntomas o con síntomas de poca gravedad, aproximadamente el 14 por ciento de los casos desarrollan una enfermedad grave que requiere hospitalización.

Una pequeña, pero significativa, minoría de esos casos (5 %) desarrolla un cuadro clínico crítico con insuficiencia respiratoria, shock séptico y/o disfunción de múltiples órganos, necesitando tratamiento en unidades de cuidados intensivos. En estos casos se reporta una tasa de fatalidad que se ubica entre el 2 y 10 por ciento.

Secuelas a largo plazo

Actualmente se desconocen las secuelas a largo plazo para los pacientes que se recuperan de COVID-19 (incluidos los que son dados de alta hospitalaria), pero están empezando a surgir informes sobre sus síntomas y necesidades.

Estos informes confirman que COVID-19, aunque comienza como una infección aguda de los pulmones, puede convertirse en una enfermedad multisistémica que provoca síntomas que pueden durar meses, e incluso años, incluyendo dificultad para respirar, fatiga crónica, debilidad, dolor, complicaciones cardíacas, deficiencias cognitivas y problemas psicológicos.

Los investigadores advierten que los sistemas de atención médica de todo el mundo deben concebir formas de brindar apoyo a largo plazo a las personas que se están recuperando de COVID-19.

Dada la escala de los problemas a largo plazo asociados con la enfermedad coronavírica, existe la necesidad de contar con un examen exhaustivo de los síntomas posteriores al alta y una vía de rehabilitación integrada para manejar de manera óptima a estos individuos.

En atención a esta necesidad, un equipo de investigadores de la Universidad de Leeds y el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido desarrolló una herramienta especialmente diseñada para examinar a las personas que se recuperan de COVID-19 la cual identifica la necesidad de atención a largo plazo usando una consulta telefónica.

Una vía de gestión integrada

Para ello, el equipo de investigación definió umbrales de criterios de remisión a un instrumento de detección telefónica previamente desarrollado, a fin de dirigir a las personas al mejor servicio de salud posible y permitir una vía de gestión integrada a través de la atención primaria, secundaria y terciaria.

En esta iniciativa, las personas que han estado gravemente enfermas con COVID-19 son contactadas por su médico de cabecera o un miembro especialista del equipo de rehabilitación del hospital entre 6 y 12 semanas después de recuperarse de la fase aguda de la enfermedad, y se les hace un cuestionario que indaga sobre cualquier síntoma persistente y qué tan bien se están desempeñando.

COVID-19 puede causar considerables problemas físicos, mentales, cognitivos, sociales y vocacionales que persisten durante mucho tiempo en quienes sobreviven a la enfermedad.

El cuestionario, llamado C19-YRS (Yorkshire Rehabilitation Screen), identifica síntomas que deben ser evaluados urgentemente por profesionales de la salud especializados en los servicios de atención primaria o secundaria. Los servicios incluyen medicina respiratoria, rehabilitación pulmonar, fisioterapia, terapia ocupacional, psicología o clínicas multidisciplinarias combinadas.

Los investigadores que desarrollaron la herramienta advirtieron que los sistemas de atención médica de todo el mundo deben concebir formas de apoyar a las personas que se están recuperando de COVID-19. De lo contrario, existe el riesgo de que las personas que experimentan síntomas a largo plazo empeoren y ejerzan una presión adicional sobre los recursos de salud ya agotados.

Referencia: Development of an integrated rehabilitation pathway for individuals recovering from COVID-19 in the community. Journal of Rehabilitation Medicine, 2020. https://doi.org/10.2340/16501977-2727