A la fecha (24 de agosto), los más de 560.000 casos confirmados de COVID-19, enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, y el lamentable saldo de 60.480 fallecimientos ubican a México entre los países más afectados por la pandemia.

Al tiempo en que los casos de COVID-19 aumentan y el número de muertos se dispara, el subsecretario de salud Hugo López-Gatell y el Presidente Andrés Manuel López Obrador responsabilizaron a los malos hábitos de nutrición, destacando al consumo de refrescos como el principal de ellos, del maligno impacto que la pandemia ha tenido en la población mexicana.

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Afecciones comunes

El subsecretario de salud vinculó el consumo de bebidas gaseosas con la tasa de mortalidad de la enfermedad COVID-19, culpando al azúcar contenida en estos productos de causar comorbilidades como la obesidad, la diabetes y la hipertensión, enfermedades comunes en México, donde casi tres cuartas partes de la población tiene sobrepeso, según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Los más de 560.000 casos confirmados de infección coronavírica y 60.480 fallecimientos ubican a México entre los países más afectados por la pandemia.

Los mexicanos beben más refrescos per cápita que cualquier otro país, unos 163 litros al año. Embotelladoras como Coca-Cola entregan productos a los rincones más remotos del país, donde el agua potable es escasa y los refrescos pueden adquirirse a un menor costo que el agua.

En México, el hábito de consumir bebidas gaseosas comienza a temprana edad. Una encuesta realizada en el estado de Guerrero encontró que el 70 por ciento de los niños consumía refrescos en el desayuno; otro informe reveló que el 70 por ciento de los niños toma refrescos por lo menos tres veces el día.

Haciendo mención a que el consumo de bebidas azucaradas causaba 40.000 muertes anuales en México, López-Gatell señaló que “la salud de la población mexicana sería muy diferente si dejáramos de ser engañados por estos estilos de vida que se venden en la televisión y se escuchan en la radio y que vemos en los anuncios, como si esto fuera la felicidad”.

Una excusa

Si bien los señalamientos realizados por las autoridades mexicanas son fundamentados, para algunos expertos epidemiológicos se trata de un “chivo expiatorio” que busca disfrazar la mala gestión que han tenido respecto a la pandemia. Como expresó el doctor Malaquías López-Cervantes, profesor de salud pública de la Universidad Nacional Autónoma de México:

“Es un pretexto porque el hecho de que las bebidas azucaradas contribuyan a aumentar el peso y la obesidad en México no es nada nuevo”.

El subsecretario de salud Hugo López-Gatell y el Presidente Andrés Manuel López Obrador responsabilizaron al consumo de refrescos del nefasto impacto que la pandemia ha tenido en México.

Por su parte, la industria de las bebidas gaseosas de México le respondió a López-Gatell, apuntando que los mexicanos consumen menos del 6 por ciento de sus calorías diarias de bebidas azucaradas.

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Los defensores de la salud pública expresaron la necesidad de regular el consumo desenfrenado de bebidas gaseosas a través de la imposición de controles a las grandes compañías fabricantes, y algunos estados están empezando a actuar.

El sur del estado de Oaxaca aprobó este mes la prohibición de la venta de refrescos y bocadillos azucarados a los niños. El estado de Tabasco aprobó una medida similar este mes, y los legisladores federales plantearon la posibilidad de una prohibición nacional de la venta de comida chatarra a los niños, citando las complicaciones de COVID-19.

Referencia: Soft drink or ‘bottled poison’? Mexico finds a COVID-19 villain in big soda. USA Today, 2020. https://bit.ly/3hqo2AQ