Crédito: GettyImages.

Los venenos han sido siempre una parte de nuestra historia y también de nuestra ficción. Civilizaciones como los griegos y los romanos utilizaban el veneno como parte de su sistema de justicia. Igualmente, grandes dramaturgos como Shakespeare también introdujeron el veneno dentro de su narrativa como un elemento poderoso y capaz de cambiar el curso de la historia.

A decir verdad, el veneno es verdaderamente capaz de esto, incluso en la vida real. Como una muestra se tiene lo extendido que estuvo su uso en organizaciones gubernamentales secretas e incluso en agrupaciones criminales como una forma sencilla y discreta de eliminar a sus rivales.

En la actualidad, pensaríamos que estos elementos ya pertenecen más a las películas de espías, ficción y misterio que al mundo real. Pero, la verdad es que el veneno sigue siendo utilizado en el mundo, y mucho más de lo que creeríamos.

Un ejemplo de esto fue el sonado caso de Sergei Skripal en el 2018, cuando él y su hija fueron envenenados. Se sospecha que el perpetrador de esto fue el Krenlim debido a un ajuste de cuentas pendiente con el ex coronel del ejército ruso y espía luego de que este vendiera información sobre su nación a autoridades británicas.

¿El veneno perfecto?

Crédito: Chiara Zarmati.

Con el paso de los años los venenos se han perfeccionado, así como también la forma de administrarlos a las víctimas. Sin embargo, para poder considerarlos venenos tan efectivos como indetectables estos deben cumplir con una serie de características.

Primero, es imperante que su efecto sea potente, de forma que su presencia en el organismo sea fulminante. Igualmente, debe ser indetectable para los sentidos –es decir, inodoro, incoloro e insípido–.

Sumado a esto, la forma de obtenerlo no debe ser demasiado complicada y, una vez administrado no debería ser identificable por equipos científicos ni tampoco rastreables. Por este mismo camino, su efecto debe ser retardado y debe imitar los síntomas de otra enfermedad, de forma que su acción pueda enmascararse tras ella.

Si el veneno logra cumplir con todos estos cánones, entonces pueden ser considerado un perfecto veneno irrastreable. No obstante, conseguir todas estas características es más difícil de lo que parece, sobre todo en la actualidad cuando la ciencia y los equipos tecnológicos han avanzado tanto.

Acá te traemos un listado de los venenos que han llegado a estar más cerca de este canon.

Arsénico

El primero que debíamos nombrar en esta lista sin duda alguna es el arsénico, el “Rey de los Venenos” como lo llaman algunos. Este es un metaloide que fue usado por la humanidad desde tiempos antiguos. Como ejemplo, podemos citar el famoso “Arsénico por compasión” usado por los romanos en sus ejecuciones –algo similar al uso de la cicuta por parte de los griegos antes que ellos–.

Este compuesto altamente presente en la corteza terrestre no cuenta con sabor, olor ni color cuando se lo mezcla con bebidas o alimentos. Sin embargo, las pruebas de laboratorio han sido capaces de detectarlo desde el siglo XIX. Por lo que, ahora mantiene su título nobiliario más por tradición que por su funcionalidad como veneno irrastreable.

De todos modos, si no es detectado sigue siendo altamente eficiente y ya ha añadido a su haber grandes nombres notables como Napoleón Bonaparte, Simón Bolívar y afines.

Cianuro

Por otras parte, otro clásico que no podíamos dejar por fuera es el cianuro, capaz de ser tan potente como grande sea la dosis. Su efecto puede ser casi inmediato o demorarse horas dependiendo del tamaño de esta. Al final, ya sea tarde o temprano, se manifiesta.

Cuando hablamos de cianuro de sodio y el cianuro de potasio este se trata de un polvo blanco inodoro que –según dicen sus pocos sobrevivientes– llega a saber un poco como almendras amargas. Con este compuesto una vez se intentó asesinar al icónico Rasputín.

En general, sus efectos incluyen problemas para respirar, convulsiones, náuseas y, en los últimos momentos, falla cardiorrespiratoria. Todo esto porque es capaz de atacar las células que llevan oxígeno y causar daños al sistema respiratorio.

Cabe destacar que incluso hoy en día es particularmente difícil de detectar, sobre todo cuando está en pequeñas dosis.

Ácido prúsico (cianuro de hidrógeno)

Dentro del campo del cianuro, es importante hacer una mención al cianuro de hidrógeno o ácido prúsico. En esta manifestación, nos encontramos entonces con un líquido azulado o totalmente transparente que es particularmente toxico tanto al ser ingerido como inhalado.

En su momento, fue utilizado en las cámaras de gas de la Alemania nazi, así como en las cámaras de gas de Estados Unidos para los condenados a muerte. Sin embargo, también se puede mezclar bastante bien con bebidas como café o té.

Polonio 210

Por su parte, el Polonio 210 se lleva una mención especial tanto por su toxicidad como por lo notorio que se ha vuelto. En el 2010 se supo que el exespía ruso Alexander Litvinenko fue asesinado en Londres en 2006 con este metal ubicado en el mineral de uranio. Desde entonces, este se ha vuelto nuevamente un elemento de conocimiento general.

Se presume que los perpetradores fueron los funcionarios del Servicio Federal de Seguridad (antes conocido como KGB). Estos agentes presuntamente podrían haber envenenado a Litvinenko con este elemento radiactivo.

Antonio Doadrio, profesor de Medicina Legal de la Universidad Complutense de Madrid, explicó para ABC:

“La ingesta o inhalación de polonio en dosis tóxicas en el ser humano tiene los mismos efectos, a escala, que tuvo la radiación de la bomba atómica sobre Hiroshima”.

A causa del envenenamiento, los dolores intestinales no tardan en llegar y la caída compulsiva del cabello también se manifiesta. Sin duda, se trata de uno de los venenos más potentes, siendo solo una milésima de gramo capaz de matar a una persona por fallo hepático y renal y, finalmente, fallo multiorgánico.

Este veneno soluble puede esconderse fácilmente en una bebida como té o café, aunque se sospecha que para el caso de Litvinenko el Polonio 210 fue puesto en el tabaco.

Talio

 

Crédito: iStock/Thinkstock.

Seguimos con la lista pasándonos por el Talio, un metal pesado con múltiples isótopos radiactivos. Con el tiempo se convirtió en uno de los favoritos de organizaciones como la KGB y el MI6. Este compuesto viene en la presentación de un polvo blanco que no emite aroma alguno ni tampoco tiene un sabor distintivo.

Igualmente, puede ser letal también si es inhalado o incluso absorbido por la piel. En su momento, su detección era particularmente complicada, lo que lo hacía ideal. Sin embargo, ahora gracias a los exámenes de espectroscopia de masas esto ha cambiado.

El asesino en serie británico Graham Frederick Young también utilizó a su antojo este elemento y acabó con la vida de 3 personas usando este veneno. Un detalle particularmente difícil de probar en esa época, tomando en cuenta que los síntomas gastrointestinales podían durar desde 12 a 96 horas y el resto de las consecuencias renales, cardíacos y hepáticos letales podían demorarse hasta 5 días en aparecer.

Como una prueba de la particular de la preferencia tanto de Rusia como de su antecesora, la Unión Soviética, por este veneno, podemos contar algunos casos de asesinatos que se atribuyeron a este veneno como el del exagente soviético y desertor Nikolai Khokhlov quien se fue a Estados Unidos en 1953 y murió envenenado en 1957 en Alemania.

Por su parte, el legislador ruso y periodista de investigación Yury Shchekochikhin también llegó al fin de sus días presuntamente debido a este veneno en el 2003. Por ahora, las autoridades rusas guardan todos los registros de su tratamiento y autopsia. Oficialmente, achacaron la muerte al síndrome de Lyell, pero algunos reportes hacen paralelismos tanto con la sintomatología de Khokhlov como con la mostrada por Litvinenko

Ricina

Otro de las grandes preferidas es la ricina. Esta se trata de un agente tóxico natural que puede extraerse de las semillas del ricino o Ricinus communis. El arbusto que las produce es altamente común e incluso en la actualidad no existe un antídoto efectivo directamente contra este veneno.

Las personas que se intoxican con él pasan por cuadros de hemorragia intestinal, diarrea y vómitos que causan una deshidratación notoria. Este proceso puede durar incluso 10 días antes de llevarse la vida de la víctima por insuficiencia renal y fallo de órganos.

La mortalidad de su veneno depende de la vía por la que se administre. Por ejemplo, si se ingiere entonces se requieren al menos 1,20 miligramos. Pero, si se inyecta o se inhala entonces la dosis baja a 500 microgramos.

Entre los casos más notorios de muertes por este veneno podemos mencionar al periodista búlgaro Georgi Markov quien falleció en Londres en 1978 debido a una bala de ricino venenoso que dispararon a su pierna.

Igualmente, dos intentos similares al caso de Markov se hicieron con el desertor búlgaro Vladimir Kostov y el doble agente de la CIA Boris Korczak. Ambos fueron, en 1978 y 1981 respectivamente, atacados con balas de ricino. En estos casos, los dos lograron sobrevivir al ataque y aseguraban que la KGB debía ser la responsable.

Hierba rompecorazones

Siguiendo este hilo, también nos encontramos con la hierba rompecorazones o hierba de angustia, cuyo nombre científico es Gelsemium elegans. Esta se ha destacado tanto en cuerpos de inteligencia rusos como chinos y es utilizada por la taquicardia que es capaz de generar en el organismo. Particularmente, a esta se le asocia con la muerte del exespía ruso Alexander Perepilichnyy, quien también se encontraba oculto en Londres.

Otra anécdota particular une a Sir Arthus Conan Doyle, el reconocido creador del famoso detective Sherlock Holmes, con la planta. Se duce que este, para un estudio que resumió en una carta titulada “Gelsemium como un veneno”, originalmente “Gelsemium as a Poison”, se autoadministró pequeñas dosis de la planta durante hasta 90 días.

Su experimento se detuvo cuando no fue capaz ya de soportar los efectos adversos causados por la planta. Además del malestar físico, Doyle también reportó haber experimentado síntomas de depresión a causa de la ingesta del veneno. Las bajas dosis en las que lo tomó fueron las que lo salvaron de un destino fatal.

Venenos indetectables

Como podemos ver, muchos venenos se acercan a ese ideal del “veneno perfecto” que buscan las agencias de inteligencia para la realización de sus misiones. Sin embargo, por uno o por otro motivo, algunos de estos ya no son tan efectivos o son fácilmente detectables.

Casos como el del político afgano Hafizullah Amin y la periodista rusa Anna Politkovskaya, que se dieron en siglos distintos, nos hablan de un modus operandi que todavía busca ese veneno irreconocible –y que tal vez ya lo ha encontrado–. El primer caso se dio durante la Guerra Fría, trataron de envenenar a Amin, pero este sospechó e intercambió sus alimentos con su yerno, quien rápidamente cayó enfermo.

Estos eventos tuvieron lugar en 1979 y, dos semanas después de que su yerno fuera internado, Amin murió a manos de las fuerzas soviéticas que invadieron el Palacio Tajbeg de Kabul. Como una justificación, el gobierno alegó sospechar que Amin era un agente de la CIA.

Por su parte, Politkovskaya se destacó no solo como periodista, sino también activista de derechos humanos y crítico del Kremlin. Debido a esto, en el 2004 se sospechó de un posible envenenamiento luego de que cayera gravemente enferma tras beber un té en un avión en uno de sus viajes. Al final, a pesar de todo Politkovskaya pudo recuperarse, pero falleció cuando en el 2006 la abatieron a tiros en el edificio donde vivía en Moscú.

En estos casos, los intentos de asesinato con veneno no fueron exitosos, pero tampoco fue posible determinar nunca qué veneno se utilizó en alguna de las oportunidades. ¿Puede ser que las agencias estén preocupantemente más avanzadas en el camino a ese “veneno perfecto” de lo que nosotros creemos?