Sin dudas Apple es una de las compañías de tecnología más grandes de Estados Unidos y del mundo. Desde su nacimiento, la empresa de Cupertino solo ha sabido crecer y expandirse.

Productos innovadores como el primer computador personal (la Macintosh), el icónico iPod y otros favoritos del mercado como el iPad y el iPhone fueron construyendo su reputación y favoreciéndolo ante los ojos del público.

Ahora, Apple también ha mutado para ingresar al terreno del software. A estas alturas ya no solo cuenta con los sistemas operativos macOS, iPadOS, iOS y watchOS, sino que también ofrece todo un nuevo ecosistema de aplicaciones y servicios que van desde su buscador Safari, hasta sus nuevas plataformas Apple Music, Apple TV +, Apple News + y Apple Arcade.

Cada uno de estos se ha mostrado como un representante de Apple en las diversas áreas del mundo de la tecnología. Sin embargo, todos se ven unidos por un elemento que pasa transversalmente a través de cada uno: la App Store.

App Store, el territorio de Apple

Esta tienda virtual de aplicaciones nació en el 2008 y se ha convertido en sinónimo de todo el ecosistema de Apple, de sus políticas y de la compañía en sí. Para el 2019, se descargaron al menos 32 mil millones de aplicaciones iOS en su plataforma, según la analista App Annie. Igualmente, esto generó un gasto total por parte de los usuarios que superó los 58 mil millones de dólares, de los que Apple obtuvo un 30% a través de la App Store.

En la actualidad, el mercado de softwares y apps del mundo pertenece en un 25% a la App Store. Igualmente, cuando esto se reduce solo a Estados Unidos, el porcentaje sube hasta casi un 50%. Del otro lado de la moneda con el 75% y el 50% restantes se encuentra básicamente Google con su sistema operativo Android.

Con esto podría parecer que Apple en realidad no tiene un dominio tan grande como el de sus competidores en el mercado. Sin embargo, la clave está en los detalles. Por ejemplo, Google, Android y su Play Store permiten a los usuarios un mayor nivel de libertad a la hora de descargar aplicaciones en sus equipos –tanto para definir cuáles desean como para determinar desde dónde las descargan–.

Por otro lado, “el jardín amurallado” de la App Store, como muchos lo han denominado, no ofrece estas facilidades. De hecho, para estos respectivos 25% y 50% del mercado de la tecnología que trabajan con los sistemas operativos Apple solo hay una alternativa la hora de descargar aplicaciones: la App Store.

Un asunto de control

Es acá donde las preocupaciones antimonopolio sobre Apple y su dominio de la web han comenzado a surgir. La empresa muchas veces se ha comparado a sí misma con un centro comercial en el que las tiendas pagan para poder mostrar sus productos.

Sin embargo, lo que se ha olvidado de comentar en cada ocasión es que, cuando hablamos de iOS, macOS, iPadOS y afines, la App Store es el único centro comercial que existe. Como consecuencia, Apple se convierte en una especie de portero o regulador capaz de determinar qué se queda, qué no y bajo qué condiciones.

Ante esto, la compañía también se ha defendido alegando que, en cualquier caso, como portera solo se ensanchado más las puertas para los desarrolladores. No obstante, estos supuestos beneficiarios podrían diferir.

Un ejemplo de esto son las denuncias de David Heinemeier Hansson, cofundador de la empresa de software de gestión de proyectos Basecamp e icónico creador del lenguaje de programación Ruby on Rails. Representando a su empresa y junto a otras compañías medianas como Tile, Sonos y PopSockets, durante una audiencia en Colorado en el 2019, Hansson denunció el poder de la App Store al comentar que:

“Si deseas publicar software moderno, es esencialmente un suicidio no tener presencia en el iPhone”, según reporta OneZero.

Claramente, para llegar al iPhone es necesario entonces que pases por la App Store. Sin embargo, durante esta misma audiencia, los desarrolladores llegaron a señalar al sistema de revisión y aprobación de apps de la App Store como una “pesadilla al estilo Kafka”.

Debido a esto, la App Store se convierte en monolito inamovible con el que los desarrolladores deben lidiar si desean triunfar. ¿Y cómo lo hacen? Cediendo el control y aceptando las –muchas veces opacas– regulaciones y lineamientos que la tienda virtual imponga.

El impuesto Apple

Gracias a todo este poder que su posición le otorga Apple puede influir directamente sobre los contenidos que se ofrecen en su App Store y también en la forma en la que estos se consumen. Es debido a esto que se considera que la compañía incurre en constantes prácticas anti competitivas.

Un ejemplo claro de los problemas que se pueden presentar en la App Store tienen que ver con las antes mencionadas tarifas. Como sabemos, tanto la tienda virtual de Apple como la de Google cobran un 30% de todas las compras y transacciones realizadas en las apps.

Sin embargo, como Apple no permite que haya otras alternativas, el 30% se convierte en un impuesto irremediable para poder tener presencia en los sistemas operativos OS. Grandes nombres como Spotify, Netflix y Amazon Kindle han luchado contra esta imposición al no permitir suscribirse a sus servicios desde su aplicación de la App Store. De este modo, se han saltado el impuesto de Apple.

Sin embargo, las compañías medianas o pequeñas no pueden darse ese lujo. De hecho, según las políticas de Apple, las apps ni siquiera pueden indicar en su contenido otros medios de pago fuera de la App Store. Por este motivo, los emprendimientos y las apps menos conocidas no pueden optar por alternativas como las de Spotify, Netflix o Kindle, ya que no cuentan con la seguridad de que los usuarios las buscarán en otra parte.

Sin salida

Por si fuera poco, a esto se le debe añadir que el hecho de que las apps desarrolladas por la propia Apple están claramente exentas de este 30% de impuesto. Como consecuencia, pueden ofrecer los mismos servicios que la competencia a precios inferiores ya que esta se ve en la necesidad de aumentar sus precios originales para poder obtener las ganancias esperadas.

Asimismo, la otra alternativa es mantener los precios y aceptar la disminución del 30% en las ganancias. Algo que, además de perjudicar a la app y a sus desarrolladores, colabora directamente con el crecimiento de la competencia –es decir, de Apple–.

Desventajas marcadas

Por si fuera poco lo anterior, desde el inicio, por los temas de privacidad, Apple no permite que las aplicaciones puedan seguir a sus usuarios ni obtener datos de estos. En general, esta se trata de una práctica positiva orientada a la protección del usuario.

Sin embargo, se convierte también en la fuente de una desventaja cuando las apps de terceros no pueden acceder a los datos, pero las desarrolladas por Apple sí. En este caso, lo justo sería que ninguna de las dos pudiera acceder a los datos o que los usuarios tuvieran el mismo control sobre la información en las apps de la empresa de Cupertino como el que tienen sobre las desarrolladas por terceros.

Por ahora, ninguno de estos dos escenarios se dan y los desarrolladores se ven entonces en la necesidad de competir en un terreno que favorece a no enorme oponente.

Extorsión a los desarrolladores

Uno de los más recientes escándalos relacionados con Apple ha tenido que ver con el enfrentamiento entre este y Epic Games. El encontronazo se ha dado justamente porque la conocida desarrolladora de videojuegos decidió atentar contra las tarifas de 30% impuestas por Apple, lo que logró que su app Fortnite fuera prohibida en la App Store, así como en sus ecosistemas OS. Ahora, Apple y Epic Games están en medio de una batalla legal con dos demandas presentadas por este último.

A pesar de que ahora es que se ha hecho notoria, esta batalla lleva mucho más tiempo librándose. De hecho, el año pasado el CEO de Epic Games, Tim Sweeney, criticó las tarifas de Apple y también que no permitiera la existencia de otras tiendas de apps en sus sistemas operativos. Mencionó que esto resta oportunidades a los desarrolladores y los obliga a pagar altas tarifas que en otros espacios son más bajas. Como ejemplo colocó a su propia plataforma de apps y juegos Epic Games, en la que se cobra el 12% –menos de la mitad de lo que pide Apple–.

A estas alturas, ya apps como las de Kindle, Netflix y Spotify han optado por retirar sus compras de la app para sistemas OS. Incluso, otras como YouTube TV de Google se han alejado por completo del sistema iOS y eliminado la posibilidad de pagar desde la aplicación de la App Store –estés suscrito de antemano o no–.

No obstante, Apple ya parece estarse moviendo para exigir a los desarrolladores que incorporen las compras también en la app, si estas se encuentran activas en otras plataformas ajenas a la App Store. En consecuencia, vemos cómo la empresa nuevamente busca orillar a los creadores de apps para que paguen sus tarifas sí o sí.

Sin derecho a réplica

Esto nos lleva al siguiente punto. En efecto los desarrolladores pueden diseñar sus aplicaciones como lo deseen. Pero si estas no se apegan a los lineamientos de la App Store, la respuesta inmediata es la salida de la aplicación del catálogo de opciones.

Con esta amenaza perenne, Apple mantiene en orden en la App Store. Idealmente, su sistema solo está hecho para controlar que las apps que entran al ecosistema son seguras, no conducen a estafas y tampoco son portadoras de virus.

No obstante, no han sido pocos los desarrolladores que se han quejado de los opacos procesos con los que Apple maneja estos elementos. La empresa ha comentado que sus lineamientos se encuentran disponibles en línea desde el 2019. Sin embargo, estos no son totalmente claros, según denuncias de los desarrolladores presentadas en la audiencia que Apple, Google, Facebook y Amazon tuvieron con el Congreso muchas veces la App Store devolvió aplicaciones o restringió su salida a la plataforma por criterios desconocidos y siempre cambiantes.

En esa misma audiencia, Tim Cook se encargó de aclarar que todas las aplicaciones eran sometidas al mismo proceso y evaluadas bajo los mismos lineamientos. Pero, hasta ahora, la evidencia experiencial sugiere lo contrario.

En todo caso, los desarrolladores que se han quejado han terminado fuera de App Store (como Epic Games) o con funcionalidades limitadas en ella (como Netflix y Spotify). En cualquier caso, se han visto “consecuencias” por la rebeldía de los desarrolladores y todas impuestas u originadas por Apple y su tienda de aplicaciones.

Audiencia cautiva

Un punto particular que también cabe destacar sobre la situación de Apple tiene que ver con su audiencia. Como lo hemos mencionado, la empresa cuenta con un extenso ecosistema digital y, desde mucho antes, también manejaba uno de hardwares.

Durante estos años, Apple se ha encargado de perfeccionar sus funcionalidades para integrar todos estos equipos y sistemas juntos, de forma que se tenga una experiencia de usuario fluida. No obstante, todo frena cuando nos encontramos con elementos de la competencia, con los que Apple suele no ser tan compatible.

Como consecuencia, mientras más equipos de Apple y sistemas operativos OS tenga el usuario, más difícil será para este saltar a otras propuestas. Por lo que, tenderá a quedarse con Apple y podrá tener acceso solo a lo que la compañía decida ofrecer.

Sherlocking – El poder para copiar

Un detalle que no se puede dejar afuera al hablar sobre el poder de la App Store en el mercado tiene que ver con el fenómeno conocido como “Sherlocking”. En la década de los 2000, Apple se enfrentó a un buscador de terceros diseñado para sus equipos Mac. Este llevaba por nombre Watson y ofrecía variadas funcionalidades que lo hacían único. Apple pronto creó su propio servicio –con las mismas funcionalidades que su competencia– y lo denominó Sherlock. Pronto Watson comenzó a perder usuarios y terminó por sucumbir ante la presión de Apple.

Desde entonces, se han repetido casos en los que Apple aprovecha su posición como observador y regulador para copiar aplicaciones y funcionalidades que se hacen populares y ofrecer su propia versión de estas. Uno de los casos más recientes fue reportado en la audiencia de Colorado del 2019 por la empresa creadora de dispositivos de rastreo Tile, quien ha estado en la App Store desde el 2014.

Su función era principalmente un software conectados a hardwares como “llaveros” que permitirían a los usuarios conocer la ubicación de sus llaves, bolsos y teléfonos, así como ser alertados en caso de que los dejaran olvidados. En el 2019, Apple retrasó la aceptación de varias actualizaciones de Tile e incorporó muchas de sus funciones en su sistema nativo “Find My”, dejando en desventaja a Tile.

Por su parte, la empresa Blix y su app BlueMail, que permitía iniciar sesión de forma anónima en diversas cuentas, también se vio perjudicada cuando Apple copió su premisa y creó la función “iniciar sesión con Apple”. Poco después, BlueMail incluso fue sacada sin explicación de la App Store y no fue sino hasta este 2020, luego de una demanda y múltiples protestas públicas de Blix que BlueMail (sin cambios) volvió a la plataforma.

¿Es Apple un monopolio? ¿Un asunto de interpretación?

Todos estos puntos nos hablan desde el sentido común y nos permiten ver que Apple tiene un excesivo control sobre el mercado. Sin embargo, desde el punto de vista legal las cosas son muy ambiguas.

La Ley Antimonopolio Sherman de 1890, que sigue siendo vigente hoy en día, dice que:

“Toda persona que monopolice o intente monopolizar, o combinar o conspirar con cualquier otra persona o personas, para monopolizar cualquier parte del comercio o comercio entre los distintos Estados o con naciones extranjeras, será considerada culpable de delito grave”.

Con esto, queda claro que el monopolio del mercado es considerado como un delito. No obstante, no se aclaran los criterios por los que una persona o empresa podrían considerarse monopolizadores. Debido a esto, con Apple poseyendo menos del 50% del mercado estadounidense y un 25% del mercado del mundo, la empresa puede alegar a que no tiene suficiente control para considerarse un monopolio.

Sin embargo, todo depende de la dirección en la que se mire. Puesto que, como hemos visto con los ejemplos anteriores, es innegable que la empresa tiene mucho más control del que le correspondería a un ente no monopólico. Pero, por ahora, al menos desde el punto de vista legal, mucho queda únicamente en el terreno de la interpretación.

Bonus: Apple, libertad de expresión y apoyo a regímenes autoritarios

Otro punto importante que mencionar cuando hablamos del control que ejerce Apple sobre las apps de su tienda virtual ya raya en el terreno de la libertad de expresión y los derechos humanos. Por ejemplo, no han sido pocas las aplicaciones, como The New York Times y Bloomberg News, que Apple ha prohibido en China cuando estas no han ido de acuerdo a los lineamientos del Partido Comunista. Por su parte, en Hong Kong prohibió el acceso a la HKMaps durante las épocas de protestas por los mismos motivos.

Esto ha generado quejas con respecto a la regulación de contenidos realizada por Apple, ya que por intentar evitar conflictos o simplemente estar en todas partes, la empresa hace concesiones que atentan contra la libertad de expresión de desarrolladores y usuarios, así como el derecho de todos a la libre información.

Romper el monopolio

Como lo hemos visto, es difícil calificar a Apple como un monopolio desde el punto de vista legal debido a la ambigüedad de sus leyes. Sin embargo, es más que claro que la empresa tiene un control absoluto sobre su ecosistema de softwares, los servicios que ofrece y la competencia que se lleva a cabo en la App Store (que también es parte de sus dominios).

En caso de que se determinara que Apple sí tiene un monopolio, políticos como Elizabeth Warren han propuesto la división de los servicios. En ese caso, ello implicará que Apple tendrían que renunciar a la App Store o al desarrollo de aplicaciones propias –para garantizar una verdadera competencia justa–.

Sin embargo, casi ningún organismo del gobierno (además del Congreso) cuenta con el poder para solicitar esto. Además, la posibilidad de encontrar el necesario consenso para tomar una decisión de este estilo es mínima.

Como consecuencia, sería necesario optar por alternativas menos radicales, como por ejemplo forzar a Apple a que, como Google, permita a sus usuarios descargar apps en sus equipos de fuentes que no sean su propia tienda de aplicaciones.

Pero el ecosistema Apple no se conoce como un “jardín amurallado” por cualquier motivo. Es muy probable que, de darse el caso, la compañía salte de inmediato y alegue preocupaciones sobre la seguridad y privacidad de sus usuarios.

Ante esto, cabe preguntarse, ¿no deberían ellos al menos tener también la posibilidad de decidir?