Los gobiernos, las autoridades sanitarias y el personal de salud están prestando especial atención a ciertos entornos o eventos que podrían dar lugar a brotes muy extendidos de COVID-19. A esto se les conoce como eventos de superpropagación.

Por el momento, no hay una definición concreta para estos contextos, pero hasta ahora, la evidencia sugiere que entre ellos se encuentra el interior de las iglesias, hogares de ancianos, escuelas, funerales y tiendas minoristas.

Los eventos de superpropagación han jugado un papel clave en esta pandemia, y aunque muchos de ellos fueron cancelados en el segundo trimestre de este año, los que ocurrieron antes de dicha restricción tuvieron resonancia hasta el día de hoy. Ahora indagaremos un poco en el impacto que han tenido y en la importancia de reducirlos para evitar repuntes de contagios mientras se espera una vacuna.

Pocas personas pueden transmitir el coronavirus a muchas otras

En enero, solo un paciente en Wuhan infectó a 14 proveedores de atención médica. En marzo, un trabajador en un centro de llamadas en Corea del Sur transmitió el coronavirus a 96 personas, dentro de las cuales estaban casi la mitad de las del piso en que laboraba.

Más adelante, en junio, un bar universitario en East Lansing, Michigan, fue escenario de 146 contagios, y estas personas también contagiaron a 46 más. Asimismo, a principio de julio, un hombre que asistió a la iglesia estando infectado, contagió a 53 fieles , y ellos, a su vez, infectaron otras 38 personas.

Las investigaciones científicas han encontrado evidencia más robusta. Un equipo que analizó más de 9,500 casos de COVID-19 en cuatro condados urbanos y un condado rural de marzo a mayo de 2020 encontró que apenas 2 por ciento de las personas era responsable del 20 por ciento de la transmisión del coronavirus.

Otros estudios arrojaron similares, como uno en el que se examinó el brote en Hong Kong y halló que el 20 por ciento de las personas era responsable del 80 por ciento de los contagios de COVID-19.

Asimismo, un estudio realizado por Adam Kucharski, profesor asociado de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, estima que el 10 por ciento de las personas puede ser responsable de 80 por ciento de los casos de coronavirus.

“Es increíblemente claro que el SARS-CoV-2 es muy propenso a eventos de súper propagación y que realmente han sido un factor dominante en la epidemiología, ya que estalla en lugares de todo el mundo”, dice Jamie Lloyd-Smith, un profesor de ecología y biología evolutiva en la Universidad de California en Los Ángeles.

Los contagios ocurren antes de la aparición de los síntomas

El SARS-CoV-2 es altamente contagioso, y si las personas infectadas no toman las precauciones necesarias, como el distanciamiento social, el uso de mascarillas y correctos hábitos de higiene, fomentan aún más su propagación.

El problema es que la transmisión puede ocurrir incluso antes de que alguien desarrolle cualquier síntoma, ya que es allí cuando hay niveles más altos del coronavirus. Esto es algo que lo diferencia de otras enfermedades infecciosas, ya que comúnmente estas se transmiten tras la aparición de los síntomas, momento en el que ya los pacientes podrían estar en cuarentena.

Así las personas pueden no mostrar ningún síntoma hasta por 14 días aunque ya el SARS-CoV-2 esté en su organismo, y algunos ni siquiera llegan a desarrollarlos, por lo que no seguir medidas tan simples como las ya citadas podría resultar fatal para otros.

Aunque para Kristin Nelson, profesora asistente de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Rollins de la Universidad Emory, y autora del primer estudio mencionado, no es sorpresa que este patógeno se contagie así.

En el pasado la ciencia había observado patrones similares. Epidemias previas de otros coronavirus, como los que causan el SARS y el MERS, se extienden también a través de grupos, en este tipo de eventos masivos.

Factor R y K

Aquí también es necesario tomar en cuenta el factor R, el número promedio de casos nuevos causados ​​por una persona infectada. Cuando ese número es menor que uno, la enfermedad deja de propagarse, pero si es mayor, los contagios serán numerosos.

También está el número k, el factor de dispersión, que refleja cuánto se agrupa una enfermedad. Mientras menor sea este número, mayor será la probabilidad de que se trate de un super propagador.

Todos estos factores deben ser considerados por las autoridades y gobiernos en el diseño de sus políticas de salud pública, sobre todo ahora que muchos intentan volver a la normalidad sin que ello implique nuevas olas.

Referencia:

What Super-Spreading Events Teach Us About Protecting Ourselves From COVID-19. https://www.smithsonianmag.com/science-nature/how-superspreading-events-cause-flare-ups-covid-19-180975588/