Unos 21.8 millones de personas se han infectado con COVID-19 en todo el mundo, mientras que 773 mil han muerto por ello desde el inicio del brote. Muchos países se han visto seriamente afectados por la pandemia, con ligeras excepciones que han demostrado habilidad en este tipo de emergencias en los últimos meses.

El caso ejemplar es el de Nueva Zelanda, que pasó 102 días sin confirmar nuevos casos, aunque la semana pasada las autoridades reconocieron que tenían un nuevo brote con 30 casos confirmados.

Pero en esta oportunidad hablaremos de una nación menos mencionada en los medios, pero que también se ha mantenido prácticamente ilesa durante esta pandemia. Incluso estando rodeada por Rusia y China, dos países en los que el coronavirus hizo presencia contundente, Mongolia no ha tenido ni 300 casos. Tampoco ha registrado ni una sola muerte por COVID-19 hasta ahora.

Una nación acostumbrada a la gripe

A pesar de contar con una extensión significativa, Mongolia apenas tiene 3,2 millones de habitantes, lo cual puede ser una ventaja importante en el manejo de enfermedades infecciosas.

Aún así, su clima frío y seco de noviembre a febrero proporciona las condiciones idóneas para una la propagación de la gripe, una temporada de enfermedad con la que deben lidiar todos los años.

El Ministerio de Salud de Mongolia difunde con frecuencia mensajes para promover una buena higiene de manos, especialmente entre los niños pequeños, como una forma de evitar los contagios.

Mongolia tiene un sistema de salud pública modesto

Mongolia implementó de inmediato medidas preventivas contra el COVID-19 como el uso de mascarillas.

Sin embargo, Davaadorj Rendoo, epidemiólogo del Centro Nacional de Salud Pública en Ulaanbaatar, reconoce que no tienen “un gran sistema de salud pública” ni están dotados con muchos respiradores mecánicos.

Cuando en vísperas de Año Nuevo, su vecino alertó sobre la propagación de un nuevo virus, la administración mongol tuvo temores de que una transmisión comunitaria interna llevara al país al desastre.

Y es que Mongolia tiene la frontera terrestre más larga del mundo con China, de unos 4.600 kilómetros. Además, entre ambos países hay un flujo humano continuo marcado por intercambios educativos y relacionados con los negocios.

De modo que el miedo los llevó a actuar para llegar preparados al momento de la propagación del virus. Sin titubear, el 10 de enero las autoridades sanitarias recomendaron a toda la población usar mascarilla y empezaron a utilizar los kits de prueba suministrados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para identificar casos.

Sin casos hasta el 9 de marzo

Lo curioso es que, pese a la amplia exposición a su alrededor, no se detectaron casos de COVID-19, ni siquiera en febrero cuando trajeron de vuelta a los ciudadanos mongoles que vivían en el extranjero.

Las autoridades no detectaron un solo caso doméstico hasta el 9 de marzo, cuando un ciudadano francés que trabajaba en la provincia sureña de Dornogovi dio positivo para COVID-19. En ese momento desplegaron un plan de acción que incluía reportes diarios sobre los casos nuevos, las regiones afectadas y las de alto riesgo.

“Después de que se anunció ese caso, la gente se volvió aún más obediente a nuestras directivas. Pero estábamos tan preparados para este caso. Realmente tuvimos suficiente tiempo para prepararnos”.

Rastreo de contactos

Mongolia no tiene un gran sistema de salud, pero procedió de inmediato con el rastreo de los individuos que estuvieron en contacto con el ciudadano francés contagiado, identificando 120 personas.

“Esta no es la primera vez que hacemos un rastreo de contactos; ha sido parte del mandato del Centro Nacional de Enfermedades Transmisibles desde sus inicios. Hacemos esto para todo tipo de enfermedades, incluidas las enfermedades de transmisión sexual”.

El país también sufrió los efectos de la dfusión de desinformación, por lo que abrieron una línea directa de COVID-19 disponible las 24 horas.

Reducción de gripe, neumonía y enfermedades digestivas

Lo curioso es que las medidas implementadas contra el COVID-19 también han propiciado una reducción significativa de los casos de gripe estacional, neumonía, -el cual destaca como un problema muy grave cada año- y enfermedades digestivas y transmitidas por los alimentos.

Y aunque se la gente puede salir a la calle, ir a centros comerciales y acceder a todos los espacios públicos, e incluso ir de picnic, la preocupación sigue presente. La regla de usar mascarillas se mantienen, aunque esto no sea especialmente sencillo en las zonas rurales.

Pero Rendoo sostiene que las restricciones sobre las fronteras no se levantarán en mucho tiempo pues han visto cómo medidas similares aplicadas en otros países ha dado lugar a la reincidencia. Sin embargo, esperan poder abrir las escuelas en septiembre, no sin temores de una transmisión comunitaria como consecuencia.

Referencia:

How Mongolia has kept the coronavirus at bay. https://www.technologyreview.com/2020/08/18/1007135/mongolia-coronavirus/