La actual situación de pandemia causada por el SARS-CoV-2, coronavirus que origina el COVID-19, ha sacado al mundo de su balance. De entre los servicios que se han visto más afectados claramente unos de los que destacan con facilidad son aquellos relacionados con el cuidado médico.

Mientras las salas de emergencia y Unidades de Cuidados Intensivos se llenan con nuevos casos de COVID-19, el resto de los hospitales, clínicas y centros de salud deben mantenerse activos y seguir prestando sus servicios a los pacientes que no han sido afectados por esta contagiosa enfermedad. Sin embargo, a causa de las medidas de prevención y contención colocadas para frenar al coronavirus, a veces hacer esto tampoco es una tarea sencilla. Es exactamente esto lo que han podido percibir los profesionales de la psicooncología en los últimos meses.

El COVID-19 y la psicooncología

Básicamente, la psicooncología se trata de una disciplina médica que une, como su nombre lo indica, los cuidados médicos oncológicos con áreas de la psicología. Al final, su meta simplemente es ofrecer apoyo a los pacientes en áreas que van desde sus comportamientos hasta sus estados de salud y las enfermedades que se manifiesten.

En una reciente investigación publicada en Psycho-Oncology, científicos de las universidades de Aberdeen, Cambridge, Leeds, Leeds Beckett, Southampton y Surrey se enfocaron en identificar el efecto que ha tenido la pandemia en los servicios de atención psicooncológica en los pacientes con cáncer.

La doctora Kate Absolom, presidenta de la Sociedad Británica de Oncología Psicosocial, estuvo a cargo de este proyecto. En él participaron también las doctoras Stephanie Archer, Patricia Holch, Jo Armes, Lynn Calman, Claire Foster, Sarah Gelcich y Sara Jane MacLennan.

Para llevarlo a cabo, realizaron una encuesta a 94 profesionales de esta área en el Reino Unido. Todo a través de la Sociedad Británica de Oncología Psicosocial (BPOS).

Interrupciones en el cuidado médico y otras consecuencias negativas

Una vez obtuvieron todos los datos, el siguiente paso fue analizar los elementos comunes entre las respuestas de cada colega. Finalmente, pudieron crear una matriz en la que identificaron las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas (FODA) que veían en la situación actual.

Claramente, la principal amenaza para esta situación se trata del estado de alerta sanitaria en el que se encuentra el mundo debido al COVID-19. Esto ocasiona que los profesionales deban dejar sus consultorios y ofrecer atención médica a distancia. Como consecuencia, el apoyo psicosocial que se pudo prestar a los pacientes con cáncer se vio significativamente disminuido.

Necesidades psicosociales insatisfechas

Por lo general, los pacientes con cáncer, esté este en cualquiera de sus etapas, suelen luchar con sentimientos de ansiedad, angustia e incluso con condiciones como la depresión. Debido a esto, es crucial que puedan acceder a centros en los que profesionales puedan brindarles las herramientas y el apoyo que requieren para hacer frente a estas situaciones. Ahora, con la situación del COVID-19 esto se ha vuelto mucho más complicado en ocasiones.

Seguimiento complicado

En parte, esta situación se debe a una de las principales debilidades que lograron identificar los profesionales: que muchas veces paciente y doctor no tenían una relación o contacto previo.

En caso de que el paciente y el doctor ya se conocieran y tuvieran sus contactos por haber coincidido en previas sesiones ya podría existir una alianza terapéutica que permitiera un flujo de confianza del paciente hacia el médico y viceversa, para que las comunicaciones se dieran con facilidad. Al faltar este detalle, muchas veces el contacto se vuelve escaso, seco o entrecortado, lo que entorpece las labores de acompañamiento y seguimiento de los profesionales.

No todo ha sido negativo

A pesar de esto, no todo lo correspondiente a la situación de pandemia y los cambios en la atención psicooncológica han sido negativos. Variados profesionales han visto en la adopción de las nuevas tecnologías la posibilidad de comunicarse con pacientes que antes, por problemas de transporte y movilización, no podían acceder de forma regular a las consultas.

Asimismo, las investigadoras resaltan que durante esta pandemia la colaboración del mundo de la ciencia se ha potenciado como nunca antes. Como consecuencia, podrían surgir grandes nuevas iniciativas y colaboraciones que ofrezcan mejoras permanentes para muchas áreas de la medicina.

Para seguir avanzando

“Los resultados de nuestra encuesta demuestran claramente la gran conmoción que ha causado el COVID-19. Hay importantes preocupaciones sobre la financiación y cómo se mantendrán los servicios y la actividad de investigación en los próximos meses y años. Es vital que supervisemos cómo se desarrolla la situación y trabajemos en colaboración con otras organizaciones contra el cáncer para mitigar los desafíos y continuar desarrollando la actividad psicooncológica en el Reino Unido”, declaró Absolom.

Con esto, la autora principal resumió los pasos que deberían darse en la psicooncología ahora que se ha visto enfrentada a la pandemia. Tanto ella como el resto equipo de investigación consideran que esta se podría convertir en una oportunidad de mejora para poder ofrecer –a través del trabajo colaborativo– beneficios a largo plazo tanto para los pacientes con cáncer como para los profesionales de la psicooncología.

“(…) es importante que aprendamos de esta experiencia y veamos qué funciona bien para los pacientes y qué no, para que se puedan implementar planes para hacer frente a situaciones similares en el futuro”, finalizó Armes.

Referencia:

No turning back: Psycho‐oncology in the time of COVID‐19: Insights from a survey of UK professionals: https://doi.org/10.1002/pon.5486