Experiencias traumáticas, como una violación, un accidente o haber experimentado violencia o tortura, pueden dejar una huella prácticamente imborrable en la memoria de las personas. La imposibilidad de recuperarse da lugar a un cuadro conocido como trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Como muchos imaginarán, el factor memoria es clave en el desarrollo de este trastorno, por lo que los científicos han puesto parte de su atención en este para comprenderlo. Una muestra de ello la encontramos en un estudio publicado recientemente en la revista científica PNAS, que sugiere que regular un gen específico involucrado con la memoria se asocia con un riesgo reducido de desarrollar un trastorno de estrés postraumático tras una mala experiencia.

Los investigadores de la Universidad de Basilea también informan que la regulación endógena de este gen también hace que los recuerdos de la experiencia traumática resulten menos graves para el individuo.

Genes involucrados en la señalización del cortisol

El equipo, dirigido por el profesor Dominique de Quervain de la Universidad de Basilea, examinó los genes involucrados en la señalización del cortisol, la hormona del estrés. Varios estudios han revelado que esta sustancia también juega un vital en la regulación de estos procesos de memoria.

En esta oportunidad, el objetivo era determinar hasta qué punto la regulación química marcada por grupos metilo en la molécula de ADN podrían influir en los genes involucrados con el cortisol.

Para ello, examinaron la metilación del ADN de dos grupos de personas que habían pasado por situaciones traumáticas. Entre ellas, 463 sobrevivientes de la guerra civil de Uganda y 350 sobrevivientes del genocidio en Ruanda.

En sus experimentos descubrieron que, en ambos grupos, los individuos que tenían una regulación más fuerte del gen NTRK2 tenían menos riesgo de desarrollar trastorno de estrés postraumático. De hecho, aquellos con una regulación fuerte de este gen tenían menos recuerdos traumáticos, algo que ya habían sugerido investigaciones previas.

Asimismo, descartaron con un alto grado de certeza que el trauma pudiera desencadenar alteraciones en la regulación de este gen. Tampoco encontraron ningún vínculo entre la gravedad del trauma y el grado de metilación del ADN. Es decir, es probable que la metilación ya existiera antes de la experiencia traumática.

Relación del gen con la memoria

Los investigadores también encontraron evidencia de que el gen está vinculado con la memoria, y que su metilación puede afectarla. Aquellos individuos con una metilación más fuerte del gen obtuvieron peores resultados a la hora de recordar imágenes, así como alteraciones significativas en la actividad cerebral de regiones importantes para la memoria durante las pruebas.

Por lo que los autores concluyen que una mayor regulación del gen NTRK2 podría ser clave en la reducción de la formación de memoria, lo que impediría un asentamiento tan profundo de los recuerdos de experiencia traumáticas, y al mismo tiempo reduciría el riesgo de TEPT. Este supone un enfoque interesante para el desarrollo de terapias, aunque es necesario indagar aún más para evaluar sus posibles efectos adversos.

Referencia:

NTRK2 methylation is related to reduced PTSD risk in two African cohorts of trauma survivors. https://www.pnas.org/content/early/2020/08/12/2008415117