Una conspiración con medicamentos solo puede volverse en un escándalo cuando estos medicamentos también pueden convertirse en explosivos, y más aún cuando estamos en plena Primera Guerra Mundial.

Así sucedió con la Gran Conspiración del Fenol (conocida en inglés como The Great Phenol Plot) y todo sucedió alrededor de uno de los medicamentos más comunes, la aspirina.

Todo inicia en el momento en el que este medicamento comienza a escasear en Alemania. El principal proveedor del mismo era la empresa internacional Bayer, la cual tenía su principal planta de procesamiento en Estados Unidos, pero el fenol, que es el principal compuesto químico de las aspirinas, era traído desde el Reino Unido.

Con el estallido de la guerra, Reino Unido se negó a seguir vendiendo ese producto a la sucursal estadounidense en Alemania. Esto porque, además de que escaseaba, este compuesto no era utilizado solamente para reducir el dolor.

El tema con el fenol es que puede convertirse en trinitofenol o ácido pícrico, los cuales se utilizan en TNT y muchos otros tipos de explosivos que obviamente eran muy demandados durante la guerra.

Aunque Estados Unidos permaneció neutral durante los primeros años de la guerra, la verdad es que siempre se inclinó hacia los Aliados, especialmente con respecto al comercio. Debido a esta razón, Alemania debía encontrar una manera de adquirir el preciado compuesto.

Thomas Edison entra al juego

Thomas Edison junto al fonógrafo

La escasez no solo afectaba a la producción de aspirinas y explosivos, sino también a la industria de los discos de vinilo. Al ver este problema, Thomas Edison, quien los necesitaba para fabricar los discos de su fonógrafo, decidió crear su propia fábrica en Johnstown, Pennsylvania, capaz de elaborar 12 toneladas de este compuesto por día.

Se supone que el exceso de la producción de Edison iría destinado a satisfacer las necesidades de producción de trinitrofenol estadounidense, el cual se utilizaría para apoyar a los británicos. Sin embargo, sucedió algo distinto a lo planeado.

A la fábrica de Edison le llegaron varios compradores, entre los cuales estaba un ex empleado de Bayer, Hugo Schweitzer. Edison acordó proveer a Schweitzer del fenol que necesitara a cambio de dinero.

Hugo Schweitzer

Sin embargo, este ex empleado de Bayer en realidad pertenecía al servicio del ejército alemán. Era un espía industrial y una importante pieza del Consejo de Guerra Secreta alemán del país, por lo que estaba apoyado por el embajador alemán Johann Heinrich von Bernstorff y el funcionario del Ministerio del Interior Heinrich Albert.

Es entonces cuando Schweitzer, apoyado del embajador y el ministro, creó una corporación fachada llamada Chemical Exchange Association y le compró a Edison todo el fenol sobrante que producía cada día, el cual iría destinado en parte a la filial estadounidense de Chemische Fabrik von Heyden, de propiedad alemana, y también al ejército del país europeo. Por día, Edison le vendía a Schweitzer al menos tres toneladas de fenol.

Todo marchaba bien para Edison y para Schweitzer. Sin embargo, el ministro Albert estaba siendo investigado por el Servicio Secreto estadounidense, y el 24 de julio de 1915 dejó accidentalmente su maletín en un tren, el cual contenía toda la información acerca de la conspiración.

En realidad, este acuerdo se mantenía bajo las leyes estadounidenses, puesto que el país era neutral en la guerra y Edison podía venderle a quien estuviera dispuesto a pagarle. Sin embargo, la forma de encubrir el asunto por parte de los alemanes fue lo que en realidad causó un revuelo.

El gobierno no podía arremeter legalmente contra los implicados en la conspiración, pero pronto los documentos se filtraron y el 15 de agosto de 1915 el diario New York World, un periódico anti alemán, pronto lanzó la primicia.

Publicación sobre la conspiración en el diario New York World

Toda la presión por la opinión pública ocasionó que Schweitzer no pudiera mantener las negociaciones con Edison, por lo que tuvo que buscar otros proveedores. Ya para el mes de septiembre había firmado con Richard Kny, pariente del gerente de la Chemische Fabrik von Heyden. Así pudieron mantener los negocios del fenol por un tiempo más.

Posteriormente se supo, gracias a declaraciones del ministro Albert, que la conspiración había servido para que se desviara suficiente cantidad de fenol para producir 4,5 millones de libras, o 2 millones de kilogramos, de explosivos.

Edison no estaba enterado de nada, por lo que, muy avergonzado, decidió enviar los excesos de fenol a los ejércitos de Estados Unidos. Sin embargo, para entonces ya el daño estaba hecho y la escasez de fenol se había alivianado. Para entonces ya había suficiente para proveer a Bayer, empresa que, al fin y al cabo, terminó con una raya en su reputación, justo cuando estaba a punto de lanzar una campaña que asociaría directamente a la empresa con la producción de aspirinas.