Como informamos el lunes, Nueva Zelanda, uno de los primeros países en controlar en su totalidad el brote de coronavirus, recibió la sorpresa de 30 nuevos casos activos y ha dejado en shock al gobierno y a la población.

Mientras el mundo lidiaba con nuevos contagios y muertes diarias, hospitales colapsados y carencias en tratamiento y equipos médicos, Nueva Zelanda logró pasar 100 días sin nuevas infecciones.

La hazaña se ha atribuido a la acción rápida y contundente de las autoridades, orientada a la erradicación del coronavirus en su territorio. Incluso después de lograrlo, se mantuvieron ciertas restricciones para evitar el ingreso desde el extranjero, pero hemos visto cómo esta barrera ha logrado ser eludida.

Ante la nueva situación, el gobierno ha fortalecido las medidas previas, e incluso incluido nuevas estrategias para abordar el nuevo brote. Amanda Kvalsvig, epidemióloga de la Universidad de Otago en Wellington, ha estado participando en ello, y recientemente concedió a Nature algunos detalles sobre el impacto que ha tenido la noticia en el país.

Ansiedad generalizada y compras nerviosas

Kvalsvig dice que antes de la confirmación de los nuevos casos, “había sensación generalizada” de victoria sobre el virus, aunque los controles estrictos requerían que los viajeros del extranjero mantuvieran una cuarentena de dos semanas tras su llegada.

Pero esta semana “hay una ansiedad generalizada, con largas filas de personas en las estaciones de prueba de COVID-19 y algunas personas comprando por pánico en los supermercados”, señaló.

Respuesta rápida: distanciamiento social, mascarillas, suspensión de reuniones

La epidemióloga destaca que la respuesta contra el brote ha sido rápida, y que ha sido respaldada por los entes gubernamentales.

Tráfico De Pasajeros, Aerolínea, Aviación
Los viajeros del extranjero que llegan a Nueva Zelanda deben permanecer en cuarentena durante dos semanas.

En la región de Auckland, donde se detectaron los nuevos contagios, se encuentra en el nivel de alerta 3, el segundo más alto de cuatro niveles. Las personas han recibido instrucciones de quedarse en casa y movilizarse únicamente para cosas esenciales.

Mientras que el resto del país se mantienen en el nivel de alerta 2, en el que las autoridades solicitan a las personas mantener el distanciamiento física y se han restringido las concentraciones masivas.

Sumado a ello, se siguen aplicando pruebas masivas en la población neozelandesa, para rastrear los casos positivos y sus contactos y limitar la propagación extendida del coronavirus. Las personas contagiadas deberán pasar su aislamiento en instalaciones espaciales en lugar de casa como se hacía anteriormente.

Pero también se ha sugerido el uso de mascarillas faciales. “Yo y otros defensores de la salud pública hemos recomendado encarecidamente el uso de mascarillas en toda la población, lo que podría ayudar al país a evitar futuros bloqueos”, dijo Kvalsvig.

Lo que se sabe sobre el origen del nuevo brote

Pese al estricto control que había implementado el gobierno de Nueva Zelanda para impedir la reincidencia, aún no se ha podido detectar el origen del primer caso nuevo. Sin embargo, se manejan algunas teorías.

El primer caso fue un hombre de unos 50 años que empezó a presentar síntomas, por lo que le aplicaron la prueba. Al dar positivo para SARS-CoV-2, se hizo un rastreo epidemiológio que llevó a sus contactos domésticos y otros contactos, y como era de esperar, a más casos.

Según lo hallado hasta ahora, todos los contagios nuevos tienen conexión, pero aún no han podido dar con el punto de introducción. Las autoridades creen que el coronavirus pudo haber ingresado a Nueva Zelanda en envases en cámaras frigoríficas, sin embargo:

“La experiencia global con los brotes de COVID-19 hasta ahora sugiere que es mucho más probable que el brote se haya originado por un contacto cercano de persona a persona, ya sea mientras las personas están en camino a Nueva Zelanda o durante la cuarentena en la frontera”.

También existe la posibilidad de que le virus se haya estado propagando de manera silenciosa a través de casos asintomáticos, lo cual es preocupante ya que sugiere que hay muchos casos más sin detectar.

Puede que no sea un brote masivo

A pesar de ello, la epidemióloga resalta que no ha habido un aumento significativo de enfermedades similares a la influenza en las últimas semanas, y la incidencia sigue siendo mucho menor que en años pasados.

“Eso es alentador, porque sugiere que, aunque ciertamente detectaremos más casos en los próximos días, es poco probable que se produzca un brote masivo de COVID-19 no detectado”, afirma.

De modo que, hasta ahora, es sensato creer que el brote se debe a una introducción reciente y no a una transmisión silenciosa que no haya sido percibida por las autoridades en los últimos meses. Aún así, el rastreo del origen sigue siendo una prioridad.

Referencia:

‘We felt we had beaten it’: New Zealand’s race to eliminate the coronavirus again. https://www.nature.com/articles/d41586-020-02402-5