Uno de los efectos que está directamente relacionado con los impactos del cambio climático en la salud es el aumento de las temperaturas máximas diarias y, por lo tanto, el incremento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor.

Diferentes estudios indican que esas olas de calor van a tener una clara incidencia en el aumento de la mortalidad diaria asociada a las altas temperaturas que se prevé que se produzcan en el futuro, junto con su correspondiente impacto económico.

Impacto del calor

Estudios muestran que el impacto de la mortalidad atribuible al calor está disminuyendo a nivel mundial, lo que hace creer en la existencia de una posible adaptación al calor, debido a múltiples factores relacionados tanto con la existencia de planes de prevención como con factores sociales, culturales, sanitarios y económicos, así como en mejoras de la infraestructura.

La forma de detectar la existencia de un menor impacto del calor en la mortalidad es a través del incremento del umbral de temperatura que da lugar a un aumento de la mortalidad relacionada con el calor, es decir, que en cada lugar se necesitaría una temperatura cada vez más alta para producir muertes, lo que se denomina temperatura de mortalidad mínima (TMM).

Uno de los efectos que está directamente relacionado con los impactos del cambio climático en la salud es el aumento de las temperaturas máximas diarias.

En un reciente estudio, un equipo de investigadores del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) analizó datos del Instituto Nacional de Estadísticas de España para determinar la evolución temporal de la TMM para el período 1983 -2018 en dos ciudades españolas: Sevilla, en la que se ha producido una disminución repentina del impacto del calor, y Madrid, en la que esta disminución ha sido mucho más moderada.

Evidencia de adaptación

La comparación de la tasa de variación de la TMM con la tasa de aumento de la temperatura máxima prevista para estas ciudades sirve para evaluar si la tasa de adaptación al calor en estas provincias es la necesaria para evitar un aumento del número de olas de calor durante el período y, por tanto, de la mortalidad asociada a las olas de calor.

Al detectar la existencia de un menor impacto del calor en la mortalidad, el estudio evidenció una adaptación al aumento de las temperaturas observadas en los últimos 36 años.

A tal fin, los investigadores analizaron la relación funcional mediante diagramas de dispersión a partir de los valores diarios de temperatura máxima y de las tasas de mortalidad diaria. Estos datos revelaron que la TMM fue de 1,12 grados Celsius/década para Sevilla y 0,57 °C/década para Madrid, lo que evidencia que la población de estas ciudades se están adaptando al aumento de las temperaturas que se ha observado en los últimos 36 años.

En referencia a estos resultados, el investigador Julio Díaz, afiliado a la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII y autor principal del estudio, explicó:

“Son muchos los factores que pueden explicar ese aumento en la temperatura de mínima mortalidad, incluyendo las mejoras económicas que posibilita un mayor acceso al aire acondicionado, así como la existencia de planes de prevención ante altas temperaturas, lo que permite alertar a los grupos especialmente vulnerables y trazar medidas para minimizar estos riesgos”.

Referencia: The evolution of minimum mortality temperatures as an indicator of heat adaptation: The cases of Madrid and Seville (Spain). Science of The Total Environment, 2020. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.141259