El cáncer de mama o de seno se trata de la manifestación más común de los diversos cánceres en mujeres. Del total de casos de cáncer en el mundo reportados por mujeres, al menos el 16% pertenece solo al cáncer de seno, según la Organización Mundial de la Salud. Asimismo, este todavía se posiciona como una de las principales causas de mortalidad femenina.

En estos momentos, el mundo se encuentra haciendo esfuerzos por mejorar sus servicios y tratamientos de forma de dichas tasas disminuyan. Sin embargo, el cáncer de mamá es tan variado y tiene tantas presentaciones que siempre hay puntos que se quedan por fuera en el camino al desarrollo. Tal ha sido el caso del cáncer de mama triple negativo, uno de los más complicados de tratar.

“Los pacientes con cánceres de mama triple negativos tienen un pronóstico desfavorable, en gran parte porque los enfoques de tratamiento han avanzado muy lentamente”.

Esto es lo que ha dicho Alex Swarbrick, jefe del laboratorio de progresión tumoral del Instituto Garvan de Investigación Médica. Él ha estado a la cabeza de un reciente estudio que justamente trae avances que finalmente podrían ayudar a mejorar los tratamientos para el cáncer de mama triple negativo.

La investigación se publicó esta semana en EMBO Journal y presenta un futuro prometedor para el mundo de los tratamientos contra el cáncer. Esto ya que, si bien es cierto que sus resultados se refieren directamente al cáncer de mama triple negativo, también se puede extrapolar y comenzar a utilizar con otros cánceres.

¿Cómo es el cáncer de mama triple negativo?

De entre todos los tipos de cáncer de seno a este le corresponde una proporción de entre el 10 y el 15% de incidencia. Básicamente, esta presentación del cáncer se da cuando los tejidos del seno carecen de tres receptores claves. Dos de estos se encargan de registrar el estrógeno y la progesterona, mientras que el último es para la proteína HER2.

A falta de estos tres receptores, muchos tratamientos actuales (que se enfocan en estimular estos compuestos) resultan entonces infructuosos en las personas con cáncer de mama triple negativo. Debido a esto, los pacientes con esta condición suelen tener una esperanza de vida de unos limitados 5 años.

El gran salto

Ahora, la investigación se ha enfocado en entender los mecanismos que se dan en el organismo tras la aparición del tumor cancerígeno. De este modo, como explica Swarbrick, han podido adquirir datos “sin precedentes” sobre la aparición del cáncer y su interacción con el cuerpo.

“Hemos analizado células individuales en muestras de tumores de pacientes para obtener información sin precedentes sobre lo que constituye un tumor, lo que nos permite identificar subtipos de células e investigar su papel en la enfermedad”.

Gracias a este entendimiento, en un futuro no tan lejano ya podrían estarse creando nuevas estrategias para combatir al cáncer de forma más eficiente.

Estudiando el “ecosistema” del cáncer

Para poder llegar a esta meta, ha sido necesario hacer una investigación en profundidad de las reacciones orgánicas y moleculares de los individuos al cáncer de seno triple negativo.

“Esto incluye no solo las células cancerosas en sí, sino también las células huésped circundantes, como las células del tejido conjuntivo e inmunológico, que pueden ser considerado como el ‘ecosistema’ del cáncer que permite que un tumor crezca y se propague”, explica la primera autora del estudio, Sunny Wu.

En general, esta investigación no solo apuntó a entender cómo se comporta el cáncer, sino cómo se maneja todo aquello que rodea a las células cancerígenas y cómo interactúan. De esta forma, pueden contar con una mirada panorámica de la situación que les ofrece bases más sólidas sobre las que hacer diagnósticos y sugerir tratamientos eficientes.

Detectan cuatro subtipos células estromales

El gran descubrimiento de este estudio se ha dado particularmente al estudiar dicho “ecosistema” que rodea al tumor. Allí han podido diferenciar hasta 4 subtipos de células estromales (cuando hasta hace poco se pensaba que solo había uno).

Estas células estromales, no son más de células madre mesenquimales, lo que implica que se tratan de elementos primitivos y multipotenciales. Como consecuencia, son capaces de responder a las necesidades del cuerpo y adaptarse a este al transformarse en exactamente lo que este necesita. Ahora, se sabe que incluso pueden ser partidarias activas –aunque no tan positivas– en el sistema inmune del organismo.

Supresión del sistema inmunológico

“Nuestros hallazgos sugieren que existe una interferencia significativa entre el sistema inmunológico y las células estromales, de las que generalmente se pensaba que solo tenían un papel estructural en los cánceres.

Esto es importante porque la inmunoterapia, que está diseñada para activar el sistema inmunológico del paciente contra un tumor, tiene una respuesta limitada en muchos pacientes con cáncer de mama triple negativo”, dice Swarbrick.

Los científicos identificaron casos como el de los fibroblastos asociados al cáncer inflamatorio, que fomentaban la liberación de una molécula de señalización de las células T: la quimiocina CXCL12. Debido a esta, las labores antitumorales de las células T se paralizan y el organismo queda entonces desprotegido.

Ahora que se tiene esta información, los científicos esperan poder detener o minimizar esta reacción orgánica. De este modo, podrán tener un sistema inmunológico mucho más fuerte y activo. Un detalle que hará que sea mucho más difícil que el tumor crezca o se expanda a otras áreas. En conclusión, para los investigadores, la clave a los nuevos tratamientos estará justamente en aprender a regular las células de estroma. Esto ya que así se podrán evadir sus efectos secundarios y debilitantes del sistema inmunológico.

Referencia:

Stromal cell diversity associated with immune evasion in human triple‐negative breast cancer: doi.org/10.15252/embj.2019104063