A nivel global, las tasas de morbilidad y mortalidad asociadas a COVID-19, enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, siguen siendo alarmantes. Los registros muestran una clara asociación entre enfermedades crónicas preexistentes como la diabetes, la hipertensión y la obesidad y peores resultados en los pacientes infectados con el coronavirus.

En el estado inflamatorio agudo que desarrollan algunos pacientes con COVID-19, cuadro clínico más severo de la enfermedad, se ha reconocido una importante hiperglucemia (altos niveles de azúcar en la sangre) y se ha comprobado que es pronunciada entre los pacientes que tienen obesidad, prediabetes y/o diabetes.

Un plan de manejo

Aunque el impacto total de los picos severamente altos en los niveles de glucosa en el curso de la enfermedad y la mortalidad sólo ha estado disponible recientemente, la experiencia inicial sugiere que los picos agudos y persistentes en los niveles de azúcar en la sangre anuncian un mal pronóstico.

Por lo tanto, junto con el manejo de la infección, la inflamación y los cuidados de apoyo, es fundamental contar con un plan de manejo de la glucosa rápidamente instituido y adaptado a las necesidades de los pacientes.

La aplicación oportuna de protocolos de gestión de la glucosa puede tener un efecto positivo y sustancial en la morbilidad y la mortalidad en pacientes infectados con el coronavirus.

En atención a esta necesidad, un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan desarrolló un algoritmo que proporciona un enfoque específico de la gestión de la hiperglucemia en pacientes infectados por COVID-19.

La herramienta, basada en una estratificación personalizada del riesgo, incluye diferentes niveles de hiperglucemia y resistencia a la insulina, control previo de la diabetes, presencia de obesidad, necesidades y tipo de apoyo nutricional, así como disfunción renal.

Nuevo protocolo

Los equipos de manejo de hiperglucemia recién creados se propusieron encontrar una manera de monitorear la diabetes de los pacientes sin tener que usar más equipo de protección personal para visitar las habitaciones continuamente. También resultó importante reducir al máximo la exposición del proveedor de atención médica al coronavirus.

El nuevo protocolo exigía la administración de insulina cada seis horas. A los pacientes que requerían ventiladores o recibían altas dosis de vitamina C se les controlaba los niveles de azúcar en sangre arterial o venosa, reemplazando la necesidad del control de azúcar en sangre del equipo.

Los investigadores señalan que junto con el manejo de la infección, la inflamación y los cuidados de apoyo, es fundamental contar con un plan de manejo de la glucosa en pacientes con COVID-19.

Para aquellos pacientes con los niveles más altos de azúcar en sangre e hiperglucemia severa, las infusiones de insulina eran una opción hasta que los valores glucémicos caían a un rango normal.

El algoritmo para predecir los valores de glucosa se complementó mediante la supervisión de los cambios en los niveles de biomarcadores inflamatorios, lo que permitió acelerar o reducir las dosis de insulina con mayor confianza.

De este modo, concluyen los investigadores, la aplicación oportuna de protocolos de gestión de la glucosa que abordaron estos complejos escenarios, y al mismo tiempo siguieron las trayectorias relacionadas con COVID-19 en los biomarcadores inflamatorios, tuvo un efecto positivo y sustancial en la morbilidad y la mortalidad en pacientes con la enfermedad coronavírica.

Referencia: Managing Hyperglycemia in the COVID-19 Inflammatory Storm. Diabetes, 2020. https://doi.org/10.2337/dbi20-0022