El mundo sigue de cerca el desarrollo de las vacunas y medicamentos contra el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad pandémica COVID-19. Gobiernos como el de los Estados Unidos ha inyectado robustas sumas de dinero a las compañías involucradas para acelerar el proceso, y ya hemos visto avances significativos como el inicio de la fase 3 de varios proyectos.

Desde cierto punto es una tarea noble, pero también se trata de una competencia en la que existen muchos intereses políticos, económicos y de reconocimiento. Y dentro de ella hay mucha prisa por patentar cualquier descubrimiento.

Y aunque patentar es algo común y necesario a nivel legal en los procesos de innovación, en medio de la situación actual esto podría impedir el acceso a información y recursos de gran demanda en el mundo.

Acciones para facilitar el acceso a información y vacunas

A principios de mayo, el gobierno de Estados Unidos eliminó las tarifas para las revisiones rápidas y de patentes relacionadas con el coronavirus. El objetivo tras esta medida era facilitar el inicio de investigaciones por parte de equipos más pequeños sin recursos suficientes para intervenir.

Otros gobiernos también se han interesado por esta estrategia. Por ejemplo, Canadá y Alemania ya han advertido que, de ser necesario, podrían anular las patentes para facilitar el acceso a las vacunas.

Las patentes pueden representar un gran problema en medio de una emergencia como la que vivimos. Como ejemplo, Israel, que en marzo emitió una orden para permitir la importación de una versión genérica del antiviral Kaletra fabricado por AbbVie Inc., destinado para usarse contra el coronavirus.

El gobierno israelí explicó que la compañía no podía suministrar suficiente Kaletra para entonces, un medicamento que aún no se ha comprobado como efectivo contra el coronavirus.. Después de dicha orden, AbbVie dijo que “eliminaría cualquier barrera potencial a las fuentes alternativas de suministro”.

Compartir información sin renunciar a las regalías

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estaba al tanto de los riesgos de esta dinámica, y en mayo solicitó a los investigadores que compartieran su información patentada, pero sin renunciar las regalías. De esta forma, los involucrados en el desarollo de las vacunas podrían replicar el trabajo más fácilmente.

Para julio, muchos países se habían adherido a este grupo de patentes excepto Estados Unidos, que como informamos semanas atrás, confirmó su salida de la OMS. Tampoco se había unido ninguna farmacéutica.

Asimismo, un grupo de académicos e ingenieros estadounidenses formó también un grupo de patentes con una intención similares a la de la OMS. Compañías de renombre como Amazon.com, Facebook, Microsoft, entre otras, decidieron participar, pero tampoco se unió ninguna empresa farmacéutica.

“Suponemos que su posición es: ‘COVID-19 es un mercado legítimo, podría ser un gran mercado para nosotros, entonces, ¿por qué renunciar a eso?’”, supuso uno de los creadores del grupo, Jorge Contreras, también profesor de derecho de patentes en la Universidad de Utah.

Sin lugar a dudas, la propiedad intelectual es algo valioso, pero para las pequeñas empresas puede resultar incluso vital ya que puede ser detonante de su crecimiento. Pero los gobiernos del mundo están al tanto del riesgo de otorgar el poder de gestionar la cura o vacuna contra el coronavirus a una empresa particular y aún hay preocupación por reducir estos riesgos.

Referencia:

The Vaccine Scramble Is Also a Scramble for Patents. https://www.bloomberg.com/features/2020-covid-vaccine-patent-price/