Hace unos meses, hablamos de un estudio realizado en China que sugería que el coronavirus no había empezado a circular desde noviembre o diciembre de 2019, sino desde agosto de dicho año.

Esta, por supuesto, ha sido una hipótesis apoyada por muchos durante el transcurso de toda la pandemia, principalmente por la rápida propagación que tuvo después de que se desarrolló la prueba diagnóstica y empezaron a detectarse los casos.

Un estudio publicado en la revista de acceso abierto EClinicalMedicine de The Lancet arroja nueva evidencia que apoya esta hipótesis. Los epidemiólogos de la Universidad de Texas en Austin informaron que los pacientes que presentaron síntomas de gripe el invierno pasado en realidad tenían COVID-19.

Los primeros casos sintomáticos de COVID-19

Un equipo de investigadores decidió volver al pasado para estimar con mayor precisión cuándo empezó a propagarse el coronavirus SARS-CoV-2 entre las personas. Para ello, usaron muestras de frotis de garganta tomadas de pacientes que experimentaron síntomas similares a los de influenza durante enero en Wuhan y durante finales de febrero y principios de marzo en Seattle, EE.UU.

El estudio en Wuhan encontró 7 casos positivos para influenza, pero también 4 positivos para SARS-CoV-2, entre 26 pacientes adultos que buscaron atención médica en dos hospitales centales de la ciudad antes del 12 de enero de 2020.

Mientras que el estudio en Seattle encontró 442 casos de influenza y 25 casos positivos de SARS-CoV-2 entre 2353 niños y adultos que que padecieron una enfermedad respiratoria aguda antes del 9 de marzo de 2020.

Buena parte de las infecciones de COVID-19 eran en niños

Los investigadores sugieren que podría haber habido más de 12,000 casos sintomáticos no detectados de COVID-19 para aquel momento. Para el 9 de marzo, cuando las escuelas de Seattle cerraron por el brote, estiman que más de 9,000 personas con síntomas similares a la gripe en realidad tenían COVID-19, y que cerca de un tercio de esa cifra correspondía a niños.

“Incluso antes de que nos diéramos cuenta de que COVID-19 se estaba propagando, los datos implican que había al menos un caso de COVID-19 por cada dos casos de gripe”, dijo Lauren Ancel Meyers, profesora de biología integrativa y estadística y ciencias de datos que dirige el Consorcio de Modelado COVID-19 de UT Austin.

Llama la atención que solo en EE.UU., alrededor de un tercio de los casos de COVID-19 no diagnosticados en su momento fueron entre niños. Esto no solo derriba la creencia inicial de que los niños eran menos propensos a contagiarse, sino que confirma su papel como posibles vectores silenciosos de la enfermedad.

“Dado que COVID-19 parece ser abrumadoramente leve en los niños, nuestra alta estimación de casos pediátricos sintomáticos en Seattle sugiere que puede haber miles de casos leves más en ese momento”, escribió Zhanwei Du, investigador postdoctoral en el laboratorio de Meyers y primer autor del estudio.

Se trata de un hallazgo interesante considerando que cuando el gobierno de China decidió cerrar Wuhan, se habían confirmado solo 422 casos. Sin embargo, esta extrapolación confirma que el coronavirus estaba mucho más diseminado de lo que pensábamos. El primer caso de COVID-19 en Seattle pudo haber llegado antes de Navidad o el día de Año Nuevo.

Por supuesto, esto no quiere decir que las autoridades estuvieran al tanto de que un virus se estaba propagando y no tomaran medidas en su momento. Parece más sensato pensar que estas hayan pasado desapercibidas por coincidir con una época en la que la preocupación se centra en la influenza, que también es un problema de salud pública.

Referencia:

Using the COVID-19 to influenza ratio to estimate early pandemic spread in Wuhan, China and Seattle, US. https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(20)30223-6/fulltext