Crédito: AP Photo/Jean-Francois Badias.

La pandemia del coronavirus ya ha alcanzado a más de 20 millones de personas en el mundo y ha terminado con la vida de más de 735 mil. Asimismo, el actual epicentro de la enfermedad (Estados Unidos) sigue presentando cifras preocupantes de contagio cada día.

Igualmente, el resto de los focos en América Latina se hacen cada vez más grandes, mientras que los brotes en África también comienzan a llegar números desalentadores. En resumen, una segunda ola del coronavirus es cada vez más posible.

Aun así, el mundo se encuentra considerando un regreso a clases (aunque sea escalonado) para tratar de evitar que la pandemia se convierta en un retraso significativo en los procesos educativos de los niños. No obstante, esta se trata de una decisión complicada, llena de aristas y con mucho en juego, por lo que no existe una solución sencilla.

En muchos casos, la decisión dependerá de la situación de cada país. Dentro de estos, cada región también podrá tener una realidad distinta, así como cada escuela y cada familia. Por lo que, al final, la decisión de que los pequeños regresen a la escuela (y si esto es lo suficientemente seguro o no) se convertirá en una amalgama de situaciones particulares.

La mirada de una experta

Dra. Geeta Nayyar.

Para poder traer un poco más de claridad a este amasijo de confusión, la doctora Geeta Nayyar, reconocida líder a nivel nacional en temas de tecnología de la información y de la salud, ha compartido su perspectiva y sus consejos.

Con ellos viene una guía particularmente enfocada en la decisión personal de cada familia sobre si enviar o no a los pequeños a clases. Dependiendo de las situaciones generales, las naciones pueden decidirse de forma masiva si reabrir o no.

Sin embargo, la capacidad para asumir este desafío (y el deseo de hacerlo) viene determinada solo por la realidad de cada familia y por los eventos que se desarrollan en su entorno inmediato. Por esto, la Dra. Nayyar propone tres preguntas vitales que se deben responder a la hora de tomar esta importante decisión.

1.- ¿Cómo está impactando el coronavirus en su localidad? ¿Cómo lo han manejado las autoridades?

Las diferencias en el efecto del COVID-19 sobre los países del mundo también se ha reproducido de forma micro entre los estados e incluso entre las comunidades de una misma nación. Por esto, una evaluación situacional es lo primero que se debe hacer para poder determinar si es lo suficientemente seguro que los niños regresen a clases.

Para realizarla, es necesario tomar en cuenta por ejemplo si el SARS-CoV-2 se encuentra presente directamente en la comunidad con casos activos o posibles cadenas de contagio en investigación. Asimismo, también es imperante conocer qué tipo de medidas han aplicado las autoridades y si estas han sido o no exitosas a la hora de luchar contra el COVID-19.

Sumado a estos datos, también importa conocer cómo los sistemas de salud han respondido a la situación, qué tan veloces a la hora de brindar respuestas y qué tan rápido son capaces de hacer las pruebas de despistaje y obtener resultados. Ya que, de esto último dependerá en gran medida la credibilidad y la exactitud de las cifras de contagios y recuperaciones presentadas por los medios.

2.- ¿Qué medidas de seguridad tomará la escuela?

 

Crédito: Reuters/Stephane Mahe.

Por otra parte, así como es necesario conocer el estado general de la comunidad en la que se encuentran, también es importante dar una mirada particular a cada escuela. Ninguna de estas cuenta con la misma dirección o los mismos recursos. Por lo que, es muy probable que las medidas tomadas por cada una sean diferentes –aunque sigan una línea general–.

Debido a esto, se hace necesario conocer los cambios que harán en los salones, así como los requerimientos de seguridad y salubridad para los profesores y el resto del personal de la escuela. En estos casos, se hablaría por ejemplo de la frecuencia de limpieza y desinfección de los espacios, de posibles reformas en los sistemas de ventilación, de los equipos de protección que llevarían los trabajadores y también del modo en el que los profesores llevarían la clase para minimizar los contactos.

Igualmente, se deben conocer las medidas que se trabajaran con los niños: como el fomentar el lavado de manos constante u ofrecerles pupitres distanciados en los salones de clases. Asimismo, acá entrarían en juego también medidas de monitoreo, como los medios a través de los que la escuela mantendría un control epidemiológico y evaluaría tanto a profesores como estudiantes en la búsqueda de síntomas del COVID-19.

En algunas oportunidades la medida tomada por la escuela podría llevar a cabo la totalidad de las clases de forma virtual. En este caso, sería necesario averiguar los requerimientos mínimos de conectividad y equipos para llevar esto a cabo.

3.- ¿Cómo es su situación familiar? ¿Puede correr el riesgo?

Finalmente, el punto que determinará la reacción de cada familia será la situación particular de cada una. Una infección por coronavirus en los niños, por lo general, no se asocia con síntomas graves (a pesar de que sí hay casos de COVID-19 severo en niños). Sin embargo, si en la casa también habitan otros individuos en el rango de riesgo (adultos mayores, fumadores, personas con condiciones cardiovasculares delicadas, diabéticos, etc.), el virus transportado en los niños puede terminar por llegar a estos individuos y poner al hogar en una situación complicada.

Asimismo, los tratamientos para esta enfermedad en muchos casos implican fuertes gastos. Por lo que, las personas deben evaluar si, por ejemplo, cuentan con un seguro capaz de cubrir estos gastos o con algún ahorro que pueda asegurarles estabilidad económica aún durante un evento de este estilo.

Preparativos atípicos

Si luego de hacer todas estas consideraciones se toma la decisión de enviar a los pequeños a la escuela, entonces es necesario considerar que los preparativos para este año escolar serán naturalmente diferentes. Los útiles y los uniformes escolares ya no serán los protagonistas, sino que los equipos de protección (mascarillas, guantes, etc…) pasarán a ser elementos vitales y protagónicos.

Igualmente, será importante trabajar desde temprano y reforzar desde casa la importancia que tienen las costumbres de higiene como el constante lavado de manos y la limpieza de los útiles que se utilicen. Asimismo, será importante que los pequeños comprendan aunque sea en un nivel básico lo importante que es que se cuiden y eviten el contacto con otros niños.

Esperar lo mejor, mientras se prepara para lo peor

Pero, hay que tomar en cuenta que, incluso si se toman todas las precauciones posibles, existe una posibilidad de que los niños se contagien con el COVID-19. Ya sea por puro desdén o desconocimiento infantil, es claro que los niños no van a seguir al pie de la letra medidas con las que incluso los adultos tienen problemas.

Por esto, las familias deben tener en cuenta un posible contagio y hacer planes de acción si esto llega a ocurrir. En ellos se deberán incluir desde conocimientos sobre los organismos competentes a los que se tendrá que llamar, como las medidas y cuidados que se tendrán en el hogar para evitar más contagios.

Aunque esta se trata de una posibilidad en la que nadie quiere pensar –y mucho menos vivir–, la doctora recomienda que se tome en cuenta en los planes familiares. Después de todo, al tener un camino de acción trazado será posible hacerle frente más rápida y eficientemente que si no se toman previsiones.