En la actualidad, los cierres sistematizados de espacios públicos a causa del COVID-19 se han convertido en un elemento común en el mundo. Sin embargo, a medida que se desenvuelve la segunda mitad de este 2020, dichos cierres totales son más difíciles de mantener.

En algunos casos, las presiones económicas se vuelven demasiado fuertes y muchos países optan por una reapertura en un intento por no profundizar la herida a su economía. Sin embargo, existe otro cierre sistematizado que a la larga puede ser mucho más dañino que la caída de cualquier economía, y este tiene que ver con el sector educativo.

Claramente, mientras la situación del coronavirus siga en pie, una reapertura normal de las escuelas es simplemente imposible. Sin embargo, esto no hace que las consecuencias negativas en la salud mental de los niños ocasionadas por un evento como este se minimicen o se pongan en pausa.

La reciente investigación publicada en Psychological Science in the Public Interest (PSPI) estudia justamente los efectos de la educación formal en el desarrollo cognitivo de los niños y sus implicaciones en la vida adulta de estos.

Un nivel más alto en las funciones cognitivas

El investigador de la Universidad de Texas en Austin, y coautor del estudio, Elliot M. Tucker-Drob, ha dicho:

“La cantidad total de educación formal que reciben las personas está relacionada con sus niveles promedio de funcionamiento cognitivo durante la edad adulta”.

Con esto se aborda uno de los primeros detalles que detectó la investigación. Este implica que la educación formal durante las épocas infantiles y adolescentes se relaciona con capacidades cognitivas mayores durante la adultez y la vejes. Como resultado, los individuos eran mentalmente más capaces en cada etapa de su vida gracias al desarrollo temprano de sus capacidades.

La educación formal no es una protección contra el envejecimiento cognitivo

“Sin embargo, [la educación formal] no está relacionada de manera apreciable con sus tasas de deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento”, acotó Tucker-Drob.

Un punto particular que cabe destacar es que, a pesar de que los signos del deterioro cognitivo se presentaron como más leves en estos individuos y también sus consecuencias, esto no implica que este proceso de declive se viera disminuido por la educación formal. De hecho, los porcentajes de deterioro cognitivo no variaron significativamente entre individuos que fueron educados formalmente y aquellos que no.

“Los individuos varían en sus tasas de deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento, pero estas diferencias individuales no se relacionan apreciablemente con el nivel educativo”.

Esto es lo que ha dicho el investigador Martin Lövdén, actual trabajador de la Universidad de Gotemburgo y autor principal del estudio, para referirse a la relación directa entre el deterioro cognitivo t su educación formal.

Pero entonces, si la educación formal no frena el declive cognitivo, ¿por qué los signos de este fueron menores en las personas que la habían recibido?

Un periodo de declive más largo y menos notorio

La investigación también reveló que, aunque el declive no frenaba, comenzaba desde un “punto más alto”. Como hemos dicho al inicio, las capacidades cognitivas de quienes reciben educación forman parecen desarrollarse más y mantenerse más altas en el tiempo.

Por esto, a pesar de que el deterioro cognitivo ataca de más o menos la misma forma y comienza en las mismas épocas, se hace notorio mucho más tarde. Ya que, el camino que debe recorrer para poder situar al individuo por debajo del “umbral de funcionalidad” como lo llaman los científicos, es mucho más largo.

Como consecuencia, el declive de las capacidades cognitivas no es notorio al principio y se toma un lapso de tiempo más largo para causar cambios notorios en el individuo.

Datos a considerar a futuro

“Este mensaje puede ser particularmente relevante ya que los gobiernos deciden si, cuándo y cómo reabrir las escuelas durante la pandemia de COVID-19. Tales decisiones podrían tener consecuencias durante muchas décadas por venir”, comentó Tucker-Drob.

Como hemos mencionado, esta época de pandemia ha causado que las escuelas deban cerrarse indeterminadamente como medida preventiva. Ahora, que se acerca la fecha del regreso a clases –y con la amenaza de una segunda ola de COVID-19 justo sobre nuestras cabezas– la decisión de abrir o no las escuelas puede ser altamente complicada para los gobiernos.

Los investigadores esperan que estos datos puedan serles de ayuda a la hora de tomar dichas decisiones. Puesto que podrán contar con una imagen panorámica, no solo en espacio sino en tiempo, de la situación y sus posibles consecuencias.

Claramente no existe una solución fácil para esta encrucijada. Sin embargo, es imperante trabajar para encontrar una. Ya que si no lo hacemos, las repercusiones reales de esta situación podrían seguirnos por décadas. Un hecho que podría causar un aumento negativo en los casos de envejecimiento cognitivo y demencia en el futuro.

Referencia:

Education and Cognitive Functioning Across the Life Span: https://doi.org/10.1177/1529100620920576