A mediados de marzo, varios reportes sugerían que Corea del Sur había logrado controlar el brote de coronavirus en su territorio sin siquiera implementar las estrictas restricciones que semanas después aplicarían otros países.

Desde entonces, han pasado varios meses, y aunque buena parte del mundo se vio seriamente afectada por el brote convertido en pandemia, Corea del Sur sigue destacando por su buen manejo de la emergencia.

Los investigadores lo confirman en una nueva investigación publicada en la revista The American Review of Public Administration, que se basó en la revisión minuciosa de las políticas de salud pública surcoreanas desde enero hasta abril de 2020.

Pruebas diagnósticas masivas

En enero de este año, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Corea trabajaron conjuntamente con la Sociedad Coreana de Medicina de Laboratorio y la Asociación Coreana de Servicios de Evaluación de Calidad Externa en el desarrollo de las pruebas de la reacción en cadena de la polimerasa con transcripción inversa en tiempo real (rRT-PCR) que, como muchos saben, permiten diagnosticar los casos positivos de COVID-19.

El kit se aprobó en febrero, y para el 9 de marzo se habían producido 15.971 kits que permitirían hacer pruebas a 522.700 personas. De hecho, para el 15 de abril ya habían examinado a 534,552 personas, lo que equivale a 10,4 personas por cada mil habitantes. Además, se establecieron 600 centros de detección y más de 90 instituciones médicas que se encargaron de aplicar dichas pruebas.

Un sistema de gobierno funcional

Corea del Sur es un país unitario democrático, pero los gobiernos locales tienen una autonomía limitada que debe apegarse a un sistema de gobernanza centralizado. Y aunque en nuestros tiempos ya esta perspectiva no resulte tan popular, lo cierto es que en este caso en particular dio buenos resultados.

Las agencias surcoreanos actuaron rápidamente en la implementación de las decisiones políticas a nivel local, dando lugar a una respuesta simultánea que permitió abordar de manera eficaz el brote.

Aunque no podemos negar que parte del éxito se debe a la experiencia. Luego de la epidemia de MERS en 2015, el gobierno de Corea del Sur modificó su regulación respecto a la respuesta a la pandemia. Un ejemplo de ello es la Ley de Prevención y Control de Enfermedades Infecciosas, que se modificó de modo que permitiera aplicar técnicas de vigilancia y rastreo más invasivas.

Rastreo epidemiológico minucioso

Corea del Sur respondió de manera rápida y oportuna a la presencia del coronavirus en su territorio. Las autoridades ordenaron investigaciones epidemiológicas de campo para detectar cuanto antes los casos de COVID-19 y sus contactos.

El procedimiento fue riguroso y extenso: entrevistaron a pacientes, pero además revisaron registros médicos e incluso los movimientos de las tarjetas de crédito y los datos de GPS, lo cual valió acusaciones de violación de la privacidad de los ciudadanos.

Pero como ya hemos dicho, la necesidad de cooperar en la gestión del brote parecía más grande que la de mantener sus movimientos a salvo. Una encuesta realziada por el Institute for Future Government en 2020 reveló que el 84 por ciento de los surcoreanos estaba de acuerdo con ceder su privacidad a cambio de seguridad en materia de salud pública.

Presupuesto suficiente para manejar el brote

Los autores del estudio resaltan también otro factor clave en el éxito del país asiático en la lucha contra el COVID-19: el presupuesto de salud pública y la flexibilidad de los sistemas de gestión fiscal, los cuales permitieron proporcionar los recursos adecuados para manejar la emergencia.

La totalidad del costo de las aplicación de las pruebas de COVID-19, las cuarentenas, y el tratamiento de los ciudadanos y no ciudadanos surcoreanos infectados fue asumida por el gobierno de Corea del Sur y el programa nacional de seguro de salud.

Además destacan la disposición de seguir financiando las medidas de salud pública, pues el 17 de marzo la legislatura de Corea del Sur aprobó el presupuesto suplementario de 11,7 billones de KRW, equivalentes a USD 10,1 mil millones. Este dinero se destinó a mejorar y aumentar las instalaciones de prevención y tratamiento de COVID-19 destinadas a apoyar a los trabajadores de la salud durante el brote.

El mundo aún lucha contra el coronavirus, y hemos visto cómo la respuesta tardía o la falta de consenso entre las autoridades de un país pueden hacer la diferencia entre el recato y el desastre. Por lo que los expertos consideran que Corea del Sur es un ejemplo de éxito y que podríamos seguir su ejemplo.

Referencia:

Lessons From South Korea’s Covid-19 Policy Response. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0275074020943708