A estas alturas, entrando al octavo mes del año y pasando el sexto de pandemia, el coronavirus sigue siendo la principal preocupación de mundo. Con casi 20 millones de personas contagiadas en el mundo y más de 732 mil fallecidos, pareciera que se acerca una segunda ola de la contagiosa enfermedad.

Durante todo este tiempo, el mundo ha estado buscando modos para combatirla y, especialmente, para erradicarla. Sin embargo, a pesar de que se han hecho avancen en el desarrollo de vacunas y medicamentos, una solución definitiva aún no se encuentra a la vuelta de la esquina.

Por esto, los mecanismos de prevención y de rastreo de contactos para frenar las cadenas de contagio siguen siendo vitales. De entre estos, uno que ha sido tan inicialmente celebrado como posteriormente repudiado ha sido el desarrollo de apps de rastreo.

En teoría, estas aplicaciones deberían convertirse en una herramienta que facilitaría el descubrimiento de cadenas de contagio. Pero, los temores sobre posibles violaciones a la privacidad han hecho que iniciativas como la de Noruega y la del Reino Unido debieran cancelarse. ¿Están las aplicaciones de rastreo de contacto condenadas al olvido, o aún tienen una oportunidad para ayudar al mundo a combatir el COVID-19?

Casos exitosos: Irlanda y Alemania

Hasta ahora, tanto Alemania como Irlanda se han alzado como casos exitosos en los que la adopción de una app de rastreo ha sido satisfactoria. En primer lugar nos encontramos con Irlanda, que posee la tasa de adopción más alta –con un 37% usando descargado la app–. Por su parte, Alemania sigue su ejemplo desde la distancia con un 20% de su población total usando la app en sus dispositivos inteligentes.

Ambas iniciativas han optado por utilizar la API creada y patrocinada por la colaboración entre Apple y Google. Ahora, a pesar de que su éxito no se puede cuantificar según el número de casos que han detectado (por los mismos motivos de privacidad), las dos naciones han declarado que sus iniciativas han tenido gran éxito y que se han vuelto una herramienta efectiva para la detección de contactos.

¿Qué se puede aprender de ellos?

Tal ha sido su éxito que incluso el gobierno de Alemania se encuentra dando consejos activamente a otras naciones para que desarrollen sus propias apps de rastreo de contactos. Ahora, gracias al proyecto Covid Tracing Tracker llevado a cabo por MIT Technology Review, también es posible tener las perspectivas directas de los equipos tanto irlandeses como alemanes que han estado detrás del desarrollo de sus respectivas apps: COVID-Tracker y Corona-Warn.

Prevenir hasta una sola infección puede salvar una vida

Uno de los primeros consejos que da Colm Harte, el director técnico de NearForm, la empresa encargada de crear COVID-Tracker, es que no se puede mirar la situación como un caso de “todo o nada”. Expone que en muchos casos se esperaba que la población entera adoptara las apps y las utilizara activamente.

Este se trata de un escenario muy poco probable. Por lo que, si se trabaja con este como norte, al final se puede considerar la situación como un fracaso.

Sin embargo, Harte expone que incluso si las tasas de adopción son bajas, igualmente son útiles. Es claro entonces que la aplicación no ayudará a descubrir todas las cadenas de contagio, pero sí podrá interceptar algunas y eso siempre será un beneficio. Ya que, gracias a estos esfuerzos, se podrán salvar más vidas que si no se hiciera nada.

Las apps son herramientas, no la solución

Otro punto importante que es necesario aclarar para los técnicos es que las aplicaciones de rastreo de contactos son una ayuda en la lucha contra el COVID-19 y no una solución definitiva. El contar con una app de este estilo puede ser una gran ventaja, pero esta no hará por sí sola que las infecciones se detengan.

Por esto, tanto el gobierno alemán como el irlandés se han dado a la tarea de combinar sus apps con los esfuerzos tradicionales (rastreo manual, pruebas de despiste, medidas de distanciamiento, etc.).

En pocas palabras, para Peter Lorenz, uno de los directores encargados del desarrollo de Corona-Warn, otro de los temas clave es ser capaces de “gestionar las expectativas” de forma que se vea a las apps como lo que son: un apoyo.

La transparencia es clave

Un punto vital que no debe faltar dentro de las consideraciones a la hora de desarrollar este tipo de aplicaciones es la transparencia. Las preocupaciones sobre la privacidad han sido uno de los principales motivos por los que ya varios proyectos de este estilo han bajado la santamaría.

Por esto, es imperante que se trabaje de forma transparente y abierta al ojo público. Ya que solo a través de este enfoque será posible mostrar al público la inexistencia de segundas intenciones. Como consecuencia, finalmente se podría obtener su necesaria confianza.

Tanto COVID-Tracker como Corona-Warn han abierto sus códigos al público para que quien desee pueda inspeccionarlos. Asimismo, ninguna de las apps almacena los datos de los usuarios en una central, sino que estos se mantienen en cada dispositivo. Igualmente, en el caso de la aplicación alemana, luego de 14 días (el tiempo de incubación estimado del COVID-19) los datos se eliminan.

Ningún extremo es bueno a la hora de establecer parámetros

Por otro lado, otro punto relevante tiene que ver ya con el ajuste directo de las apps y cómo estas han de funcionar. En total, estas tienen una meta, llevar un registro de los contactos de las personas para poder identificar y alertar de posibles contagios a quienes hayan estado cerca de un caso positivo.

La dificultad de esta meta se encuentra a la hora de establecer parámetros. Por un lado, si se hacen demasiado laxos, lo más probable es que posibles contagios pasen por debajo de la mesa y el uso de la app pierda sentido. Por otro, si son demasiado estrictos entonces la cantidad de notificaciones y “falsos positivos” que recibirían las personas podría orillarlas a desinstalar la app –en cuyo caso esta perdería también su utilidad–.

Debido a esto, la selección de parámetros como el tiempo de exposición o la distancia mínima desde los cuales ya se comienza a considerar que un individuo pudo contagiarse, son detalles que se deben pulir con extremo cuidado. Cada uno de los extremos es dañino a su modo, por lo que la meta es encontrar el equilibrio.

Debido a que los patrones de contagio del COVID-19 aún no están claros, esta se trata de una información que está en constante cambio. Por lo que, los parámetros también deben someterse a una constante actualización, apuntando siempre a obtener los resultados más precisos. Para esto, el Instituto Robert Koch de Alemania incluso se encuentra realizando simulaciones de posibles situaciones de contagio con las cuales adquirir datos más detallados con los que pulir los parámetros de la app.

Paciencia

Finalmente, el elemento que los técnicos resaltan con más ahínco es que estas aplicaciones apenas están comenzando su camino. Durante el primer brote fuerte de la pandemia muchas de estas apenas estaban en desarrollo. Por este motivo, consideran que justamente ahora, con la posible llegada de la segunda ola, será cuando se vea en su totalidad la utilidad de estas apps.