Cada producción tiene una gran lista de anécdotas que se esconden en el detrás de cámaras, que solo los que formaron parte del proyecto conocen a detalle. Sin embargo, uno que otro secreto se hace paso en los pasillos de Hollywood, sobre todo cuando significan consecuencias letales como lo que estamos a punto de abordar en las siguientes líneas.

Sí, así como lo leen, hay cintas que han llegado a la pantalla grande, pero, han significado la muerte de quienes hicieron vida dentro de ella. Y, para ejemplo, hoy le dedicaremos un buen tiempo a ‘The Conqueror’, el clásico del cine que le costó la vida a varios del reparto, del equipo de producción y hasta del gran John Wayne.

Quienes hayan visto ‘The Aviator’ (2004) recordarán una escena en la que el personaje de Leonardo DiCaprio, Howard Hughes, se encuentra en su sala de cine personal, mirando una producción que lo deja muy trastornado. Pues, ¿qué sentirían si les afirmamos que tal cinta era una metáfora para ‘The Conqueror’, película producida por el verdadero Hughes en 1956?

Antes de que pienses que esto se trata de una historia de terror, les podemos decir que Hughes admitió que el rodaje de ‘The Conqueror’ forma parte de los arrepentimientos de toda su vida. Que, si bien, no trae devuelta a todas las personas fallecidas por las grabaciones, es bueno saber que alguien lamentaba todo lo ocurrido en los años 50.

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Un poco de sinopsis antes del caos

Antes de adentrarnos por completo en todo el caos, les contaremos un poco sobre la cinta. ‘The Conqueror’ se estrenó en 1956 y fue considerada una de las 50 peores películas de todos los tiempos. Se podrán imaginar que con esa “posición” y todas las muertes por detrás, la película no es precisamente una de las favoritas para conmemorar por el lado de Hollywood.

Se trataba sobre un líder de origen mongolés, Temujin, –mejor conocido como Genghis Khan– que se enamora de una princesa tártara, Bortai, por lo que la secuestra y eso provoca una guerra. Algo así como cuando el príncipe París de Troya se enamora de Helena de Esparta y bueno, ya saben cómo sigue la historia.

Sin embargo, la princesa rechaza al mongol y es rescatada por su clan en un ataque. Pero, eso no es todo, cuando este es capturado, Bortai se enamora repentinamente de él –sí, luego de rechazarlo– y lo ayuda a escapar.

Más allá de si el argumento de la cinta es débil o no, la película estuvo llena de muchos estereotipos asiáticos, con excesos de tonos amarillos en la piel y hasta forzados ejemplos de racismo. Asimismo, el guion estuvo cargado de prejuicios y pobres técnicas, de acuerdo a lo que afirma la crítica.

Pero, su rendimiento en taquilla no fue pobre, alcanzando un total de $4.5 millones, pero se sabe que fue únicamente porque contaba con grandes nombres como John Wayne y Susan Hayward. No obstante, no importa el nivel de las estrellas, la película siempre será recordada como aquella que mató a su elenco y a su equipo de rodaje.

Una elección de set que les costó la vida

En 1953, Hughes –para ese momento el propietario de la productora RKO–, decidió que algunas escenas externas de la cinta se grabarían en Snow Canyon State Park, ubicado cerca de St. George, Utah. Pero, no tomaron en cuenta que, a solo 220 kilómetros estaba ubicada el área de pruebas de Nevada, donde en 1951 se habían llevado a cabo testeos de bombas nucleares en las afueras del laboratorio.

Si bien las pruebas nucleares ocurrieron dos años atrás, quienes saben de este tema –y no precisamente por ser expertos, sino fanáticos de los eventos radioactivos, como la Bomba de Hiroshima–, reconocerán que las secuelas de ese tipo de pruebas no se extinguen en años, y a veces, hasta no desaparecen.

Entendiendo esto, por durante 13 semana de grabación, tanto el equipo técnico como el elenco estuvieron “tragando polvo radioactivo”, ya que las ventiscas de Nevada pasan directas por el Snow Canyon, en Utah.

Aunque quisieran decir “wow, pero que equivocación la de los cineastas y productores”, aquí es en donde se pone turbia la cosa, ya que, los altos cargos detrás de la cinta sabían sobre las pruebas, pero, decidieron creer lo que el gobierno americano aseguraba sobre las mismas: que no causan riesgo para la salud. Vaya, plot twist el que tuvieron que vivir.

Un dato curioso detrás de toda esta experiencia es que, irónicamente, Wayne había llevado un contador Geiger hasta el set de grabación para medir los índices de radiación en el aire. Hasta se comenta que hicieron bromas sobre cómo reaccionaba el equipo, sin darse cuenta de que estaban viendo el dictamen de su muerte con risas.

Para el colmo de las irresponsabilidades, cuando las altas temperaturas y la cantidad de “polvo” devastaron el set externo, la producción decidió llevar las grabaciones a un estudio cerrado, pero, no sin antes recopilar 60 toneladas de arena contaminada para llevarlas hasta Los Ángeles, meterlas en el set –que acotamos, de nuevo, estaba cerrado–, bajo órdenes de Hughes para darle un aspecto más realista al rodaje.

Como verán, lo más impresionante de ‘The Conqueror’ no fue su mala calidad, o su maravilloso reparto, en realidad es la historia de irresponsabilidad y negligencia que ejecutó el equipo de producción al exponer a todas esas personas a una locación cerca de una zona nuclear, cuyas nueve detonaciones de prueba, y “no dañinas”, afectaron parte de Nuevo México y Laredo.

Las despedidas consecuencias del “realismo” en el set

La producción sabía que las pruebas nucleares cercas al lugar de grabación, pero decidieron creer en las declaraciones de su gobierno, quienes aseguraban que no había efectos nocivos para la salud.

Caer, a estas alturas, en un debate sobre quién es más responsable de las muertes –si la producción por confiada o el gobierno por falacias–, es una conversación distinta. Pero, el punto principal es que la grabación de ‘The Conqueror’ les significó a las 220 personas que trabajaron en ella, incluyendo director y actores, que 91 se enfermaran de cáncer y 46 se murieran al poco tiempo por lo mismo.

Las pérdidas fueron apareciendo gradualmente. Apenas a 8 meses después del estreno de la cinta y a dos años de su producción, el compositor Victor Young fue el primero, quien murió a los 56 años por una hemorragia cerebral fulminante, a causa de cáncer en el cerebro.

Para 1963, el director de la cinta, Dick Powell, falleció por un linfoma No-Hodgkin. Mientras que, Pedro Armendáriz –el reconocido actor mexicano que formó parte de esta sentencia de muerte desconocida– se suicidó con un balazo en el pecho al enterarse que su cáncer de riñón no tenía cura y que era irremediable. Tenía solo 51 años.

Siguiente en la lista, la actriz Susan Hayward, sí, una de las grandes estrellas que le generó $4.5 millones en taquilla a la pésima cinta, murió en 1975, a la edad de 56 años, por otro irremediable cáncer en el cerebro que realizó múltiples metástasis.

Y, así como la reina, el rey cayó. En 1978, Wayne desarrolló un cáncer de estómago que lo obligó a realizarse una gastrectomía, solución que, según sus doctores, podría superar al sustituirle el órgano con un implante de plástico.

Sin embargo, su enfermedad por causas nucleares, invadió todo su páncreas e hígado, por lo que muere a la de 75 años, en 1979. Como estos, los casos continuaron hasta los próximos 30 años, y, “casualmente” todas las víctimas formaron parte de la grabación en arenas contaminadas para rodar ‘The Conqueror’.

Sin duda, esa fue una epidemia de resultados que dan miedo, ya que, para 1983, se comprobó que la mitad de los 220 integrantes de la producción habían muerto de cáncer. Y, a ver, algunos escépticos podrían pensar que esta es solo otra teoría conspirativa y que casi todo el mundo se muere de cáncer, pero, no aproximadamente 110 personas que estuvieron en el mismo sitio, en el mismo año, al mismo tiempo.

Remordimiento sin cáncer

Se dice que el productor que firmó la orden de no solo llevar al equipo hasta Utah, sino llevarse la arena contaminada a Los Ángeles, Howard Hughes, cargó con el remordimiento de las muertes por el resto de su vida. Tanto que gastó $12 millones para comprar todas las copias y evitar que el mundo la viera.

‘The Conqueror’ se ganó la reputación de “una película radioactiva” y no en el buen sentido, se convirtió en la perdición del productor, al punto de que sus empleados afirman que, así como DiCaprio en ‘The Aviator’, Hughes veían repetidamente la cinta hasta el final de sus días, a raíz de su Trastorno Obsesivo Compulsivo.

No fue sino hasta 1976, que el tormento de Hughes llegó a su fin cuando, a los 70 años, con características física deplorables –como un peso de 41 kg, uñas y barba que pasaban los centímetros considerados pulcros–, que demostraban cómo se descuidó el magnate, murió por insuficiencia renal.

Ese mismo año, el secreto de la cripta de Hughes salió a la luz, cuando Universal Pictures compró los derechos de ‘The Conqueror’, lo transmitió por primera vez en televisión nacional, y abrió la caja de Pandora de los misterios en el rodaje.