La pandemia del coronavirus, para estos momentos, ya ha alcanzado a más de 18.8 millones de personas y ha causado la muerte de más de 700 mil de estas. En medio de esta crisis, las organizaciones del mundo tratan de encontrar un orden a través del cual ofrecer un frente de batalla unido contra esta enfermedad.

Sin embargo, el panorama se complica cuando queda claro que cada nación solo puede hacer frente a un virus como este desde sus propias capacidades –unas que, sobra decir, no son iguales para todas las naciones–. Es por esto que, para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el conteo de fallecidos antes expresado, no refleja verdaderamente la realidad de la pandemia. Igualmente, las tasas de mortalidad que se originan a través de los reportes de fallecidos tampoco se muestran como las más verídicas.

Para abordar este tema, la OMS liberó un brief médico este miércoles 5 de agosto. En el aborda el tema de la detección de fallecidos y el cálculo de las tasas de mortalidad del COVID-19. Asimismo, es en este donde clasifica dichas medidas como “engañosas” por las diferencias que se pueden dar entre países.

Mortalidad “engañosa” y “difícil” de medir entre países

“En la pandemia de COVID-19, hemos visto grandes variaciones en estimaciones ingenuas de CFR que pueden ser engañosas. Los países son difíciles de comparar por varias razones. Pueden ser más o menos propensos a detectar e informar todas las muertes de COVID-19. Además, pueden estar usando diferentes definiciones de casos y estrategias de prueba o contando los casos de manera diferente (por ejemplo, los casos leves no se prueban ni se cuentan)”.

Con estas palabras inicia la OMS la que sería la conclusión general de todo su escrito. En ella, pretende hacer un llamado para que los países entren en consciencia de esta complicada situación desigual.

Con cada uno realizando las pruebas a su manera y según sus propios criterios, la posibilidad de obtener un panorama global del COVID-19 se hace cada vez más pequeña. Esto sobre todo porque la gran cantidad de variables que influyen en la mortalidad de los pacientes son demasiadas.

“La calidad diferente de la atención o las intervenciones que se introducen en las diferentes etapas de la enfermedad también pueden desempeñar un papel. Por último, el perfil de los pacientes (por ejemplo, su edad, sexo, origen étnico y comorbilidades subyacentes) puede variar entre países”.

Lo recomendado por la OMS

Por motivos como estos, se hace imperante contar con un estándar bajo el cual poder observar cada caso en las mismas condiciones. Como la OMS entiende que todas estas variables son importantes e influyentes, su recomendación es que se realicen promedios y estimaciones de mortalidad según cada una de ellas.

Es decir, en lugar de tener una tasa de mortalidad general del país, lo mejor es que se maneje una para cada variable relevante. De esta forma, al OMS será capaz de obtener promedios generales entre países, pero de cada categoría de riesgo. En consecuencia, tendremos a la vez una mirada generalizada y detallada de la situación mundial del COVID-19.

Pero, para que esto se dé, es necesario estandarizar también los métodos de medición, de forma que cada variable y sus consecuencias se contabilicen de la misma forma sin importar dentro de qué frontera se den.

Los distintos modos de medir

En un principio, la OMS se encarga de aclarar las dos modalidades que existen para poder medir las consecuencias fatales de una pandemia:

“Hay dos medidas utilizadas para evaluar la proporción de individuos infectados con resultados fatales. El primero es el índice de mortalidad por infección (IFR), que estima esta proporción de muertes entre todos los individuos infectados. El segundo es el índice de letalidad (CFR), que estima esta proporción de muertes entre los casos confirmados identificados”.

En pocas palabras, se cuenta con los índices IFR y CFR (nombrados según sus siglas en inglés) para poder comprender el verdadero nivel de mortalidad de una enfermedad. En primer lugar del IFR llega a ser mucho más completo y exacto, pero requiere una mirada generalizada a la población que no se puede lograr sin la realización de pruebas masivas.

Por otro lado, el CFR se convierte en una opción más accesible, pues ofrece estimados basados en la información confirmada que se tiene. No obstante, al ser solo aproximaciones y no contar con un panorama general, sus resultados siempre estarán sujetos a una duda razonable.

Buscando los mejores resultados

“Este documento está destinado a ayudar a los países a estimar el CFR y, si es posible, el IFR, de la manera más adecuada y precisa posible, al tiempo que tiene en cuenta los posibles sesgos en su estimación.”

Con esto en mente, la OMS ofreció recomendaciones tanto para desarrollar de forma estándar las mediciones de IFR como las de CFR. Para esto, primero establece lo que debería ser la definición generalizada de muerte por COVID-19:

“Una muerte de COVID-19 se define para fines de vigilancia como una muerte resultante de una enfermedad clínicamente compatible en un caso de COVID-19 probable o confirmado, a menos que haya una causa alternativa de muerte clara que no pueda estar relacionada con la enfermedad de COVID-19 (por ejemplo, trauma )”.

Además, justo después de esto acotan que: “No debe haber un período de recuperación completa entre la enfermedad y la muerte”. Esto debido a que este lapso temporal podría indicar entonces la incidencia de otros factores además del coronavirus.

Ahora, para las medidas IFR la OMS recomienda apoyarse en “las definiciones de casos de vigilancia que están disponibles en la guía provisional de la OMS sobre vigilancia global para COVID-19”. Asimismo, para las mediciones CFR recomienda estar atentos a dos “supuestos” que se transforman en sesgos de la medición:

“Supuesto 1: la probabilidad de detectar casos y muertes es constante en el transcurso del brote.

Supuesto 2: todos los casos detectados se han resuelto (es decir, los casos notificados se recuperaron o murieron)”.

Estos, en epidemias activas y de rápida propagación, se pueden complementar con problemas como los que se generan cuando “durante una epidemia en curso, algunos de los casos activos ya detectados pueden morir posteriormente, lo que lleva a una subestimación de la CFR estimada antes de su muerte”.

La OMS concluye

“Es poco probable que todas las muertes se detecten y se asignen correctamente, aunque la detección de muertes puede estar sujeta a un sesgo menor que la detección de casos”.

Aun así, es vital que las naciones busquen estandarizar procesos para evitar que estos se conviertan en otro impedimento para conocer el verdadero impacto que ha tenido el COVID-19 en el mundo.