El autismo, un trastorno de alteraciones en la comunicación, comportamiento repetitivo y dificultades sociales, se ha hecho tan común que ha llegado a afectar a aproximadamente el uno por ciento de la población.

A pesar de ello, la ciencia aún no lo comprende del todo. Hasta el momento se han identificado varias alteraciones genéticas que podrían estar detrás de su desarrollo, pero los mecanismos que lo subyacen aún son prácticamente desconocidos. No por nada la comprensión y tratamiento de este trastorno representa uno de los mayores desafíos científicos de nuestros tiempos.

Pero siguiendo con esta dinámica, un equipo de investigadores del Biozentrum, de la Universidad de Basilea, en Suiza, descubrió una nueva conexión entre una alteración genética y las dificultades sociales asociadas al autismo.

En un artículo publicado en la revista Nature, informan que una mutación en el gen de la neuroligina-3 reduce el efecto de la hormona oxitocina, una hormona que regula el comportamiento social en los mamíferos. También sugieren un enfoque de tratamiento que ya ha arrojado resultados prometedores en un modelo animal.

Una mutación que interrumpe la señalización de la oxitocina

Tal como en otros estudios, los investigadores usaron un modelo de ratón modificado genéticamente para mostrar un comportamiento equivalente al autismo en los seres humanos.

Sus experimentos demostraron que la mutación en el gen de la neuroligina-3, asociado al autismo, interrumpe la vía de señalización de la oxitocina en las neuronas del sistema de recompensa del cerebro en ratones. La pérdida de la neuroligina-3afecta el equilibrio de síntesis de proteínas en estas neuronas, que afecta también las respuestas neuronales que involucran la oxitocina.

Dicho de una forma más sencilla, la presencia de esta mutación genética da lugar a una reducción de las interacciones sociales entre estos animales, lo cual podría ocurrir también en los humanos.

Estudios previos también habían sugerido que las alteraciones de dicha hormona podrían desencadenar o jugar un papel en el autismo, pero los científicos no esperaban descubrir que esta alteración genética en particular interrumpía su señalización.

“Nos sorprendió mucho descubrir que las mutaciones en la neuroligina-3 perjudican las vías de señalización de la oxitocina. Hemos logrado reunir dos piezas de los mecanismos subyacentes del autismo”, dice el profesor Peter Scheiffele, autor de la investigación.

Revertir las alteraciones de la oxitocina como tratamiento potencial

Este descubrimiento vino acompañado de una opción de tratamiento para el trastorno. Los investigadores demostraron que las alteraciones en el sistema de oxitocina en ratones con una mutación de neuroligina-3 pueden restaurarse con un inhibidor farmacológico de la síntesis de proteínas.

Cuando aplicaron este tratamiento a los ratones con la mutación, observaron que se normalizaron sus interacciones sociales, reaccionando de manera diferente al contacto con familiares o ratones extraños para ellos.

Este mismo inhibidor tuvo un efecto similar en un segundo modelo de autismo en roedores, mejorando los síntomas de comportamiento alterado. Este resultado en particular es bastante prometedor ya que sugiere que el tratamiento podría aplicarse de manera efectiva en un rango más amplio del espectro autista.

Referencia:

Rescue of oxytocin response and social behaviour in a mouse model of autism. https://www.nature.com/articles/s41586-020-2563-7