Si alguna vez te habías preguntado si se podía bailar hasta morir, pues hoy te traemos la respuesta: sí, claro que se puede.

O al menos eso fue lo que sucedió en Estrasburgo, Francia, en julio de 1518, cuando Frau Troffea comenzó a bailar frenéticamente, sin razón y sin realmente querer hacerlo.

En una semana ya varios vecinos se habían unido a ella en la misma condición. Todos bailaban de forma frenética, como si estuvieran poseídos. Una semana después, 30 personas bailaban. Un mes más tarde, esta cifra aumentó a 400.

Esta epidemia de baile (también llamada “coreomanía”) no era nueva en Europa. Previamente se habían registrado dos casos más, al menos en diez oportunidades distintas. Sin embargo, la epidemia de Estrasburgo fue la más documentada.

“El flautista de Hamelin”, por Elizabeth Forbes

El primer incidente de este estilo se remonta al año 1021 en Kölbigk, Alemania, durante la víspera de Navidad. Luego fue en Erfurt, en el año 1247, el cual se dice que inspiró la historia del flautista de Hamelin, pues en esta ocasión, unos niños bailaron sobre un puente hasta que este se derrumbó y todos se ahogaron en el río Maastricht.

Otros brotes, como el de 1374 y el propio caso de 1518, son claros ejemplos de que esta epidemia, a pesar de lo que pueda parecer, no fue obra de la imaginación de nadie. En ambas oportunidades, la documentación del caso fue bastante amplia, las cuales incluso cuentan con el testimonio de Paracelso, médico responsable del término coreomanía, proveniente de choros (baile) y manía (locura).

Durante días, los contagiados con la enfermedad del baile en Estrasburgo se movieron sin parar hasta su muerte. Al cabo semanas caían sin vida por agotamiento, accidentes cerebrovasculares o ataques cardíacos. En la localidad, los médicos acordaron que quizás el mejor remedio era que estas personas liberaran la energía contenida, así que decidieron montar una tarima y músicos que hicieran más llevadera la epidemia.

Sin embargo, aún hoy en día se desconoce cuál fue el origen de todo este suceso, el cual misteriosamente se detuvo a principios de septiembre. Aún así, existen varias teorías al respecto.

Una de ellas asegura que este frenesí del baile fue causado por la ingesta del cornezuelo de centeno, el cual es un hongo que aparece en cereales como el trigo y que también es un componente de la famosa droga LSD. Se dice que este hongo también fue el responsable de lo que ocurrió en Estados Unidos poco más de un siglo después, cuando se vio el famoso caso de las brujas de Salem.

Sin embargo, esta teoría fue descartada debido a que, a pesar de que esta sí causa alucinaciones y espasmos, normalmente atrofia el movimiento debido a que obstruye el flujo sanguíneo a las extremidades, por lo que no podría causar que las personas bailen por semanas de forma continua.

También se dice que la causa fue que estas personas formaban parte de una secta, lo cual tampoco es muy acertado debido a que los múltiples testimonios aseguran que los danzantes realmente no querían bailar, que estaban sufriendo y que le suplicaban a los médicos y religiosos que los ayudaran a detenerse.

Sin embargo, hay una teoría que, de todas, es la más acertada, aunque no al cien por ciento. Esta la planteó el historiador John Waller, quien defiende que la razón de esta locura de baile fue un grave caso de histeria colectiva, causada principalmente por la crisis y el estrés. Entonces, la población habría sufrido de una crisis de psicosis masiva.

Sin embargo, ninguna de las teorías planteadas explican por qué las personas bailaban aún cuando estaban sufriendo, por lo que, hoy en día, la coreomanía sigue siendo un completo misterio.