El mes de agosto ha iniciado y muchos países aún no han alcanzado el pico de sus infecciones de COVID-19, mientras que otros ya han aligerado sus restricciones implementas meses atrás.

Mientras tanto, los científicos y personal de salud siguen trabajando arduamente en la recolección y análisis de datos para comprender mejor la enfermedad y diseñar nuevas estrategias para combatirla.

Parte de esta investigación se enfoca en los factores de riesgo que hacen a las personas más vulnerables al coronavirus, o en cambio, aquellos que los hacen más resistentes o menos propensos a la infección, como la altitud.

Un informe reciente publicado en la revista High Altitude Medicine & Biology, sugiere que a pesar de que los datos recientes sugieren que la incidencia de COVID-19 entre las poblaciones que habitan zonas más altas es menor, los datos actuales son insuficientes para concluir que este puede ser un factor protector para los humanos.

Variaciones de prevalencia e incidencia de COVID-19 en función de la altitud

A los investigadores les llamó la atención el hecho de que existieran grandes variaciones en la prevalencia e incidencia de COVID-19 en muchos países del mundo, e incluso dentro de ellos.

Esto en parte se ha atribuido a las diferentes situaciones socioeconómicas, la prevalencia de enfermedades crónicas, el acceso a la atención médica y la estructura d elos sistemas de salud y la adopción temprana o tardía de medidas de control.

Pero los expertos también han estudiado la posibilidad de que factores ambientales como la contaminación, la temperatura ambiente, la humedad y los patrones climáticos estacionales en diferentes latitudes jueguen un papel en la propagación del coronavirus.

Los datos epidemiológicos recientes proponen la altitud de residencia como un factor digno de consideración, y hay expectativas en que este no solo influya en una transmisión viral menor, sino también en una menor gravedad de los síntomas de las personas infectadas. Puede que vivir en zonas altas conlleve a “adaptaciones genómicas o no genómicas impulsadas por hipobárico-hipobaria específicas a poblaciones de gran altitud”, como indican los autores en su documento.

No hay evidencia suficiente

Sin embargo, la revisión de la evidencia recolectada hasta ahora no proporcionó mayor certeza a los investigadores sobre este tema. En efecto, la menor incidencia reportada de COVID-19 entre los residentes de grandes altitudes es un tema bastante intrigante. Pero los investigadores sostienen que las observaciones epidemiológicas presentadas hasta ahora desde regiones de gran altitud son preliminares.

De hecho, la conclusión de su estudio es que actualmente hay poca evidencia que respalde cualquier efecto protector basado en adaptaciones genómicas o no genómicas a la hipoxia a gran altitud.

“Deberíamos evitar llegar a la conclusión de que cualquier comunidad tiene una protección innata contra COVID-19 en ausencia de evidencia sólida”, afirmaron los autores en su documento. Por ende, será necesario esperar nuevas investigaciones con datos más robustos para poder corroborar este beneficio potencial.

Referencia:

Lower Incidence of COVID-19 at High Altitude: Facts and Confounders. https://www.liebertpub.com/doi/10.1089/ham.2020.0114