El coronavirus ya ha infectado a más de 17 millones de personas en el mundo y ha cobrado las vidas de más de 600 mil también. A falta de una vacuna, la humanidad busca medios de mantenerse a salvo.

Pero, si una persona ya está contagiada, no queda más remedio que acudir a los centros médicos para recibir toda la asistencia que sea posible. Cono sabemos, al menos 10 millones de personas en el mundo se han recuperado de la enfermedad.

Sin embargo, esta les ha dejado secuelas que van desde un prolongamiento de los síntomas hasta daños permanentes al organismo. Ahora, a la lista de perjuicios del COVID-19 es necesario agregar los daños psicológicos que puede ocasionar en los sobrevivientes.

COVID-19 y los desórdenes psiquiátricos

Una reciente investigación publicada en Brain, Behavior and Immunity ha revelado que el coronavirus también puede ser asociado con variados trastornos como el estrés postraumático (TEPT), la ansiedad, el insomnio e incluso la depresión.

Las investigaciones que se llevaron a cabo en Milán, en el hospital San Raffaele revelaron esto al estudiar 402 casos de COVID-19 en sus instalaciones. De este grupo, 265 eran hombres y 137 mujeres.

A todos se les realizó un seguimiento luego de un mes de haber dejado el hospital. En más del 50% de los casos, al menos una de las patologías antes mencionadas había comenzado a hacer presencia en la vida de los individuos.

La inflamación, el origen de todo

La investigación también llevó a notar que la manifestación de los desórdenes psiquiátricos estaba asociada a una característica específica de la enfermedad: la inflamación.

“Estaba claro de inmediato que la inflamación causada por la enfermedad también podría tener repercusiones a nivel psiquiátrico”.

Esto fue lo que comentó al respecto el profesor Francesco Benedetti, de la unidad de investigación en psiquiatría y psicobiología clínica en San Raffaele. De hecho, dependiendo de la severidad del cuadro inflamatorio, el problema psiquiátrico se mostraba proporcionalmente de mayor o menor magnitud.

Así se manifestaron los distintos desórdenes psiquiátricos

Crédito: Benjavisa/iStock.

Por su parte, también notaron que el porcentaje de ocurrencia para cada desorden no era el mismo. Debido a lo cual también se dieron a la tarea de separar y categorizar cada manifestación.

En primer lugar, con el menor porcentaje están los síntomas obsesivo compulsivos, que solo se presentaron en el 20% de los afectados por trastornos. Seguidamente, está el TEPT con un 28% de incidencia en los afectados. Bastante cerca, con un 31% de ocurrencia, se encuentra la depresión.

Dando un salto un poco mayor, se encuentra el insomnio, con una incidencia del 40%. Finalmente, coronado como vencedor por solo un poco, la ansiedad fue el trastorno más común, ocurriendo en un 42% de los casos.

Asimismo, las investigaciones también revelaron que las mujeres parecían ser más propensas a sufrir trastornos como la ansiedad o la depresión. Sin importar si su enfermedad había sido más leve que la de un hombre en las mismas condiciones.

“Presumimos que esto puede deberse al diferente funcionamiento del sistema inmune”, comenta brevemente Benedetti.

¿Otras causas?

En el estudio se evidencia que el COVID-19 y los procesos inflamatorios que se desencadenan en el organismo pueden tener que ver con la situación. Sin embargo, los investigadores también reconocen que mecanismo sociales como el miedo al estigma de haber contraído la enfermedad, el prolongado aislamiento social y el estado continuo de angustia sobre la posibilidad de infectar a otros también pueden ser causantes de trastornos psicológicos.

Por esto, además de continuar con su línea de estudio, también sería importante observar estas otras variables y entenderlas. Ya que solo así se podrá saber cómo abordar la crisis que vendrá luego de la pandemia, cuando el mundo intente recuperarse de esta traumática experiencia colectiva.

Referencia:

Brain, Behavior and Immunity: https://www.journals.elsevier.com/brain-behavior-and-immunity