Investigadores exploraron si la función cerebral del niño puede proporcionar pistas sobre si el comportamiento antisocial, la violencia y la agresión podrían desarrollarse más adelante.

Los problemas del trastorno de conducta disruptiva infantil (TCDI), incluyendo la agresión, el rompimiento de reglas y la violencia, proyectan una larga sombra, prediciendo el riesgo de un comportamiento antisocial persistente, el abuso de sustancias, la depresión y el crimen a lo largo de la vida.

Los TCDI de importancia clínica se diagnostican como trastorno de oposición desafiante (irritabilidad, ira y comportamiento desafiante) y trastorno de conducta (comportamiento que viola los derechos de los demás o normas o reglas apropiadas para la edad).

Función cerebral

En dos estudios independientes, investigadores exploraron qué pasaría si, antes de que comenzara la delincuencia severa y el incumplimiento de las normas, la función cerebral del niño y los comportamientos de búsqueda de recompensas pudieran proporcionar pistas sobre si más adelante podrían desarrollarse el comportamiento antisocial, la violencia y la agresión.

Las estimaciones de prevalencia de trastornos de oposición desafiante y trastornos de conducta oscilan entre el 3 y el 12 por ciento, lo que los hace comunes, siendo más probable que los niños se vean afectados que las niñas.

Los resultados sugieren que los problemas tempranos de comportamiento se manifiestan en el cerebro, independientemente de la presencia o ausencia de rasgos insensibles-no emocionales.

La presencia de rasgos insensibles-no emocionales (CU, por sus siglas en inglés) parece identificar un subgrupo cualitativamente distinto de niños con TDCI, que pueden requerir estrategias de tratamiento personalizado. Los rasgos CU se refieren a la baja empatía y culpa, la reducida sensibilidad emocional hacia los demás y la apatía hacia las reglas y la escuela.

La idea general de la investigación fue ver si existen diferencias en el cerebro a una edad temprana, antes de que hayan comenzado los tipos más graves de delincuencia.

A tal fin, el equipo de investigación, utilizando datos de niños de 9 a 11 años procedentes del Estudio Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente de los Institutos Nacionales de Salud (ABCD), examinó y comparó el volumen de materia gris en el cerebro de 650 jóvenes con TDCI, incluyendo 288 con rasgos insensibles-no emocionales, 362 sin estos rasgos específicos, y 915 niños con desarrollo típico.

Determinando conductas de riesgo

Los datos revelaron que, en comparación con los niños con desarrollo típico, aquellos con trastornos de conducta disruptiva infantil tenían menos materia gris en la amígdala y el hipocampo, áreas asociadas con el procesamiento de las emociones y la formación de recuerdos.

Estos resultados, explican los autores, sugieren que los problemas tempranos de comportamiento aparecen en el cerebro, con frecuencia de manera independiente de la presencia o ausencia de rasgos CU.

Investigadores exploraron si la función cerebral del niño puede proporcionar pistas sobre si el comportamiento antisocial, la violencia y la agresión podrían desarrollarse más adelante.

En otro estudio, los investigadores se centraron en el comportamiento de recompensa, específicamente la función cerebral relacionada en como los participantes del Estudio ABCD anticiparon y luego recibieron una recompensa.

El equipo descubrió que, en relación con los jóvenes en desarrollo, aquellos con trastornos del comportamiento, incluidos aquellos con rasgos CU, habían disminuido la actividad en la red de recompensas del cerebro mientras esperaban su premio, pero aumentaron la actividad cerebral una vez que lo obtuvieron.

Estos resultados son coherentes con el hallazgo de que el mayor valor de recompensa en la impulsividad de los rasgos, una característica esencial de los jóvenes del grupo CU, se asocia con un aumento de la activación de la amígdala tras la recepción de la recompensa.

En conjunto, estos estudios tienen como objetivo comprender si lo que se ve en el cerebro a los 9 o 10 años indica la posibilidad de conductas de riesgo en el futuro. En última instancia, manifiestan los autores, esta investigación ayudará a desarrollar tratamientos novedosos para problemas de conducta informados por lo que se sabe sobre la función y estructura del cerebro en estos trastornos.

Referencias:

Disruptive Behavior Problems, Callous-Unemotional Traits, and Regional Gray Matter Volume in the Adolescent Brain and Cognitive Development Study, Biological Psychiatry. Cognitive Neuroscience and Neuroimaging, 2020. http://dx.doi.org/10.1016/j.bpsc.2020.01.002

Reward Processing in Children With Disruptive Behavior Disorders and Callous-Unemotional Traits in the ABCD Study. American Journal of Psychiatry, 2020. http://dx.doi.org/10.1176/appi.ajp.2020.19101092