Probablemente la pregunta más repetida en estos últimos meses gira en torno a cuándo podremos volver a la normalidad. La premisa es contar una vacuna efectiva, o alcanzar la inmunidad de rebaño, que se logra cuando un alto porcentaje de la población se contagia y recupera de la enfermedad.

Cualquiera sea el caso, es indispensable que las personas se vuelvan inmunes a la infección coronavírica. Pero nueva evidencia sobre cómo nuestros cuerpos combaten el coronavirus pone en duda las perspectivas de inmunidad a largo plazo.

Disminución sustancial

La enfermedad COVID-19 desencadena una fuerte respuesta inmune en la mayoría de las personas, de allí el hecho de que aproximadamente el 80 por ciento de los casos se resuelve prácticamente sin requerir intervención médica.

Sin embargo, varios estudios recientes han observado que las cantidades de anticuerpos en aquellos que se recuperan de la infección coronavírica parecen disminuir a los pocos meses luego de la recuperación.

Varios expertos han explicado que una reducción en los anticuerpos es normal y esperada y que los anticuerpos son solo una pieza del rompecabezas de la inmunidad.

Un estudio realizado el 18 de junio con un pequeño grupo de pacientes en China mostró que tanto en individuos asintomáticos como sintomáticos con COVID-19, los niveles de anticuerpos disminuyeron significativamente durante la recuperación, y que estos marcadores se volvieron indetectables en el 40 por ciento del grupo asintomático.

Un estudio preliminar realizado por investigadores en Inglaterra publicado a mediados de julio demostró de manera similar que los niveles de anticuerpos disminuyeron sustancialmente en unos pocos meses después de la infección y que las personas con enfermedades menos graves tenían menos anticuerpos.

Una razón para el optimismo

Más recientemente, un estudio publicado el 21 de julio encontró una “disminución rápida” en los anticuerpos entre individuos con casos leves de COVID-19. En conjunto, esta evidencia sugiere que nuestra respuesta inmune puede desaparecer al poco tiempo, lo que abre una vía a una posible reinfección.

Estos hallazgos han desencadenado un frenesí de especulaciones de que la inmunidad al virus puede no durar mucho, arrojando un balde de agua fría a la esperanza de contar con inmunidad a largo plazo. Si este es el caso, significa que una vacuna potencial podría requerir refuerzos regulares, y la inmunidad de rebaño podría no ser viable en absoluto.

Los resultados de estudios recientes sugieren la inquietante posibilidad de que nuestra respuesta inmune a la infección coronavírica no proporciona inmunidad a largo plazo.

Estos resultados pueden sonar sombríos. Pero varios expertos han manifestado que las disminuciones no eran tan aterradoras como se describe inicialmente, que una reducción en los anticuerpos es normal y esperada, y que los anticuerpos son solo una pieza del rompecabezas de la inmunidad.

La evidencia de otros virus y estudios en animales de la infección por SARS-CoV-2 proporciona una razón para el optimismo. Sin duda, esa evaluación es tranquilizadora para los desarrolladores de vacunas, algunos de los cuales están realizando ensayos clínicos a gran escala. Sin embargo, solo estudios de seguimiento más largos de personas infectadas con el nuevo coronavirus mostrarán si los anticuerpos confieren protección duradera.

Si bien la intrigante posibilidad de una respuesta inmune corta resulta decepcionante, no deja de ser un conocimiento importante que se suma al notable progreso logrado en la compresión de un patógeno que recién estamos conociendo.

Referencias:

Clinical and immunological assessment of asymptomatic SARS-CoV-2 infections. Nature Medicine, 2020. https://doi.org/10.1038/s41591-020-0965-6

Longitudinal evaluation and decline of antibody responses in SARS-CoV-2 infection. MedRxiv, 2020. https://doi.org/10.1101/2020.07.09.20148429

Rapid Decay of Anti–SARS-CoV-2 Antibodies in Persons with Mild Covid-19. New England Journal of Medicine, 2020. https://doi.org/10.1056/NEJMc2025179