Las personas no necesariamente mantienen su distancia en su casa familiar. “Bajar la guardia” en un ambiente en el que nos sentimos seguros es un comportamiento previsible e incluso natural.

A pesar de los temores que se han comunicado sobre la posibilidad de contraer COVID-19 por parte de personas desconocidas que transitan por la calle, cada vez hay más evidencia de una mayor probabilidad de contagiarse con COVID-19 en los hogares, con acento en las reuniones familiares.

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Comportamiento previsible

En un estudio realizado en China se comprobó que el 16 por ciento de los contactos familiares desarrollaron el COVID-19, y que los cónyuges del caso índice (es decir, la primera persona que propagó la infección en ese grupo) tenían más probabilidades de infectarse que otros miembros de la familia.

Esto se ha documentado en otros estudios, incluido uno en el que se muestra que, en comparación con socializar con amigos con los que no se vive, el riesgo de infección era más de 20 veces mayor para el cónyuge y más de 9 veces mayor para los demás miembros de la familia.

Mezclarse, abrazarse, cantar, compartir baños, y estar en espacios interiores o llenos de gente, son factores ayudan a aumentar el riesgo de transmisión entre las reuniones familiares.

Estos resultados no son demasiado sorprendentes, ya que los miembros de la familia mantienen un contacto más estrecho, durante períodos más largos, con un integrante del grupo con diagnóstico positivo dentro del hogar.

Pero este riesgo se ve agravado por el hecho de que es menos probable que prestemos atención a las medidas de protección más básicas, como lavarnos las manos o usar una mascarilla facial; en otras palabras, por bajar la guardia en torno a las personas que más queremos.

Interacciones cercanas

Hay una serie de factores comunes que contribuyen a aumentar el riesgo en reuniones familiares como cumpleaños o funerales. Mezclarse, abrazarse, cantar, compartir baños, y estar en espacios interiores o llenos de gente, todos son factores ayudan a aumentar el riesgo de transmisión.

Aunque no hay pruebas de que la enfermedad COVID-19 se propague por los alimentos, las personas que comparten utensilios y se congregan alrededor de las áreas de servicio de alimentos pueden suponer un riesgo de transmisión.

El riesgo se ve agravado por el hecho de que es menos probable que prestemos atención a las medidas de protección más básicas en torno a las personas que más queremos.

Se ha demostrado que la forma en que las personas interactúan juega un papel importante en la disposición de apegarse a las recomendaciones sanitarias para prevenir la propagación del coronavirus, y es sabido que este tipo de interacciones probablemente sean más cercanas y frecuentes alrededor de aquellas personas que conocemos bien.

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Hay una buena razón por la que el coronavirus se ha propagado por todo el mundo y sigue su curso: su alto nivel de infección. De una u otra manera, prácticamente, todas personas estamos expuestos a contraer el coronavirus y convertirnos en propagadores del patógeno. Por ello, vale la pena reflexionar cuidadosamente nuestros propios comportamientos cuando estemos cerca de amigos y familiares, no olvidemos que son nuestros seres más queridos.

Con esto en mente, es conveniente considerar la posibilidad de celebrar reuniones familiares más pequeñas, procurar mantenerlas al aire libre, no compartir objetos ni alimentos y mantener un distanciamiento físico adecuado.

Referencia: Mayo Clinic Q and A: Large family reunion may carry some risks for COVID-19 transmission. Mayo CLinic, 2020. https://mayocl.in/2PevxOG

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